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jueves, 30 de enero de 2014

SIRIA Y UCRANIA, PUNTOS CALIENTES DE LA NUEVA GUERRA FRÍA
La Geopolítica Mundial exhibe algunos efectos de abrupto cambio del Mundo Unipolar (presentado como supuestamente definitivo para los voceros del establishment corporativo - financiero globalizante) de las dos últimas décadas vigesimónicas; al hoy cambiante y en ebullición Mundo Multipolar de estas dos aún inconclusas primeras décadas del siglo XXI.
La implosión de la URSS implicó el fin de la Guerra Fría, conflicto latente entre las dos superpotencias, cada una de ellas cabeza visible de sendos sistemas político–económicos antagónicos. Con el comunismo sumido en severa crisis, ante el fracaso de su aplicación, evidente con los profundos cambios económicos también implementados en China, la revolución neoconservadora –corporizada en la dupla Reagan Tatcher-, pareció poder llevarse el mundo por delante, literalmente. Eso sucedió en la última década del siglo pasado, pero los cambios ocurrieron muy rápidamente, medidos en términos históricos. Y pese a que las usinas de la desinformación organizada (las grandes agencias noticiosas, que operan para el establishment mundial), lo ocultaron o maquillaron, la contundencia de los hechos afloró cuando los cambios –muy profundos- en la realidad geopolítica mundial no pudieron seguir siendo invisibilizados.
Las transformaciones geopolíticas mundiales fueron consecuencias de varios factores paralelos y concomitantes: los vuelcos especulativos en las economías de EEUU y la UE, que priorizaron lo financiero sobre lo productivo, provocando un cuadro de crisis y estancamiento en casi todos esos países; los severos déficits fiscales de EEUU y su muy negativa balanza comercial; las políticas de capitalismo de Estado, con decididas acciones tendientes a promover el desarrollo y el crecimiento del PBI, de las potencias del BRIC (Brasil, Rusia, India, China), grupo transformado en BRICS con la incorporación de Sudáfrica; el notable surgimiento de otros emergentes (el E 12), grupo en el cual está Argentina; el severo reordenamiento interno de Rusia, desde el comienzo de la Era Putin; la revolución informática, que pese a los controles y la mucha basura electrónica e informativa, permite un amplio acceso a la información, y abrió importantes brechas en áreas antes manejadas excluyentemente por los oligopolios tradicionales de la información (grandes diarios de papel y otros).
Esto último fue fundamental para cambiar la realidad geopolítica mundial. Los aspectos básicos del accionar ruso en la Era Putin, pueden sintetizarse en:  retomar el control y la propiedad estatal de sus cuantiosos yacimientos de hidrocarburos, evitando que caigan en mano de transnacionales estadounidenses y británicas; ordenar políticamente al Estado, combatiendo duramente al terrorismo separatista islámico fundamentalista, y cortando de cuajo las acciones corrosivas de múltiples ONGs –básicamente anglosajonas-, que bajo las coberturas del “ecologismo”, “derecho humanismo” y otras, en realidad operan para apurar la disolución nacional del gigante euroasiático; frenar la abrupta caída del PBI, retomando la senda del crecimiento, y haciendo recuperar el sentido de lo nacional y de la dignidad de su pueblo; reorganizar a sus Fuerzas Armadas y la enorme estructura industrial y tecnológica militar, aérea y aeroespacial, que estaban en un proceso de disgregación y de parálisis por anemia presupuestaria y crisis institucional ante los cambios de paradigmas que fueron consecuencia de las profundas transformaciones políticas, y de gobiernos precedentes como el de Yeltsin, que por los hechos y resultados, parecieron ser funcionales a la hegemonía del Mundo Unipolar de los años ’90.
Sintetizando, Rusia reconstituyó su poder y evitó el proceso de disolución nacional que siguió al estallido de la URSS, volviendo además a crecer económicamente, y jugando fuerte sus cartas como gran exportador de hidrocarburos y de sistemas muy avanzados de defensa, entre otros rubros estratégicos; mientras que por su parte, China continuó su desarrollo económico muy acelerado, sin ceder a las presiones político económicas y financieras del otrora todopoderoso G 7 (Grupo de los Siete) y del mega sector corporativo financiero mundial, que intentaron imponer una fuerte revaluación de la moneda china, la apertura de su economía, y la laxitud de sus fuertes medidas estatales, con las que apuntala su formidable expansión. Por otra parte, si bien China sigue con su política de evitar confrontaciones y rispideces bélicas, continúa rápida y discretamente fortaleciendo, desarrollando y tecnificando a su considerable capacidad estratégica militar.
El Mundo Unipolar se transformó abruptamente en el Mundo Multipolar de hoy, en el cual EEUU es la gran potencia mundial global pero sigue su decadencia, la UE no parece encontrar soluciones equitativas para las profundas desigualdades de su heterogéneo grupo de naciones, y ambos bloques político-económicos (EEUU-UE) no superan los serios problemas económicos que los aquejan, ralentizando o impidiendo sus crecimientos económicos y acentuando los problemas sociales, agravados por las aplicaciones de medidas crudamente neoliberales.
Hoy existen potencias regionales con capacidad y decisión para plantarse con posturas propias, frente a las presiones y/o amenazas de la dupla EEUU-UE, y no es monocorde el accionar de Japón respecto a esa dupla, con la que pocos años antes formaba la Comisión Trilateral, pues la integra y apoya en lo económico, pero cabe analizar su adhesión no muy entusiasta a las aventuras bélicas de la OTAN o sus componentes por separado.
Dentro de las potencias regionales con capacidad de disuasión, sin duda se destacan Rusia y China. La primera es la única con potencialidad disuasoria bélica a escala global, pero aún con ciertas limitaciones de maniobra en lo económico; la segunda camino a ser la gran potencia económica mundial en pocos años, pero aún limitada al rol regional en su capacidad disuasoria estratégica, si bien esforzándose e invirtiendo para ensanchar sus horizontes operativos y tecnológicos de defensa.
En ese contexto, luego de ser evidentemente inútiles las acciones de zapa de las potencias “occidentales” –EEUU, UE y socios menores- y sus apéndices operativos bajo la cobertura de diversas ONGs, tendientes a balcanizar en extremo y a desarticular totalmente la capacidad de defensa de Rusia (luego de las operaciones de desguace militar por carencia de presupuesto y falta de políticas y paradigmas alternativos a los vigente en la era soviética); resultó muy claro constatar que resurgió la confrontación estratégica, la cual bien puede denominarse La Nueva Guerra Fría.
En este contexto, básicamente no existe una tajante guerra ideológica, como la de la era 1945-1990. Ahora los planteos son visiblemente de carácter geopolítico “puro” (o sea sin aquellos condimentos confrontativos doctrinales entre capitalismo-comunismo).
Después de dos décadas largas en las cuales la OTAN y/ la dupla EEUU-UE definieron excluyentemente las agendas geopolíticas, marcando a discreción que países debían ser agredidos “en defensa de la paz”, o por tener –nunca probadas- armas de destrucción masiva, o los derechos humanos, o la democracia, o lo que fuere, el panorama estratégico mundial parece haber cambiado significativamente.
Durante esas dos décadas largas, se consumaron las agresiones a la ex Yugoeslavia, Iraq, Afganistán, varios países del África Subsahariana y de la región del Cuerno de África, Libia, más los “espontáneos” alzamientos en cadena de la “Primavera Árabe”, la “Revolución Naranja” en Ucrania en 2004 y otros procesos similares, estos últimos con un “formato” casi calcado de insurrecciones provocadas por agitadores y expertos en guerras psicológicas. Y en todos esos casos, al estallar las agitaciones, inmediatamente llegaron las “recomendaciones” y amenazas veladas o directas, de las los centros del poder neocolonial, básicamente EEUU, Gran Bretaña y Francia.
De algún modo, el enfrentamiento armado entre Georgia y Rusia, en 2008, cabe incluirlo entre los sucesos involucrados en esta nueva Guerra Fría Versión Siglo XXI.
El caso es que después de un largo período de ausencia rusa en los escenarios mayores de la Geopolítica Mundial, la segunda mitad de la primera década del siglo XXI comenzó a mostrar un nuevo involucramiento del gigante euroasiático; a la par que China también marca sus prioridades en escenarios regionales.
Como gestos claros de presencia rusa respaldando a su aliado caribeño, complementando una importante venta de equipos defensivos de última generación, se registraron las visitas de naves de guerra rusas en 2008 y 2013, y recientemente dos bombarderos de largo alcance realizaron un vuelo de buena voluntad a Venezuela.
A fines de 2013 quedó muy claro, que EEUU y la OTAN abortaron su proyecto de invasión a Siria (ya acosada por mercenarios armados desde el exterior), siendo Rusia el factor contundente y a la vez muy diplomático de disuasión.
Casi como una rápida contrapartida, resurgieron los alzamientos en Ucrania, con el mismo formato de otras rebeliones destituyentes, respaldadas por mensajes “democráticos” de líderes de las potencias neocoloniales, algunos de ellos inmiscuyéndose directamente en cuestiones soberanas del país eslavo.
No se trata de un juego de inocentes. Es la geopolítica mundial del siglo XXI, es la Nueva Guerra Fría.
En ese mismo contexto hay que evaluar los golpes de mercado o crisis especulativas producidos casi al unísono en varios países, entre ellos Argentina.
Claramente hay sectores interesados en vernos nuevamente alineados (subordinados) con los mandatos de la Banca transnacional y las potencias neocoloniales del siglo XXI.

C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

ANALISTA DE TEMAS ECONÓMICOS Y GEOPOLÍTICOS

viernes, 17 de enero de 2014


ALIANZAS ESTRATÉGICAS CON RUSIA Y CHINA -

CONSIDERACIONES GEOPOLÍTICAS, ECONÓMICAS Y ENERGÉTICAS

Toda estrategia de desarrollo nacional precisa consolidar alianzas sólidas con otras potencias, que aseguren una perspectiva de beneficiosos resultados para ambas partes. Sin perjuicio de ser positivo acrecentar buenas relaciones con todo el amplio y variado espectro de naciones que conforman la comunidad mundial de naciones, sin duda existen determinadas alianzas que bien desarrolladas pueden resultar sumamente beneficiosas a corto, mediano y largo plazo; evaluado ello por la importancia relativa de las altas partes rubricantes de las alianzas, por la existencia de intereses en común y/o amplias compatibilidades –sobre todo evaluadas desde la geopolítica-, y por los beneficios mutuos adicionales que son esperables de profundizarse los acuerdos y las políticas básicas de aspectos troncales con fuertes intereses en común.

En tal sentido, para nuestro país –Argentina- la prioridad principalísima es desde siempre nuestra región, entendida ella como Íbero América y la prolongación de la misma en la culturalmente variada región insular de El Caribe. Y por supuesto los organismos regionales: MERCOSUR, UNASUR, CELAC.

Sin perjuicio de ello, nuestra necesaria y permanente inserción en la geopolítica mundial, requiere la consolidación de sólidas alianzas estratégicas con Potencias de Primer Orden, para establecer y consolidar vínculos ampliamente beneficiosos en ambos sentidos, y que a nosotros nos permitan potenciar nuestro desarrollo socio económico y que faciliten sustentar y fortalecer nuestras prioridades geopolíticas.

De hecho, Argentina tiene mucho para aportar al realizar y profundizar acuerdos estratégicos con potencias de primer orden, por diversos factores que serían extensos de enumerar. Sintéticamente, somos la tercera economía de Íbero América; fuertemente excedentaria en diversas producciones primarias; con un interesante grado de desarrollo industrial y tecnológico; con buena inserción en nuestra región natural –Sudamérica, y en segundo lugar América Central y El Caribe-; con varias áreas económicas factibles de desarrollar acentuadamente; con un PBI considerable que nos ubica entre las primeras 25 naciones del globo; y con presencia activa en el G 20, que en los últimos años es el foro geopolítico mundial por excelencia, después del ámbito mayor de las Naciones Unidas.

Para consolidar esas alianzas estratégicas de largo plazo, obviamente cabe evaluar que en el marco mundial actual, existen grandes bloques regionales de gran peso económico y/o naciones de dimensiones continentales, cuyas importancias cruciales no pueden ser soslayadas. En ese contexto, es importante considerar la existencia de intereses en común con la posibilidad de acrecentarlos en beneficio mutuo, y la inexistencia de fricciones reales o potenciales en el ámbito geopolítico, de nuestro país con algunos de esos bloques o entes regionales de gran peso geopolítico.

Esos bloques político – económicos de primer orden, consolidados como tales o con perfiles fuertemente ascendentes desde situaciones relevantes, son: la Unión Europea, EEUU (y el NAFTA), China, Rusia, Japón, India y Brasil.

De esos grandes jugadores de la geopolítica mundial, el único con escaso territorio es Japón, pero su enorme peso económico y tecnológico lo hace muy relevante.

Por supuesto no cabe descartar que algunos de los otros Doce Emergentes (otros miembros del G 20, dentro de los que está Argentina), puedan en plazos históricamente breves, pasar a tener importancias mayores en el contexto geopolítico mundial, pero no en el corto plazo.

Entre esos actores político – económicos principales, existen según los casos, relaciones predominantes de cooperación o asociación entre algunos de ellos (UE-EEUU-Japón //Rusia – India // acuerdos entre los BRIC), de históricos recelos y/o cuestiones de límites latentes (China – India // China – Japón // Rusia – China // Rusia – Japón), y por supuesto notables enfrentamientos con sordina, que constituyen una reedición de la Guerra Fría, sin las consideraciones ideológicas en pugna de décadas anteriores, con tres actores principales (EEUU – Rusia – China) y al menos otro como aliado menor del primero (UE), con algunas disidencias internas entre sus principales componentes.

Con Brasil tenemos una sólida relación, como socios activos y como partes principales de los tres organismos regionales mencionados. La unidad fortalece a ambos socios principales de la UNASUR.

De los otros casos mencionados, el único plurinacional es la UE (a excepción del NAFTA, que es un caso especial, por la excluyente importancia en él de EEUU); en rigor la UE es un heterogéneo conjunto con notables disparidades de importancias relativas, un abanico de idiomas y culturas diferentes, con un puñado de líderes claramente diferenciados (Alemania, Francia, Gran Bretaña), y con un peso conjunto formidable, pero que no logra terminar de consolidar su unidad en varios aspectos, algunos potencialmente disgregantes.

Otro factor de suma importancia es considerar cuales de los principales actores geopolíticos integran en forma permanente el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, teniendo en consecuencia el poder de veto. La UE tiene tres economías principales, dos de ellas con poder de veto (Gran Bretaña y Francia), pero “la locomotora germana” es la que lidera en los aspectos económicos y financieros de La Comunidad; otro caso sui generis sin duda.

De los restantes grandes bloques político–económicos, solo tres comparten el derecho al veto en la ONU: EEUU, Rusia y China. Eso implica que esos tres bloques más la UE son los únicos que poseen esa formidable herramienta geopolítica, decisiva en las controversias fundamentales a nivel mundial.

El peso propio de cada bloque, en los aspectos político, económico y militar –o sea geopolíticos-; las proyecciones geopolíticas propias de cada uno de esos actores principales y las líneas de acciones evidenciadas; son otros factores a tener muy en cuenta para evaluar las tendencias y potencialidades de cada una de esos  potencias mundiales, en el tablero multipolar actual.

Otro hecho –este de importancia crucial para definir alianzas- es evaluar la existencia de áreas de fricciones o hechos confrontativos que existen con nuestro país. En tal sentido, nuestra relación con la UE tiene aristas sumamente conflictivas, no solo con las viejas y nuevas disputas de soberanía con Gran Bretaña (archipiélagos de Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur), y el asumido rol tutelar intromisivo de la hoy decadente potencia mundial en aspectos internos de Argentina, ya desde antes de nuestra independencia, conformando un lesivo caso de colonialismo económico largamente mantenido en el tiempo; sino también por el claro enfrentamiento por las reclamaciones de soberanía en La Antártida, continente en el cual el viejo y agresivo imperio reclama como propios los sectores sobre los cuales Argentina y Chile tienen no solo fundadas pretensiones sino también añejas presencias en el Continente Blanco.

Al respecto, es una realidad bien conocida que la UE ha hecho causa común con los reclamos colonialistas británicos, en contra de los muy bien fundamentados derechos de soberanía de Argentina. A tal punto ese hecho, que incluso naciones con las que nos unen fuertes lazos de afectos, como España e Italia (lugares de orígenes del 90 % de los inmigrantes europeos que poblaron nuestro país), han priorizado sus intereses “comunitarios” en desmedro de otros valores esenciales, como los fuertes vínculos históricos, afectivos y culturales latinos, que los relacionan con Íbero América, y en particular con Argentina. Y en el caso de España, olvidando deudas de gratitud, asumidas cuando generosamente Argentina donó grandes cantidades de alimentos esenciales, en la Segunda Posguerra, cuando la hambruna era un peligro concreto en la Península Ibérica.

Por otra parte, no constituyen temas menores las fuertes presiones de la UE, al igual que EEUU, por establecer convenios de “libre comercio” con la UNASUR, el MERCOSUR, y en particular con Argentina; que en realidad de rubricarse implicarán la claudicación de todo proyecto propio de industrialización y desarrollo tecnológico relevante argentino (y sudamericano), pretendiendo reeditar esquemas ultra liberales decimonónicos, cuya finalidad real es oxigenar las ralentizadas economías de la UE y de EEUU, a costa de nuestra involución al subdesarrollo crónico.

Queda muy en claro, que la ya vieja Comisión Trilateral (entente financiera y geopolítica de EEUU, UE, Japón), sigue vigente en los hechos, por lo que esos tres grandes bloques político–económicos siguen operando básicamente como aliados estratégicos. Ello no solo debe entenderse respecto a los casos friccionales (Malvinas, Antártida, etc.), sino en las presiones para reimponer esquemas ultra neoliberales, en este último caso en connivencia con el estabishment ultra conservador local, y sus alianzas internas supuestamente “progresistas” que operan como aliados fácticos de choque.

En ese contexto omnicomprensivo, es de importancia básica analizar que no existen áreas o temas esenciales friccionales, con Rusia, China e India.

Ninguna de esas potencias manifiesta políticas agresivas respecto a nuestra soberanía territorial, ni son agentes o impulsores de las Políticas Neoliberales, que tanto daño nos hicieron en décadas anteriores. Más aún, Rusia y China han sostenido en los foros internacionales, posturas afines a los sólidos planteos jurídicos e históricos de Argentina, respecto al irresuelto conflicto de soberanía en el Atlántico Sur, y no dejaron constancia de ambiciones territoriales en la Antártida Argentina.

Por otra parte, sobre todo Rusia y China poseen los recursos y los medios tecnológicos de avanzada, para ser socios estratégicos de largo alcance, para contribuir a materializar proyectos de gran relevancia geopolítica, en los sensibles campos de la energía, la industria en general y en particular áreas de muy alta tecnología (como aeronáutica, espacial, nuclear, armamentos y sistemas de defensa, elementos sanitarios de avanzada, etc.).

Es de elemental interés nacional argentino, que las apoyaturas tecnológicas no se limiten a esquemas de meras provisiones de equipos, sino a lograr las transferencias de tecnologías, producciones y desarrollos locales (argentinos) asociados, e incluso con participaciones de naciones socias y hermanas de la UNASUR.

El correcto desarrollo de estas políticas de colaboración, repercutirá sin duda en forma muy positiva tanto para esas grandes potencias mundiales, como para Argentina y toda nuestra región, en la cual nuestro país es un componente clave de integración, desarrollo y de relevante inserción tecnológica y cultural.

 

C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

INVESTIGADOR DE TEMAS ECONÓMICOS Y GEOPOLÍTICOS

sábado, 11 de enero de 2014


OTRA SOLAR SOBREVALUADA

Según informes de origen digital, gentilmente facilitados por un amigo – asesor de la temática energética, en Quitilipi, provincia del Chaco, se instalará una “mega” central solar de 20 MW de potencia máxima instalada.

Como es habitual al difundirse este tipo de iniciativas, el reporte periodístico presenta a la futura nueva central solar como una “brillante” solución (valga la ironía, al tratarse de energía solar). Prácticamente es alabada como una panacea casi absoluta, diríase una revelación divina hecha paneles solares.

Es bueno analizar exhaustiva y sistemáticamente las exultantes opiniones difundidas (24 Siete Info – 08/01/2014), poner las cosas en su justo contexto, y evaluar los datos que “casualmente” se omitieron por completo, o se sacaron del contexto real.

La usinita es considerada una “gran usina”, y eso merece ser puesto en su realidad. Si se completa, será la mayor del país, o estará segunda cerca respecto de la existente cerca de San Juan (Capital). Pero en el macro contexto energético, aún del Chaco, que es provincia pobre como todas las del NEA, es una usinita de muy poca relevancia, que prácticamente “no mueve la aguja”. Y menos en función de su escasísima producción previsible.

La comparan en forma muy elogiosa respecto a unos grupos electrógenos convencionales –seguramente equipos Diesel-, pero cuidadosamente omiten el nada pequeño hecho que la Potencia Firme de los Diesel es la indicada por el fabricante, o poco menos (esos motores pueden funcionar a elevado régimen en forma constante), las 24 horas, independientemente de las condiciones climáticas. Y esto no es alabar o promover la generación Diesel, es describir la realidad.

En cambio, la supuesta “gran solución” solar, solo rinde al máximo unas pocas horas al mediodía, y el rendimiento decrece acentuadamente en horarios alejados del cenit solar; y por supuesto se apaga irremisiblemente de noche. Además la producción disminuye mucho o incluso se anula, en días nublados o lluviosos.

Por eso, la usinita solar de 20 MW no es comparable en producción con otra de similar potencia teórica, pero de una tecnología convencional. Tecnologías convencionales son las únicas aptas para funcionar como bases de cualquier sistema eléctrico, y básicamente son solo de tres tipos: termoeléctrica (usando combustibles fósiles o eventualmente biocombustibles), hidroeléctrica y nuclear.

Justamente, y en forma supuestamente “casual”, el comentario periodístico, no dice una sola palabra acerca de la Generación Media Anual prevista, ni tampoco del costo por KWh a producirse. Es que sería indefendible justificar la instalación de la usinita solar, al considerar que el rendimiento esperable debe estar en un escaso 10 o menos, o improbablemente 15 % -cuanto mucho- del total teórico operable. Para poner en contexto, eso equivale a funcionar las 24 horas al 10 % -o posiblemente menos- de su potencia nominal, con el agravante que en el pico de carga máximo –que en nuestro país se da entre el atardecer y primeras horas de la noche, la central solar estará irremisiblemente fuera de servicio.

Respecto al “gran ahorro de combustible” que citan como motivo válido para la generosa inversión de capital, el tema es harto discutible. En efecto, las centrales solares, al igual que las eólicas, son intermitentes –fluctúan fuera de control humano variando sus generaciones-; sus producciones son aleatorias -o sea no son adecuadamente previsibles, por depender de factores en los que el hombre no puede influir ni regular-; y en las solares, sus producciones cesan al no contar con el Astro Rey. Por todo ello, las eólicas y solares solo pueden funcionar con el respaldo de centrales convencionales, para cubrir sus baches y falencias técnicas.

Hablando en criollo fácil, esta eólica no reemplaza a las centrales Diesel que operan en el sistema chaqueño en el área de Quitilipi. Su producción apenas será un modesto complemento, que seguramente mejorará algo el sistema, y poco o nada más. No reemplazará a las usinas Diesel aportando solo energía marginal de baja confiabilidad; por ende en las cuentas finas, dudosamente ahorre combustible, más que en cuotas marginales, pero produciendo a un altísimo costo por KWh, más caro incluso que las costosas generaciones de los grupos electrógenos Diesel. Si así no fuera, sería interesante que lo demuestren, con análisis bien fundamentados e irrefutables.

El costo de instalación declarado es de 25 millones de dólares, más 60 millones de pesos de la instalación transformadora. No se aclara si los 25 millones corresponden a la primera etapa de la central (10 MW) o al total (20 MW). Suponiendo que sea el total, y sumando –como corresponde- la estación transformadora al costo de la central, se tiene un costo del orden de 35 millones de dólares, para 20 MW de Potencia Instalada Nominal. Eso representa 1,75 millones de dólares por MW, o sea es caro, como siempre resultan las solares fotovoltaicas. Y si el costo de instalación es caro, y el rendimiento efectivo es muy bajo (como es usual en las solares), el costo real por KWh será desmesuradamente caro; además de los inconvenientes técnicos insalvables de esa tecnología de generación. ¿Es eso una solución…?

Por otra parte, si parte sustancial del costo se expresa en dólares, cabe suponer que los paneles y otros componentes serán importados. O sea nulo o escasísimo desarrollo industrial nacional, y sangría de divisas perjudicando la Balanza de Pagos Nacional.

Hace poco, con similares enredados y sesgados argumentos, promocionaron otra central solar en Salta; con planteos que encierran las mismas dudas a su eficiencia que las planteadas respecto al proyecto chaqueño.

Como referencia no menor, existen antecedentes de curiosas asociaciones de Greenpeace con petroleras anglosajonas (Shell y British Petroleum) para producir y promocionar paneles solares, que esas mismas corporaciones producen en Alemania, y posiblemente en otros países de Europa. Los costos reales, ni las eficiencias productivas, evidentemente no están dentro de sus preocupaciones. Esos son problemas para los países subdesarrollados que se doblegan ante las presiones de esos grupos del ecologismo cavernario, cuya finalidad principal es mantenernos atados al subdesarrollo crónico.

Curiosamente –o no tanto, pues para algunos no es “energéticamente correcto”- los que promueven las costosas e ineficientes usinas solares fotovoltaicas, ”olvidan” e incluso demonizan a un gigantesco proyecto de transformación socio económica positiva del Gran Chaco Argentina, que será La Canalización del Bermejo, proyecto que si se concreta, no solo aportará energía limpia, barata y abundante como es la hidroeléctrica (con casi 500 MW planificados), sino que también regulará el caudal asegurando el abundante suministro de agua a una extensa región, que hoy padece crónicas sequías con esporádicas pero recurrentes grandes inundaciones; posibilitando la navegación comercial hasta Bolivia mediante barcazas adecuadas (suministrando salida directa al mar al país hermano, y dando salida económica y ambientalmente mucho más limpia a la producción argentina del NOA y buena parte del NEA), y además permitirá disminuir significativamente los cuantiosos arrastres de sedimentos, que crónicamente taponan la Hidrovía Paraná – Paraguay, sedimentos que obligan a costosos dragados.

¡Pero las transnacionales del ecologismo cavernario, y sus “perejiles” locales, demonizan ese vital proyecto de desarrollo socio económico con notable importancia geopolítica!

En su lugar, nos venden los “espejitos de colores” de las costosas e ineficientes usinas eólicas y solares, con las que esos pseudos ecologistas promotores del subdesarrollo crónico, planean empastar e impedir todo proceso factible de desarrollo.

 

CPN CARLOS ANDRÉS ORTIZ

INVESTIGADOR DE TEMAS ECONÓMICOS Y GEOPOLÍTICOS

lunes, 6 de enero de 2014


ENERGÉTICAMENTE MUY INCORRECTO

Sabemos que las opiniones “políticamente incorrectas” son aquellas que no se ajustan a las aparentemente lábiles pero de hecho férreas pautas indicadas por el establishment (el poder en las sombras preestablecido).

         El “éxito” o fracaso relativo, ese que cuenta con los favores de medios o instituciones manejados por esos poderes corporativos, tiene una pequeña cuota de talento, pero sobre todo basta con “hacer buena letra” y “opinar correctamente” dentro de las pautas definidas por esos factores del poder real, el cual en nuestro país está estrechamente vinculado con la potencia dominante de turno.

         Un caso emblemático de opción por los Intereses Nacionales, aun a costa de su “éxito” personal relativo, fue el de Scalabrini Ortiz. En su juventud combinó sus actividades de agrimensor, con su muy buena pluma, que le había dado un rol crecientemente relevante como escritor, disfrutando de las mieles de los premios iniciales, y de contar con espacios en los diarios tradicionales de Buenos Aires.

         Pero a sabiendas que estaba sacrificando sin vuelta posible, su carrera de escritor, optó por los escritos político-económicos, impregnados de fuerte orientación patriótica, pasando a ser parte esencial del Pensamiento Nacional.

         Corajuda y honesta decisión la de Scalabrini, tal como la de Jauretche, del Pepe Rosa y tantos otros que desecharon las mieles fáciles de las opiniones complacientes o de opinar de naderías, para estar de por vida a pie firme en las trincheras del Pensamiento Nacional, dando batalla intelectual y moral sin tregua, no solo con la certeza de las privaciones económicas, sino afrontando el silenciamiento forzoso al cual usualmente son condenados los “malditos” que opinan según la conciencia y no acorde a las sugerencias implícitas corporativas.

         Lógicamente, así como hay réprobos hay elegidos, y eso se nota claramente en las opiniones “energéticamente correctas”.

         Es fácil advertir el tono de respetuosa sumisión con el que los “periodistas exitosos” dejan hablar sin ninguna observación, repregunta o aclaración (menos aún alguna incómoda reseña histórica), a los opinantes “energéticamente correctos”; muchas veces entrevistas como convocados – estrellas (sin otros invitados incómodos que los puedan importunar), mientras que los pocos convocados “energéticamente incorrectos” siempre lo hacen desde un panel, en minoría, y soportando las continuas interrupciones del periodista (“políticamente correcto” –léase acomodaticio o directamente mercenario) convocante, que intenta impedir el desarrollo completo de las ideas, e incluso que aviesamente distorsiona las opiniones recién vertidas por los expertos “incorrectos”.

         Es sabido –pero no conocido por desinformados o ingenuos-, que desde hace al menos un par de décadas, las ONGs pseudo ecologistas transnacionales (Greenpeace, WWF-Vida Silvestre y otras menos conocidas), son las que “dictan la agenda” de lo energéticamente “correcto”; sin importarles nada falsear burdamente la realidad, incurrir en aberraciones técnicas mantenidas en base a engaños y al constante machacar, hacer uso y abuso de las verdades a medias, y por sobre todo, practicar el terrorismo mediático, demonizando a determinadas tecnologías y exaltando otras hasta el paroxismo irracionalmente fanático.

         Como mueven jugosos presupuestos, y sin duda deben influir mucho en los medios de comunicación y en los periodistas deseosos de “hacer buena letra” (o tal vez ignorantes de los temas en los que opinan), operan influyendo desmesurada e irracionalmente sobre la opinión pública, en la cual siempre cooptan incautos, desinformados, clases medias desocupadas deseosas de “salvar al mundo” para llenar sus vacíos existenciales, y sobre todo a cuantos fervorosos odiadores seriales anti sistémicos varios se les suman como activistas virulentos (anarquistas, trotskistas, comunistas “viudos” de causa, etc.).

         Por otra parte, los sectores más reaccionariamente conservadores del arco político, operan como aliados de hecho y compañeros de ruta del sector ultra ecologista. Eso lo prueban numerosos hechos concretos, como los generosos subsidios desparramados a muchas ONGs “ecologistas” por “Marijú” Alsogaray durante el muy infame menemato, las mieles y acuerdos entre “grimpicianos” y el macrismo porteño, los generosos espacios que les dan los medios corporativos (que son marcadamente afines al “noventismo” político – económico -léase añorantes del desmadre neoliberal, perversamente destructivo y antinacional del menemato y el delarruato-), entre otras acciones similares.

         Los políticos oportunistas, deseosos de votos fáciles al como sea, y otros arribistas varios, son pródigos en subirse al carro del ecologismo cavernario, prestándose a planteos irracionales, con una enjundia digna de mejores causas.

         Las curiosas “asociaciones” entre las supuestas “izquierdas” y “derechas” no puede sorprender a quienes algo conocemos de Historia Argentina, reditando alianzas entre comunistas y otros antisistémicos varios, con la más rancia oligarquía terrateniente y sus prolongaciones en sectores portuarios y financieros “librecambistas”, tal como se vio en la Unión Democrática timoneada por el embajador norteamericano Spruille Braden en 1945; y otros muchos sucesos de nuestra ajetreada historia.

         Por eso no puede sorprender que muchos “progresistas” de hoy, junto a liberales y oportunistas varios, estén sumándose al corrosivo ecologismo que opera como extensión de los poderes imperiales del G 7, y más particularmente de Gran Bretaña, desde donde “dictan agendas” y marcan acciones de las principales y más virulentas ONGs, interesadas en mantenernos sumidos en el subdesarrollo crónico, bajo la excusa del conservacionismo in extremis.

         El ecologismo ataca en base a mentiras y recurrentes acciones de terrorismo mediático, a las usinas hidroeléctricas y nucleares, “casualmente” las únicas técnicamente capaces de reemplazar a las muy contaminantes y costosas (por KWh) usinas termoeléctricas, las que devoran ingentes cantidades de petróleo, gas o carbón. Pero también “casualmente” existen fuertes indicios y varias concretas publicaciones, que señalan los fuertes vínculos de las ONGs “ecologistas” transnacionales y las grandes petroleras anglosajonas.

         Esas mismas ONGs y sus vinculadas, promocionan como grandes soluciones energéticas, a tecnologías limitadas, costosas por KWh, y que no pueden operar como usinas de base, como las eólicas, solares y otras; como también exageran sin rubor y sin sustento técnico, las reales aplicaciones de las “redes eléctricas inteligentes”, que hoy apenas alcanzan a ser paliativos marginales, de muy alto costo.

         En Misiones –Argentina- fue “políticamente correcto” en los años ’90 decir barbaridades de todo tipo en contra de las hidroeléctricas, y así salió el mentiroso e impresentable plebiscito, un engaño masivo a nivel provincial.

         Hoy algunos políticos de dudosos o inexistentes pergaminos, pero con una audacia digna de mejor causa, siguen insistiendo en posturas anti represas a ultranza, que de última son una apuesta al subdesarrollo crónico, y al derroche masivo de hidrocarburos y consecuentemente de divisas. Negocio tal (el de las usinas termoeléctricas) que tiene unos cuantos beneficiarios (petroleras, transportistas de petróleo y gas, importadores de usinas y repuestos, asesores y otros vinculados a toda ese gigantesco negocio)…que por supuesto, los ultra ecologistas fingen no conocer, como también “desconocen” los elevados índices de poluciones de ese tipo de centrales.

         Pero cada vez más muchas personas honestas y con patriotismo, se suman a los que no tenemos empacho en opinar en forma “energéticamente incorrecta”, defendiendo la verdad, basándonos en datos e informes técnicos irrefutables, y que nos preocupamos por las consecuencias de rifar el futuro de la nación, sacrificándolo en el altar pagano del ecologismo cavernario.

 

C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

INVESTIGADOR DE TEMAS ECONÓMICOS Y GEOPOLÍTICOS