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viernes, 4 de noviembre de 2016

PROVOCAR LA CRISIS PARA JUSTIFICAR AJUSTES
Es operatoria de manual, por parte de los que instalan gobiernos neoliberales. Lo explican muy bien Naomí Klein, Viviani Forrester y Alfredo Zaiat (*), entre muchos otros autores, cuyos libros pasan a ser “ninguneados” sistemáticamente por el establishment. (**)
Si no están en el poder formal (el gobierno) provocan golpes de mercado (como el que padeció Alfonsín al fin de su mandato), o mediante personeros o mercenarios crean escenarios de conflictos callejeros u otras operaciones similares para desestabilizar políticamente, prefabricando un escenario de crisis política y/o económica, la cual es magnificada por los grandes medios de comunicación, que son socios o muy afines a los desestabilizadores.
Si llegan circunstancialmente al poder formal mediante elecciones, como sucedió en Argentina mediante tácticas de “periodismo de guerra” (tal como reconoció un periodista de Clarín, medio principal del más grande conglomerado mediático de nuestro país), pretextan con repetitivas acciones mediáticas la falaz existencia de una supuesta preexistente “crisis”, ocultando bajo montañas de palabrerío hueco y de insidiosas campañas mediáticas constantes, que los números duros de la realidad socio económica demuestran que de ningún modo estábamos en crisis ni mucho menos.
Si la crisis es provocada antes que los sectores reaccionarios ultraliberales tomen el poder formal (el gobierno nacional), el cuadro de situación es achacado en su totalidad al gobierno precedente, al cual el establishment detesta, por no haber sido dócil ejecutor de sus órdenes, traducidas en medidas “políticamente correctas”, ocultando que la crisis fue provocada por el propio establishment, para debilitar la posición política del gobierno “indócil”, y a la vez para generar el contexto de caos social, político y económico, en cuyo marco a los dueños del poder real se les hace fácil imponer medidas duras, draconianas y claramente destructivas, siempre presentadas como “ajustes necesarios”, lo cual es permanente justificado por los mercenarios de la comunicación y las pléyades de economistas “políticamente correctos” (neoliberales) y por jóvenes economistas ansiosos por “ganar puntos” para acceder a canonjías cedidas por las estructuras oligopólicas del poder real.
El caos lo prefabrican mediante corridas bancarias, cambiarias,
acaparamiento de mercaderías para producir faltantes, usinas de rumores insidiosos, cooptación de gremialistas corruptos y un sinfín de operaciones de similares bajas estofas. Todo eso para debilitar o voltear a gobiernos no alineados con el neoliberalismo.
En cambio, si llegan al gobierno mediante golpes palaciegos (como en Paraguay), o golpes pseudos institucionales (como en Brasil), o mediante campañas de terrorismo mediático (como en Argentina), rápidamente se dedican a destrozar sistemáticamente todas las instituciones y medidas adoptadas previamente, de orientación keynesiana, popular, social y nacional. El ajuste por el ajuste mismo es la herramienta de utilización obligatoria por parte de los personeros del neoliberalismo, más aun en su versión salvaje y totalmente deshumanizada.
Y el ajuste severo, de corte brutal, es pregonado y presentado como
“imprescindible”, para supuestamente sanear la economía, ocultando mediante sistemáticas campañas mediáticas masivas, que el caos económico lo producen los mismos personeros del neoliberalismo, para luego en ese contexto de caos generalizado, tener a la gente abrumada y desorientada, con el objetivo de imponer todo tipo de medidas brutales de achicamiento económico, exclusión social, empobrecimiento masivo con concentración de la riqueza en muy pocas manos, además de forzar la involución rápida al triste rol de colonia perdiéndose toda noción de soberanía y de dignidad nacional.
Una vez que se cae en el pozo del endeudamiento masivo e irracional, que se retroalimenta con intereses usurarios, el cuadro financiero se torna inmanejable, pues el achicamiento de la economía que es perpetrado por la batería de medidas “de ajuste” (en rigor de achicamiento y destrucción forzadas), que incluyen apertura aduanera irrestricta que destroza a la industria propia y genera más desocupación; total falta de control sobre las operaciones en divisas, favoreciendo la fuga de capitales; promoción de la especulación desenfrenada, con instrumentos como la “bicicleta financiera” famosa en los años ’90 y reeditada ahora de la mano del mismo perpetrador, hoy a cargo del Banco Central; “flexibilización laboral” –que en buen romance significa precarización total de los trabajadores, que quedan sujetos a la voluntad de la patronal y sobre todo de las corporaciones extranjeras-; destrucción de todo el aparato científico y tecnológico, bajo las excusas de “economías presupuestarias”; desjerarquización y desfinanción de las Universidades Nacionales, para forzar el arancelamiento y con ello la inaccesibilidad para los sectores medios y bajos de la población; subordinación total a los dictados geopolíticos de la Banca transnacional y de las potencias neocoloniales (EEUU, Gran Bretaña, Francia y la propia UE, además de Japón como socio necesario del saqueo institucionalizado corporativo), que incluyen resignación de soberanía y pérdida de la Identidad Nacional; y un abanico de otras medidas tan negativas como las mencionadas.
Para evitar toda oposición, los regímenes neoliberales se aseguran el acatamiento riguroso por vía prebendaria, extorsiva e incluso de violencia directa; de los otros factores de poder existentes, los cuales pasan a ser minimizados, cuando no totalmente cooptados para operar como cómplices del desguace nacional.
Ya lo padecimos los argentinos en el cuarto de siglo neoliberal (1976-2001) mucho más en acentuado en los años ’90; lo padece Grecia, cada vez más hundida en la miseria ocasionada por ajustes consecutivos; lo padece España pese al tamaño y diversificación de su economía, pues sus dirigencias son adoradoras del “dios mercado” y de “san ajuste”, con sus secuelas de estancamiento, desocupación y crisis socio económica; lo padecen Portugal, Italia, Islandia, y hoy los coletazos llegan a Gran Bretaña, Francia y la altiva Alemania de Merkel.
En el actual caso Argentino, se reeditan los serios riesgos de disolución nacional y/o de balcanización, alentado ello por los poderes financieros transnacionales y fogoneado desde adentro por el egoísmo corporativo de los CEOs puestos en funciones políticas que no entienden ni quieren entender, pues solo les interesan las ganancias rápidas y abultadas, así como las ventajas para los intereses corporativos a los que representan, siendo el caso más visible y escandaloso el de la dupla Shell – Aranguren, pero no es la excepción sino la regla y modus operandi de estos unitarios recalcitrantes modelo siglo XXI.
Claramente están dispuestos a superar las tropelías de Rivadavia y sus sucesores directos, del mitrismo y su régimen oligárquico-liberal, de la década infame de los años 30 del siglo XX, de los fusiladores del ’55 y sus continuadores, de los proceseros de Videla y sus secuaces, así como de los representantes del poder financiero transnacional que nos destrozaron en los recientes años ’90.
MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Analista de Temas Económicos y Geopolíticos
(*) Naomí Klein – La Doctrina del Shock // Viviane Forrester – El Horror Económico // Alfredo Zaiat – Amenazados, el miedo en la economía / Economía a contramano.
(**) Establishment – El Poder Establecido, equivalente a los poderes fácticos que operan en un país.

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