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martes, 31 de diciembre de 2013


ATUCHA II Y LAS PERVERSIDADES DE GREENPEACE

Una muy buena noticia es que en poco tiempo más, la Central Nuclear Atucha II terminará el período de prueba de todo el equipamiento –rutina de rigor en toda nueva central nuclear- para pasar a aportar a plena potencia toda la energía que es capaz de producir.

No son datos menores la Potencia Instalada de 745 MW (692 MW netos); la alta disponibilidad de potencia efectiva en este tipo de centrales –diseñadas para producir a plena carga en forma continuada, solo interrumpida muy esporádicamente para los mantenimientos de rutina-; sus muy bajos costos operativos, muy inferiores a los de la usinas termoeléctricas a las que reemplazan; los elevados índices de seguridad operativa y confiabilidad técnica; así como el muy bajo impacto ambiental. Y por supuesto, la enorme importancia que significa que Argentina siga estando en un nivel de privilegio entre las potencias nucleares del mundo que utilizan esta tecnología para usos pacíficos.

Debe recordarse que la tecnología nuclear tiene aplicaciones relevantes, no solo para producir energía eléctrica segura, confiable y económica; también es imprescindible para la medicina nuclear; para ingeniería en ensayos no destructivos de materiales; para control de plagas de la agricultura; para conservación de alimentos; y para el desarrollo científico en general.

Esta y otras inversiones en el Sector Nuclear, nos siguen posicionando como el país más avanzado del rubro en toda Íbero América, y es una actividad que tracciona fuertemente al país hacia el desarrollo socio económico, por la enorme importancia del sector en sí mismo, y por los desarrollos conexos que ha generado (por caso, las notorias diversificaciones tecnológicas y productivas del INVAP, importante empresa nacida al calor y amparo científico de la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica), que por cierto no es el único caso de estas sumatorias de círculos virtuosos generados a partir del desarrollo tecnológico nuclear.

Para desmemoriados y desinformados, es necesario enfatizar que toda la muy importante actividad nuclear fue puesta compulsivamente en el congelamiento total, frenándose proyectos e inversiones, concretamente desde el accionar de la dupla Alfonsín – Lapeña (este último autoerigido riguroso censor y crítico acérrimo de la política energética actual, pretendiendo olvidar sus acciones pro privatísticas a ultranza, sus propias inacciones, errores y crisis eléctricas provocadas, su carencia de grandes obras energéticas, y su funcionalidad para con el muy negativo neoliberalismo que llevó a desastrosas consecuencias socio económicas, y por supuesto energéticas).

El freno total al desarrollo nuclear –y con ello la paralización de la construcción de la Central Nuclear Atucha II- fue impuesto desde el alfonsinato (que careció de dotes de estadista ante las enormes potencialidades de haberse completado los conocimientos del ciclo total de combustibles nucleares, y presumiblemente se subordinó a las consabidas presiones del establishment); y todo ello se agravó con pretendidas políticas de “privatización” (léase desguaces) del Sector Nuclear, que el neoliberalismo pretendió ejecutar en el menemato y el delarruato; con los apoyos de las transnacionales de la ecología. Incluso se instrumentó una muy nociva política de congelamiento de las vacantes en la CNEA, lo cual impidió el recambio generacional, lo que llevaba implícita la extinción de los saberes por el envejecimiento y muerte del destacadísimo plantel de científicos y profesionales del Sector Nuclear. ¡Perversamente planificado, como parte esencial de la política de involución hacia el estadio de país estancia, que los sectores ultra conservadores en alianza con factores de poder transnacional, pretendieron implementar forzosamente en Argentina!

Es que sin duda, a las potencias del G 7 les es mucho más funcional una Argentina pobre, inerte y carente de todo desarrollo, transformada en una simple marioneta, e incapaz de ser un activo factor de unión y fortaleza de los países de Íbero América. Y en particular, a Gran Bretaña le interesa una Argentina débil y sumisa, incapaz de ejercer presiones y acciones de soberanía nacional, tanto en los irredentos archipiélagos australes, como en la disputada Antártida Argentina, y también para defender Nuestra Patagonia. Y por supuesto, esa Argentina débil, era funcional al proyecto de “libre comercio” que EEUU buscaba y busca para mantenernos subordinados como patio trasero de su geopolítica global.

El Sector Nuclear Argentino, con una estratégica concepción geopolítica, se reactivó fuertemente desde 2006...pese a las presiones de los ultra ecologistas y de los lobistas de la generación termoeléctrica (entre ellos periodistas “especializados” o “bonellizados” (los que perciben cheques especiales de petroleras extranjeras y otras corporaciones), y los “especialistas energéticos” al servicio del neoliberalismo antinacional.

Mucha gente de buena voluntad ignora que Greenpeace y World Wildlife Foundation (que en Argentina es Fundación Vida Silvestre), han sido creaciones directas de la corona británica para actuar como arietes de los intereses del viejo imperio, cooptando voluntades de crédulos, desinformados y mercenarios, para promover el subdesarrollo crónico de los excluidos del G 7, e incluso para accionar contra los enemigos de Gran Bretaña y sus aliados. Todo eso edulcoradamente enmascarado bajo supuestas acciones “en defensa del medio ambiente”. Por eso atacaron a Rusia, para intentar impedirle extraer petróleo del Ártico; pero guardan silencios cómplices ante las depredaciones británicas en el Atlántico Sur, y ante las concretas amenazas nucleares que con impudicia exhiben contra Argentina y la UNASUR (¿eso no amenaza “el medio ambiente”?), ni se preocupan por los armamentos nucleares existentes en los navíos británicos hundidos por la Fuerza Aérea Argentina.

En ese contexto geopolítico, y conociendo el constante accionar de Greenpeace y otras transnacionales del ecologismo cavernario, se entienden las motivaciones reales de los constantes muy agresivos ataques, con maniobras de terrorismo mediático, que Greenpeace ejecuta contra el Sector Nuclear Argentino, aún a costa de invadir espacios de dominio privado del Estado Argentino, como las dependencias del Congreso Nacional, cuando montaron una parodia con activistas subidos a inodoros puestos en las escalinatas; o cuando en un acto de vandálico patoterismo ingresaron al predio de Atucha para colgar una pancarta con sus habituales mentirosas consignas antinucleares. Claro está que la legislación argentina no tiene la patriótica severidad de las normativas rusas, que no toleran ese tipo de agresiones contra los intereses del propio Estado Nacional; y el deplorable nivel general del periodismo argentino o no sabe nada del tema –e igual opina-, o la juega de condescendiente o adherente declarado del terrorismo ecolátrico. ¡Poderosas y bien financiadas son las campañas mediáticas de las transnacionales del vandalismo ecologista fundamentalista!

El discurso prearmado de los sectores ultra ecologistas, miente afirmando que con energía eólica y solar “se puede reemplazar otras centrales”. ¡Falso pues son inútiles para operar como bases de ningún sistema eléctrico, además de lo cual sus energías son caras y nada seguras!

En realidad, al oponerse a las centrales nucleares (y a las hidroeléctricas) Greenpeace y otros entes cavernarios similares están promoviendo acentuar nuestra nociva dependencia del petróleo y del gas, además de poner palos en la rueda para mantenernos atados al subdesarrollo crónico. Al oponerse a Atucha II, los fundamentalistas de la ecología promovieron de hecho que se sigan quemando más de 1.300 millones de litros de diesel oil (o combustibles equivalentes) por año, pues esa friolera de hidrocarburos es –aproximadamente- la que economiza esta central nuclear por cada año de su vida útil.

Las mismas finalidades ocultas existen tras sus falaces “defensas del medio ambiente” con las que atacan la extracción de hidrocarburos no convencionales, y con la feroz y mentirosa campaña en contra de la Central Carbonífera de Río Turbio. ¡Claro que en este último caso, la finalidad principal es evitar el desarrollo  patagónico, el cual es contrario a los agresivos intereses británicos que operan en todo el Sur Argentino!

Pero por cierto los activistas y empleados a sueldo de Greenpeace no se atrevieron a hacer manifestaciones en al propia ciudad de Río Turbio, donde no gozan de muchas simpatías, precisamente…

 

 

C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

Investigador de temas económicos y geopolíticos

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