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lunes, 5 de mayo de 2014

 MONIGOTES DEL VETUSTO IMPERIO
         Después del fiasco del pretendido abordaje patoteril que Greenpeace intentó perpetrar contra una instalación petrolífera rusa en el Ártico, hace menos de un año, ahora volvieron a montar otro operativo de pretendido –y dudoso- positivo impacto mediático, esta vez intentando “impedir” (mero eufemismo), la descarga de petróleo ruso, extraído del Ártico, adquirido para consumo de la energéticamente sedienta Unión Europea.
         Según trascendidos periodísticos, con este nuevo ataque, la organización ecoterrorista habría violado cláusulas del acuerdo judicial rubricado para obtener las excarcelaciones de los activistas-terroristas que en 2013 fallidamente abordaron la plataforma petrolífera; falta de cumplimiento que no puede sorprender, pues se arroga siempre el falso rol de “gendarme ecologista mundial”, que es la pantalla casi perfecta de sus acciones al servicio del MI6 (servicio secreto británico), y del Foreing Office (la cancillería de esa potencia colonial).
Nuevamente nos enteramos que una ciudadana argentina vuelve a hacer el triste papel de monigote maleable y manipulable para servir los designios del decadente pero aún peligroso y agresivo imperio británico.
         De nuevo una transnacional británica del ecologismo fundamentalista opera como mascarón de proa del operativo fuertemente mediático, que tiene claras connotaciones geopolíticas; si bien los “perejiles” usados, seguramente son muy ignorantes del trasfondo real de esos operativos de guerras blandas, y casi con certeza con las mentes “convenientemente” limadas, con muy sutiles técnicas de colonización cultural, deben estar convencidos de ser “grandes luchadores a favor de la ecología”; siendo en rigor simples peones descartables que ese imperio utiliza en sus esfuerzos por mantener algo de los viejos y hoy opacados resplandores de la época dorada del máximo poderío mundial en la ya muerta y superada era victoriana, básicamente en la segunda mitad del siglo XIX.
         Aunque los “perejiles” del ecoterrorismo ni lo piensen, y muchos inocentes desinformados ni lo imaginen posible; en rigor la troika neocolonialista del siglo XXI (EEUU, Francia, Gran Bretaña), con sus apéndices funcionales de la UE, el Commonwealth, la OTAN y el FMI, están dando claras muestras de insoportable incomodidad, ante la muerte definitiva del mundo unipolar, y del consecuente creciente afianzamiento de la actual era multipolar. Con los surgimientos o resurgimientos de varios otros actores geopolíticos relevantes, que ya no se sienten obligados a aceptar pasivamente las políticas de agresiones direccionadas que en forma abierta, discrecional, y crecientemente violenta, vienen perpetrando sistemática y selectivamente aquellas potencias neocoloniales, las operaciones de guerras blandas contra las nuevas potencias emergentes son continuadas. Desde que la dupla Reagan – Tatcher marcó la imposición del neoconservadurismo mundial, en una versión ampliada del conservadurismo decimonónico, el neocolonialismo de las citadas potencias “tradicionales” está operando para limitar los afianzamientos de las nuevas potencias del actual mundo multipolar. En ese contexto se entienden las agresiones de la británica Greenpeace contra Rusia, bajo la tapadera del falso “ecologismo”.
Recordemos que el neocolonialismo actual es la reedición ampliada de aquel colonialismo europeísta, que fuera ultraliberal en lo económico, y que en lo geopolítico plasmó los acuerdos imperiales del Congreso de Berlín –vulgar repartija de las posesiones coloniales- establecida con ropajes formales, a fines del hoy caduco siglo XIX.
         El actual mundo multipolar tiene varios bloques de poder, algunos ya fuertemente consolidados, como la renacida vieja Rusia con su descomunal territorio a caballo de Eurasia; la poderosa y hoy indetenible China, el conjunto de grandes emergentes del BRICS, y el pequeño pero potente Japón, que integrado a la triada asiática con China y Corea del Sur puede ser un actor mundial excluyentemente poderoso; y otros bloques en proceso de consolidación, como el del Sur-sureste asiático; los convergentes bloques del Mercosur, Unasur y Celac; y posiblemente otros.
         En ese actual contexto geopolítico mundial, la resurgida Rusia –superando los estragos del neoliberalismo impuesto por Gorbachov –Yeltsin-; con una sutil aplicación de diplomacia, exhibición explícita de “musculatura” bélica formidable y muy dosificadamente empleada, y los manejos de los resortes geopolíticos disponibles a su favor; ha significado un abrupto freno que abortó planificadas agresiones mayores directas en los muy conflictivos escenarios de Siria, Ucrania, e incluso en el montaje mediático – terrorista destituyente implementado en Venezuela (en este último caso, sin minimizar ello el fuerte rol estabilizador desarrollado por Unasur-Celac).
         Los pretextos “ambientalistas” van como anillo al dedo, para justificar los operativos de Greenpeace y otras ONGs transnacionales manejadas por el hoy alicaído G 7; operativos que con mucha virulencia agreden mediática y fácticamente a Rusia, intentando erosionar su credibilidad en la influenciable opinión pública mundial.
         De seguro los adocenados activistas “grinpicianos” ni se preguntan por qué su supuestamente “idealista y pura” ONG “ecologista”, nunca protesta por los desmanes ambientales que Gran Bretaña perpetra sistemática y desdeñosamente, en Malvinas y el Atlántico Sur, practicando y permitiendo pesca comercial depredatoria, buscando y pretendiendo extraer hidrocarburos en alta mar, concentrando enormes cantidades de un arsenal bélico convencional y nuclear, y no haciendo nada para recuperar los armamentos nucleares en sus barcos hundidos por la valerosa y muy eficiente Fuerza Aérea Argentina, en la guerra de 1982.
         Pero las agresiones de Greenpeace y otras ONGs pseudo ecologistas, seudo indigenistas y seudo derecho humanistas, también atacan a Íbero América, y en particular lo hacen encarnizadamente contra Argentina. En nuestro país, son muy claras las prédicas corrosivas y violentas acciones constantes, perpetradas para dificultar e impedir nuestro desarrollo y para abortar nuestros fuertes y concretos avances tecnológicos, con aviesas acciones mentirosamente agresivas, que pretenden descalificar al muy eficiente y muy relevante Sector Nuclear Argentino.
         En esas acciones, lamentablemente, esas ONGs ecoterroristas, cuentan con las deplorables complicidades de políticos de relevantes funciones (principalmente legislativas), que se prestan a incalificables acciones de falaces y/o tergiversadas campañas de desprestigio montadas en contra de la Comisión Nacional de Energía Atómica y otros también prestigiosos entes vinculados.
         Las deplorables acciones de politiquería oportunista y de muy bajo vuelo, son variadas y sistemáticas; lamentablemente priorizando estrechos y mezquinos intereses electoralistas de muy corto plazo, a costa de Grandes Objetivos Estratégicos de Largo Plazo, cuidadosamente planificados por nuestro eficiente Sector Nuclear, cuyo relevante accionar lleva más de seis décadas de notables concreciones y de muy promisorios objetivos, conducentes a nuestro desarrollo socio-económico, industrial y sobre todo tecnológico, en un amplio espectro de muy estratégicas importancias, en los cuales somos una de las potencias líderes mundiales.
         Particularmente virulento y vergonzoso, está siendo el accionar corrosivo de algunos operadores políticos montados sobre las acciones de grupos ecoterroristas de evidentes manejos pro británicos (Greenpeace y varias de sus subsidiarias locales, entre otras ONGs), en los proyectos de la Central CAREM y la empresa estatal Dioxitex, a emplazarse en Formosa, los cuales sin duda cambiarán positivamente el crónicamente subdesarrollado perfil productivo de esa hermana provincia argentina.
         Manifestaciones como las perpetradas por esos legisladores, como copartícipes del accionar del ecoterrorismo apátrida transnacional, sin duda merecen el calificativo de miserables acciones de traición a la patria; del mismo deplorable tenor perpetrado por los ex presidentes Alfonsín y De La Rúa, cuando incalificablemente frenaron abruptamente y casi llegaron a destrozar al Sector Nuclear Argentino, en un accionar que claramente fue “obediente” y genuflexo, ante las “sugerencias” en tal sentido de las por entonces todo poderosas potencias del G 7, y en particular de Gran Bretaña, eterna potencia que presiona para impedir nuestro desarrollo, hecho probadamente demostrado a lo largo de nuestras dos décadas de Historia Nacional.
         Este tema será ampliado, Dios mediante, en otro artículo específico.

C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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