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domingo, 24 de noviembre de 2013


NEOCOLONIALISMO DEL G 7 Y LA UE – AGRESIONES, DEFENSAS, REPRESALIAS Y CONTRARREPRESALIAS

 

En 1878 se desarrolló el Congreso de Berlín, en el cual además de reordenar geopolíticamente al conflictivo tablero del poder europeo, las potencias colonialistas principales (Gran Bretaña y Francia) y las otras potencias con apetencias similares (Alemania, Italia, Bélgica, Holanda, España, Portugal), acordaron repartirse discrecionalmente el continente africano, y también avalaron el colonialismo en Asia, América y El Caribe, y en Oceanía y otros territorios insulares.

Con el racismo eurocentrista en su punto más alto y deplorablemente arrogante, los intereses y los derechos de los pueblos africanos ni figuraron en la agenda, mientras que las organizaciones políticas tribales o de reinos prexistentes africanos fueron destrozados, o reducidos a expresiones mínimas; sus territorios fragmentados o anexados a otros, y sus soberanías pisoteadas y subyugadas a las voluntades de los Estados colonialistas. La esclavitud era aún una institución recientemente abolida en muchos lugares del mundo, y la discriminación racial lamentablemente perduraría con fuerza un siglo más en algunos lugares retrógrados del mundo.

Ya para esos años casi toda Asia estaba convertida en un damero de dominios y enclaves coloniales, incluyendo a las milenarias China e India.

En Sudamérica las independencias formales eran la cobertura de profundas estructuras de colonización económica, diplomática, y sobre todo cultural, muy hábilmente tejidas por el Imperio Británico.

En Centroamérica y El Caribe, el cercano imperio del norte en expansión tensaba sus músculos, presto a desarrollar su doctrina del Gran Garrote, sin las sutilezas de los británicos, los cuales mantuvieron sus influencias en algunas islas o costas caribeñas, al igual que los franceses y holandeses.

Esa colonización al estilo decimonónico, careció de las facetas humanas de la primera etapa de la colonización española en América, esa anterior a la era borbónica, en la cual al menos en teoría los americanos se consideraban en pie de igualdad con los hispanos ibéricos; cuando con aciertos y errores no solo levantaron fuertes sino fundaron ciudades, construyeron grandes iglesias y conventos, fundaron colegios mayores y Universidades; cuando el accionar de La Iglesia tuvo cierta preeminencia impregnando las acciones de espiritualidad y valores humanos que se contraponían –al menos en parte- con las desmedidas ambiciones de adelantados y otros aventureros muchas veces analfabetos que venían “a hacerse la América”.

En cambio, la repartija colonialista decimonónica tuvo perfiles de saqueos desenfrenados y constantes, dejando como consecuencias fracturas sociales, quiebres de estructuras culturales propias de los pueblos sometidos, miseria económica y poco o nada de aspectos positivos a computar.

Notablemente, la amplia mayoría de los pensadores europeos de la época, filósofos, políticos, economistas, reformadores sociales, etc. –incluso los que pregonaban valores de libertad-, soslayaron las iniquidades colonialistas que volcaban a la opulenta Europa las riquezas extraídas de las colonias, beneficiando a los Estados colonialistas y a sus clases privilegiadas casi en exclusividad; pues excepto la Alemania de Bismarck, en los demás Estados los aspectos de protección social y previsional eran inexistentes o casi declamativos.

Al mismo tiempo, la Europa Oriental se debatía en el atraso que suponían estructuras feudales y/o absurdos e inhumanos privilegios de la nobleza en medio de la miseria abyecta del pueblo común. Posiblemente Rusia y la desarticulada Polonia eran los ejemplos más notorios de esas estructuras sociales y de poder anacrónicas, que por fuerza degenerarían en profundos descontentos políticos y sociales.

En ese marco, al filo del cambio de siglo, casi entrando en el XX, Gran Bretaña masacraría a los valientes zulúes, que con lanzas y escudos enfrentaron a las ametralladoras Gatling, provistas por EEUU. ¡Otra muestra de “civilización” por la fuerza, como excusa del saqueo!

Las acuciantes necesidades de la Primera Guerra Mundial hicieron prometer a los beligerantes, independencias a muchos pueblos, a cambio de sus apoyos; lo cual fue luego relegado sin fecha cierta, en el marco de las duras negociaciones de paz, tan absurdamente vengativas que fueron el germen de la Segunda Guerra Mundial.

Esa Guerra no solo cambió profundamente los ejes del Poder Mundial, sino también tornó inevitables los procesos de descolonización, los cuales se desarrollaron con notoria rapidez y efervescencia, en el histórico breve lapso histórico que en su mayor parte abarcó desde la segunda mitad de los años ’40 a comienzos de los ’70 del siglo XX. Supuestamente, el colonialismo y el intervencionismo militar habían sido dejados de lado, como anacronismos inaplicables y muy mal vistos. La “democracia” muchas veces devenida en partidocracia cleptocrática manipulable, y “el socialismo” marxista con caracteres pseudos religiosos paganos de falsas “verdades históricas reveladas”, configuraban una nueva página de la geopolítica mundial.

La OTAN como brazo armado de EEUU – Canadá, más Europa Occidental, inicialmente confrontaba al Pacto de Varsovia, pero al disolverse este último, la primera siguió vigente. Y con los cambios del Poder resultantes de la “revolución neoconservadora” de los años ’80, pasó a ser claro que el colonialismo de preguerras había involucionado a un neocolonialismo mucho más descarnado, carente de todo prurito como para imponer por la fuerza bruta –aplicada “preventivamente” con variadas excusas, cuantas veces resultara “necesaria”-, cuando las presiones financieras y políticas no lograran doblegar voluntades de pueblos firmes de convicciones y estadistas con dimensiones de patriotas.

Para esas intervenciones armadas, los medios de comunicación del establishment anglosajón y europeo, siempre están prestos a prefabricar “motivos”, sin importar que al poco tiempo queden como falsos argumentos.

El neoliberalismo impuesto desde los años ’70, por la fuerza de las presiones políticas, financieras, mediáticas y de demás ramificaciones del establishment globalizador, forzó el endeudamiento a escalas dantescamente irracionales, como claro instrumento para doblegar toda voluntad soberana o incluso de mínimas reacciones, a prácticamente todos los países excluidos del por entonces todo poderoso Grupo de los 7 (G 7, formado por EEUU, Canadá, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia). Ese proceso de endeudamiento–pérdida de patrimonio nacional–pérdida de soberanía–instauración de gobernantes “exitosos” dóciles al poder plutocrático, fue particularmente duro en Íbero América.

Con las políticas de “privatizaciones” forzadas como única alternativa, los bienes del Estado, incluso los de alto valor estratégico, se transfirieron o concesionaron (según cada caso), por montos irrisorios. Y en ese proceso de leoninamente perjudiciales endeudamientos, el FMI fue el ariete que forzó “recetas” sempiternamente recesivas, impiadosamente destructivas. Y si bien el FMI es parte de las estructuras financieras transnacionales creadas en los ’40, hasta ahora su conducción estuvo en manos de Europa Occidental, la cual devino como estructura política de bloque, en la Unión Europea.

En el marco del por entonces nuevo rol de miembro comunitario, España pasó a ser actor principal en los procesos de apropiaciones cuasi forzosas de empresas estatales íbero americanas, e incluso en las adquisiciones de empresas privadas saneadas, pero carentes de estructuras como para competir con corporaciones transnacionales (tal como ocurrió con varios Bancos en Argentina).

La estatal argentina YPF, que fue símbolo de soberanía y primera petrolera estatal del mundo, pasó a ser “subsidiaria” de la transnacional hispana Repsol, que con las cuantiosas reservas argentinas a su disposición arbitrariamente discrecional, pasó de irrelevante petrolera de tercer orden, a ser “jugador internacional” de cierta envergadura.

Telefónicas, servicios de agua potable y residual, la aerolínea de bandera A.A. (que también fuera antes modelo de eficiencia a escala mundial), las redes de gas natural –de considerable desarrollo, el mayor de Sudamérica-, Bancos, usinas eléctricas, etc., pasaron a ser flamantes inversiones manejadas por capitales españoles, entre otros inversores extranjeros.

Tan indecoroso e impune fue el violento proceso de “privatizaciones”, que incluso algunos de sus actores españoles fueron presentados como los nuevos “adelantados” de “la conquista de América del siglo XX emprendida por España”.

La laxitud y complicidad de normativas impuestas por el establishment neoliberal, permitió a Repsol “ordeñar” discrecionalmente y con alevosía las importantes reservas de petróleo y gas, trabajosamente conseguidas por varias generaciones de argentinos, que nos habían llegado a asegurar años de abastecimiento, rápidamente dilapidados ante la piratería operativa de los neocolonizadores hispanos y otros. En esa operatoria, con complicidades internas, Argentina se quedó sin los hidrocarburos y sin las divisas de las apresuradas ventas de Repsol, urgidas por “hacer caja” lo antes posible. Y a la vez, las inversiones en nuevas exploraciones, en nuevos gasoductos internos, y en nuevas refinerías, fueron prácticamente nulas.

En ese contexto, el palpable desabastecimiento creciente al mercado interno, operaba ya hace escasos dos años, como claro factor de desestabilización política y generador de caos económico.

Por todo ello e incluso por muchos motivos más, la reestatización parcial de YPF (precedida antes por la reestatización de Aerolíneas Argentinas), fue un acto absolutamente necesario, prácticamente en defensa propia, ante el cariz del saqueo desenfrenado y clara agresión económica de la petrolera transnacional española. Además de un acto de soberanía, de restitución de la dignidad, tuvo profundas connotaciones geopolíticas, volviendo a considerarse a los hidrocarburos y a la energía como bienes de altísimo significado estratégico.

En una retorcida interpretación neocolonialista, España consideró la reestatización parcial de YPF, como un acto de agresión a sus “derechos”…por supuesto obviando las connotaciones vergonzosamente leoninas a favor de Repsol, en base a las cuales se extranjerizó…y por monedas, nuestra petrolera de bandera. ¿Acaso toda la privatización, con sus presiones previas y posteriores, incluyendo “honorarios” a periodistas adocenados –hecho evidente desde mucho tiempo atrás, y demostrado en base a documentaciones incautadas en la sede argentina de Repsol-, no constituyó una grave afrenta a la dignidad argentina?

Las soberbias actitudes pretendidamente regañatorias de Rajoy y de sus ministros, con las cuales se quejaron altaneramente de la decisión soberana de Argentina, fueron tan desubicadas como la del rey español que pretendió hacer callar como a un vasallo, al compatriota de la Patria Grande Hugo Chávez.

De haber tenido poder militar suficiente, no es para dudar que la actual dirigencia “comunitaria” española, hubiese intentado alguna aventura expedicionaria punitiva…tal el nivel de altanería colonialista que demuestra, mientras es claramente genuflexa ante el poder financiero de la UE.

Pero ahora la escalada de represalias de España, cuenta con el respaldo de la Unión Europea, al cortar abruptamente las compras de biodiesel argentino, pretextando inexistentes acciones de “dumping” (maniobras de fijaciones de precios menores al costo).

Son conocidos los muy bajos costos de producción y la alta eficiencia de las producciones agrícolas de la Pampa Húmeda y de la industria de biocombustibles de Argentina. Pero lo que la Unión Europea pone en vigencia es la faceta comercial del neocolonialismo del siglo XXI.

Además de los reclamos ante la Organización Mundial del Comercio, ya efectuados por Argentina, por el discriminatorio proteccionismo de carácter intrínsecamente punitivo, subsidiando la propia ineficiencia de la UE; sin duda corresponde realizar acciones de contra represalias.

Esas acciones hoy son plenamente factibles, ante el panorama de multipolaridad del tablero geopolítico y económico mundial, con nuevos actores de creciente relevancia como son las potencias del BRIC, las otras Potencias Emergentes (una de las cuales es Argentina), e incluso con África buscando el desarrollo y como tal representando mercados alternativos para diversas producciones.

Lo que queda muy en claro, es que las adquisiciones de materiales y tecnologías estratégicas, así como potencialmente muy provechosas alianzas en esas áreas, a Argentina y a la UNASUR nos conviene redireccionarlas fuera del poco confiable y agresivo marco de los bloques de Norte América (EEUU y Canadá) y de la Unión Europea.

En rubros como uso pacífico de energía nuclear, tecnología aérea y espacial, en los sensibles aspectos de provisión de tecnología para la defensa (y otros), será muy conveniente acentuar los acuerdos ya parcialmente concretados con Rusia, China y otras potencias fuera del marco de la OTAN. Por supuesto enfatizando en todos esos rubros las producciones nacionales, bajo acuerdos de transferencias tecnológicas u otras figuras similares, incluyendo operaciones de intercambios compensados con diversos bienes de producción argentina.

 

C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

Investigador de temas económicos y geopolíticos

 

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