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domingo, 22 de diciembre de 2013


PROBLEMAS ENERGÉTICOS EN EL CONTEXTO MACRO ECONÓMICO

 

         El tema da para escribir un voluminoso libro, y de hecho es un largo capítulo de mi tesis acerca de la evolución del Sector Eléctrico Argentino. Pero en mérito a la brevedad, indico seguidamente algunos aspectos de suma importancia, “casualmente” omitidos por muchos deformadores de la opinión pública, y por los expertos “energéticamente correctos” reiteradamente convocados por los medios.

         En los últimos años, el centro de las opiniones críticas a las políticas energéticas de la heterodoxia económica aplicada desde 2003 en adelante, provino del autodenominado grupo de Los Ocho Ex Secretarios de Energía de la Democracia (SIC), pomposa denominación para denominar al período comprendido entre 1983 y 2003, lapso de tiempo también calificado como el de la partidocracia cleptocrática. Denominación acorde a hechos y consecuencias de tan desastrosas gestiones, que primero prepararon el terreno (continuando las acciones iniciadas por la nefasta dupla Videla – Martínez de Hoz y sus “Chicago’s Boys”), y luego concretaron las “privatizaciones”, en condiciones vergonzosas, de casi todo el Patrimonio Estatal, provocando después la tremenda crisis socio económica terminal de 2001/2002, de la cual emergimos casi milagrosamente.

         Esos 8 ex Secretarios de Energía de la Nación, fueron partes activas del destructivo neoliberalismo de la hiper ortodoxia económica, que destruyó la economía y el tejido social argentino, preparando las condiciones para la regresión a una economía atrasada, primaria y pastoril, con grandes sectores sociales excluidos, para lo cual sin duda las necesidades del mercado eléctrico argentino apuntaban a consumos reducidos, con un Estado ausente, sin ninguna planificación (lo cual es absurdamente suicida en el Sector Energético), dejando todas las iniciativas libradas a “los mercados” (operadores privados argentinos y extranjeros de todo tipo), para los cuales la prioridad excluyente era “hacer caja” lo más rápidamente posible, y el horizonte futuro rara vez iba más allá de un año.

         Dentro de ese desmadre institucionalizado, sucedió la grave crisis eléctrica de 1988/89, caracterizada por la absoluta inacción y falta de ideas, de quienes hoy precisamente se auto erigen en jueces y censores, desde un supuesto Olimpo impoluto e incontestable, siendo que en rigor fueron artífices del caos energético y de la patológica orientación acentuadamente termoeléctrica de nuestra Matriz Energética, dejándonos a merced de los proveedores de petróleo y gas, privados y/o extranjeros, pues también fogonearon los desguaces o ventas a precios viles de YPF, Gas del Estado, Agua Y Energía Eléctrica y otros valiosos patrimonios energéticos.

         No solo paralizaron ignominiosamente durante el alfonsinato al muy valioso Plan Nuclear Argentino, sino que avalaron con acciones y silencios cómplices las acciones de desguace total del sector, que Cavallo y sus colaboradores pretendieron perpetrar durante el menemato y el delarruato.

         Con injerencias generales e incluso específicas en algunos casos, llevaron a Yacyretá a un indefinido estado de obra paralizada funcionando al 60 % de su capacidad, incurriendo en enormes lucros cesantes por energía no generada, y destruyendo los álabes de las turbinas, por hacerlas funcionar fuera del rango de diseño. Acorde a la insensibilidad neoliberal, las obras de contenido social en las márgenes vinculadas a Yacyretá, entraron en un impasse con visos de ominosa permanencia indefinida. Incluso pretextaron una supuesta superabundancia de energía eléctrica, para intentar vender a Brasil toda la enorme producción hidroeléctrica de Yacyretá, lo cual nos habría obligado a quemar más de 5.000 millones de litros de diesel oil o combustibles equivalentes. Negocio que habría sido excelentes para los generadores privados y los importadores de combustibles, pero ruinoso para el país.

         Mientras Lapeña y sus seguidores practicaban prestidigitación energética engañosa con las irrelevantes micros turbinas hidroeléctricas, postergaban indefinidamente la conexión de Misiones al SADI (Sistema Argentino de Interconexión). No se construía ni un metro de gasoductos para el mercado argentino (con casi el 50 % de población desabastecida de ese vital insumo), pero con inaudita premura se consumaron 10 gasoductos para bombear apresuradamente nuestras reservas a Chile, Brasil y Uruguay, con los privados “haciendo caja” y provocando el desabastecimiento que por lógica llegó al vaciarse nuestras reservas gasíferas. También “hicieron caja” con las reservas petrolíferas.

         Las inversiones en redes de alta tensión, en refinerías, en exploraciones de nuevos pozos de petróleo y gas, en nuevas hidroeléctricas, y otras áreas energéticas importantes, brillaban por sus ausencias. Mientras tanto, los contratos con generadores privados, que montaron múltiples usinas a gas, incluyeron cláusulas de rentabilidades aseguradas, montando una curiosa “eficiencia” privada armada sobre la base del riesgo empresario nulo, a costa del desvencijado Estado, y con los usuarios cautivos del desmadre.

         Más aún, todo el entramado legal y reglamentario de esos años, fue concebido para favorecer en forma leonina a los operadores “privados” (algunos de ellos entes estatales extranjeros), impidiendo en grado sumo las reversiones del cuadro de situación, al dejar atada a Argentina a eventuales juicios ante el CIADI, ente del Banco Mundial claramente inclinado a favorecer los intereses transnacionales en desmedro de los legítimos Intereses Nacionales.

         Muy posiblemente los contratos de concesiones de EDENOR, EDESUR y EDELAP, tienen esas cláusulas de garantía a favor de los privados (léase en contra del Estado y de los usuarios), que eventualmente dificultarían las renacionalizaciones, al dejar la puerta abierta a juicios ante el CIADI.

         Tampoco puede omitirse que en sus gestiones en la Secretaría de Energía y en la Comisión Nacional de Energía Atómica, Jorge Lapeña debió ser el impulsor de los irracionales esquemas de despachos de cargas, que imponían sucesivas paradas y arranques a las dos centrales nucleares, siendo que son máquinas diseñadas para funcionamiento constante y a plena capacidad. A consecuencia de esas negativas órdenes, las dos centrales se averiaron seriamente, justo cuando hubo un período de baja hidraulicidad en las principales cuencas hidroeléctricas, y falta de reserva en las usinas térmicas, esto último por deficientes inversiones en reparaciones y en requipamientos.

         Todo eso provocó la severísima crisis eléctrica de 1988/89, ante la cual, a estos hoy verborrágicos críticos, virtualmente no se les cayó ni una idea para actuar y solucionar, cuando tenían responsabilidades ejecutivas. ¡Es tan fácil criticar hoy, pretendiendo olvidar semejantes desmadres cometidos por esos mismos críticos, incurridos por inacciones, impericias y/o por mantener a ultranza los recesivos esquemas neoliberales, pro térmicos a ultranza y sumamente pobres en inversiones, en planificaciones (ausentes) y en esquemas reales de Grandeza Nacional!

         Cabe citar el facilismo verbal de Montamat, hoy “preocupado” por las carencias de hidrocarburos, siendo que él mismo fue pieza clave en los procesos de privatizaciones salvajes que nos privaron de la propiedad y del manejo de nuestras empresas hidrocarburíferas y de nuestras por entonces importantes reservas de petróleo y gas natural. ¡Si hasta en un artículo tuvo la osadía de afirmar que como “nos fumamos el petróleo” (más bien “nos fumaron” los privatistas como él) ahora podemos producir hidrógeno para reemplazarlo (lo cual es un disparate, habida cuenta del estado de escasa maduración de esa tecnología y de sus altísimos costos)!

         ¿Tienen acaso estatura moral y una trayectoria exitosa, esos 8 ex SEE, u otros críticos a ultranza del establishment, como para “dar cátedra” de buenos manejos energéticos; si cuando actuaron y se aplicaron las ideas que pregonan, incendiaron  el país y lo sumieron en la peor crisis de nuestra historia?

         Por supuesto, no es cuestión de una defensa a ultranza de los esquemas energéticos implementados desde 2003 en adelante, ni de caer en la simpleza de afirmar que no hubo errores o falencias en los últimos años. Pero tampoco es admisible la ingenuidad de montarse sobre las críticas fáciles, para hacerles el caldo gordo a los que quieren reinstaurar al como sea, el poder oligárquico y antinacional del más crudo e insensible neoliberalismo apátrida.

 

 

C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

INVESTIGADOR DE TEMAS ECONÓMICOS Y GEOPOLÍTICOS

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