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domingo, 25 de mayo de 2014

LOS MITRO MARXISTAS Y LAS RENOVABLES
Si bien es conocido que en el mundo, y en Argentina también, debemos apelar a todos los tipos de energías disponibles…pero, como decían los filósofos socráticos, “todo en su medida, y armoniosamente”.
Es ya una opinión generalizada, no solo entre los mitro-marxistas, sino en el amplio arco del “progresismo”, considerar como lógico que los sectores “de izquierdas” y por ende opuestos al “capitalismo”, “deben” apoyar a las energías renovables. Como ese pensamiento pasó a tener valor dogmático para esos usualmente enfervorizados y poco conocedores opinantes, no solo se niegan totalmente a escuchar cualquier fundamentado planteo técnico que contradiga las supuestas “ventajas absolutas” de las energías solar y eólica, sino que son proclives a montar en cólera desbocada e irracional, ante cualquier atisbo de opinión que contradiga sus ideas al respecto.
Por supuesto que el accionar de cooptación mental (que en algunos o muchos casos alcanza en grado de completa colonización cultural, en procesos de tabla rasa cerebral), no se ciñe solo a los mencionados sectores del arco político, pues resulta evidente que muchos jóvenes (o no tanto) de las clases medias altas y altas, parecieran combatir el hastío de la abundancia económica y la falta de ideales superiores, enrolándose en ONGs transnacionales, “comprando” el mensaje de “defensa del medio ambiente”, sin razonar ni investigar acerca de cuales son las motivaciones y objetivos reales de esos entes, que son apéndices funcionales de poderosos intereses de las potencias del G 7 –y en Argentina principalmente ONGs británicas-, como mecanismos de infiltración cultural para imponernos pautas culturales que nos hagan aceptar gustosamente el subdesarrollo crónico, y que diluyan todo sentimiento de amor a la patria por un difuso y vaporoso “amor al medio ambiente”, lo cual es también falso. ¡Claro que todo ello convenientemente edulcorado con cuidadosos mensajes que pretextan altruistas objetivos de “salvar al mundo”!
Entre los activos adherentes del ecologismo fundamentalista, se adscriben con tanto entusiasmo los mitro – marxistas, las progresías teóricas y sectores de las clases altas, entre otros; pudiendo distinguirse dos tipos de militantes: los de base, que si bien suelen tener ideales elevados, no entienden nada y en sus fanatismos pasan a ser simples “perejiles” manejables; y ciertos sectores dirigenciales, claramente “profesionalizados”, rentados por las grandes ONGs y similares, operando como verdaderos mercenarios al tanto por cuanto, o como displicentes complacientes que encontraron la veta para vivir sin trabajar, más allá de ciertas actividades que deben cumplir, más afines a la diversión o al deporte, que a ocupaciones laborales.
Notable es que los mitro-marxistas no quieran percatarse que con sus acciones de respaldos a esas ONGs transnacionales, son totalmente funcionales a los dictados de grandes corporaciones multinacionales vinculadas al accionar de las grandes potencias “capitalistas”, a todo lo cual tanto dicen aborrecer.
Analicemos las aristas del tema, con mayor profundidad, incluyendo los aspectos ideológicos aderezados, que motivan a tantos confusos militantes enfervorizados del mitro-marxismo ultra ecologista.
Las bases económicas del marxismo son muy endebles, pues tomó como ciertos los enunciados de la llamada escuela clásica de la economía, que es el liberalismo económico; el cual como es sabido se montó sobre una sumatoria de supuestos jamás demostrados, y otros claramente desmentidos por los hechos.
El liberalismo fue una doctrina económica elaborada a la medida de la potencia económica de esa época (Gran Bretaña de fines del siglo XVIII, comienzos del XIX), justificando –en teoría- el esquema de único país-fábrica, dejando al resto del mundo  el subordinado rol de proveedor de distintas materias primas.
Todas las otras naciones industrializadas se transformaron a partir de hacer caso omiso de las “leyes” económicas liberales, las cuales inducen al subdesarrollo crónico; pero hoy el subdesarrollo se quiere imponer también por medio del ecologismo fundamentalista. Por eso los sectores político-económicos liberales son tan afines al ecologismo cavernario.
Del mismo modo, el neoliberalismo es la doctrina que es un “traje a medida” para las grandes corporaciones financieras, industriales y de servicios en general, siendo al momento de su inicial aplicación, también funcional a las por entonces principales economías del mundo no comunista, las del G 7.
Ya en la primera mitad del siglo XIX, Friedrich List literalmente destrozó los principios del liberalismo, demostrando explícitamente la falsedad de sus argumentaciones; las mismas entronizadas como “leyes económicas” y “bases del pensamiento económico”, que es la ortodoxia.
Cerca de mediados del siglo XX, John Maynard Keynes y Michal Kalecki (separadamente), fundamentaron la necesidad de profundos cambios en La Economía, pues la ortodoxia (liberalismo) no pudo encontrar alternativas para salir de las recurrentes crisis económicas, lo cual dio origen –a la par de las ideas de List- a la heterodoxia económica.
Pese a todas esas evidencias que demuestran la inconsistencia de la doctrina económica liberal, base de análisis del comunismo; y al estruendoso fracaso económico de la ex URSS, los teóricos del comunismo no parecen darse por enterados, y la obra cumbre de Marx (El Capital) oficia de “biblia atea” para los dogmáticos comunistas, haciendo caso omiso de la endeblez económica de su doctrina basal; como también pretenden darle validez mundial atemporal a una doctrina sustentada en el análisis de la realidad decimonómica, desde un enfoque eurocéntrico concebido desde la por entonces principal potencia económica.
La supuesta vigencia perenne y el carácter profético que le asignan al pensamiento marxista, como por caso aquella osada frase, repetida por el historiador británico comunista Eric Hobsbawn, según la cual “el triunfo del comunismo está ya escrito en los libros de historia del futuro”, solo se sustenta en el cerrado dogmatismo. Y si alguien duda de la visión europeísta de Marx, es de recordar que los libertadores de Íbero América, eran a su estrecho criterio, “simples bandoleros”...
Ante semejante conjunto de confusiones y de exaltaciones doctrinales de corte dogmático, con supuesta “validez universal”, no debe sorprender la habitualmente fuera de foco visión de determinados teóricos locales del marxismo, tan capaces de repetir largas parrafadas de su “biblia atea” (El Capital), como incapaces de entender la realidad nacional. Como todo lo ven desde el limbo marxista, sus elucubraciones están cargadas de teoricismos, en los cuales rige la concepción eurocéntrica, en un marco de confusiones y desconocimientos del país real en el cual nacieron y viven.
Los teóricos marxistas desconocen incluso la historia argentina, pues por ignorancia, comodidad o simple complicidad, decidieron considerar válidos los falaces conceptos de la historia “oficial” prefabricada por Mitre y sus seguidores, corriente historicista luego llamada academicismo, por ser defendida por la Academia Nacional de la Historia, organismo funcional al establishment oligárquico antinacional, repetidor de “historias al cuento” y ocultador de gruesas verdades.
Entre muchas falsedades y ocultamientos del academicismo histórico, está la paroxista exaltación como falso prócer de un simple traidor a la patria, como fue Rivadavia; las ocultaciones de los exitosos enfrentamientos argentinos a las poderosas flotas agresivas de Francia y Gran Bretaña (combates de Vuelta de Obligado, Quebracho y Tonelero); y el legado del Sable Libertador, que San Martín envió como prenda de respeto a Don Juan Manuel de Rosas por esas defensas de la dignidad y soberanía nacional.
Son los mismos que juzgan como “tiranos” a Rosas y a Perón, pero miran para otro lado respecto a los degolladores de gauchos que fueron Mitre y Sarmiento, y suelen omitir los asesinatos y aberraciones de la “revolución fusiladora”, entre otros hechos históricos deplorables.
Pero como los teóricos marxistas son incapaces de analizar la realidad histórica argentina con ojos y corazón criollo, les es más fácil aceptar las distorsiones históricas del mitrismo, con lo cual a lo largo de las décadas esos intelectuales del marxismo apátrida se ganaron los favores de los grandes diarios tradicionales –ultra conservadores- y de otras poderosas y a veces poco visibles instituciones que operan al servicio del establishment, y consecuentemente de las oligarquías a las que poco y nada les importan los Intereses Nacionales, mientras puedan hacer sus negocios, mantener sus prebendarios privilegios clasistas, y monopolizar egoístamente el poder real, así sea como subordinado apéndice de la potencia extranjera de turno.
A esos marxistas de café, cómplices acomodaticios de las falsedades doctrinales del historicismo academicista, Don Arturo Jauretche los llamó sintética y muy pintorescamente “los mitro-marxistas”; y a su pseudo intelectualismo libresco divorciado de la realidad nacional, lo llamó “la inteligentzia”, concepto que significa razonamiento adocenado y tergiversado por prejuicios y falsedades, funcionales a intereses antinacionales.
Precisamente, es moneda corriente que los mitro-marxistas, y otros sectores autodefinidos como “progresistas”, adhieran con tanto fervor como falta de conocimientos técnicos y/o científicos, a los dogmas tan perseverantemente repetidos por los factores del poder mediático orientado por el ecoterrorismo transnacional, y sus marionetas y mercenarios locales.
Esos entes con fuertes y constantes presencias mediáticas, son las ONGs transnacionales y sus derivaciones y subordinados internos, que “predican” con caracteres pseudo religiosos neopaganos, los dogmas de las supuestas “ventajas totales” de las mal llamadas “energías renovables” –eólicas y solares-, concepto que básicamente promueve las instalaciones a ultranza (mucho más allá de sus modestos roles complementarios, que sus claras limitaciones técnicas les constriñen), como supuestas “grandes soluciones” para las necesidades energéticas.
Incluso son claras las alianzas implícitas entre los poderosos intereses vinculados a la termogeneración (que produce electricidad quemando petróleo y gas), con los también poderosos y nada transparentes intereses que pretenden inundarnos de paneles y de “ventiladores”, mucho más allá de sus posibilidades técnicas reales, y haciendo caso omiso a los nada competitivos costos por KWh de las energías eólica y solar, que al ser producidas, terminan erosionando el presupuesto nacional. El tema por supuesto no se agota acá.

C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Experto en Energía

Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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