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miércoles, 28 de mayo de 2014

TLC - IMPORTANDO MISERIA SUBDESARROLLO Y DESOCUPACIÓN
Extremadamente preocupantes son las versiones periodísticas, según las cuales siguen avanzando las gestiones para aprobar el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre el Mercosur y la Unión Europea.
Tal como suele ser lamentablemente usual casos en los que se intentan forzar acuerdos neoliberales, las negociaciones se desarrollan en un marco de cerrado hermetismo, y de desembocar en el tratado, es casi seguro que la norma tendrá nivel supra constitucional, es decir que su validez estará por sobre las respectivas constituciones nacionales, lo que equivale a imponer otro fuerte condicionamiento que afecte significativamente las soberanías de los Estados miembros del Mercosur.
Objetivamente, las justificaciones políticas de ese tratado son nulas, habida cuenta que previsiblemente tendrá el mismo formato básico del ALCA, el tratado de libre comercio que EEUU intentó imponer en la Cumbre de Mar Del Plata, en 2005 (utilizando para ello a algunos presidentes afines a las “sugerencias” –léase imposiciones- de la mega potencia continental), que fuera rechazada tras duras negociaciones, por las decididas intervenciones en contrario de los entonces presidentes de las cinco naciones que hoy componen el Mercosur, sobre todo Chávez, Kirchner y Lula (sin desmedro por supuesto de los presidentes de Paraguay y Uruguay).
Si los tratados en esencia son idénticos en los objetivos, y si se reconoce como gran logro (lo fue realmente) haber logrado que Bush (h) se fuera con las manos vacías, es imposible que las actuales presiones de la UE puedan presentarse –de lograr su cometido- como una acción positiva a nuestros intereses regionales.
Básicamente pasaría a ser un retroceso de crucial importancia, en contra de la muy pregonada Segunda Independencia de Íbero América, la cual más allá de lo declarativo, necesita seguir sumando hechos concretos; y este TLC sería poco menos que un golpe tremendo que nos volverá a condicionar como simples proveedores de materias primas, de escaso valor agregado, y a ser un mercado cautivo para la poderosa industria y el elevado nivel tecnológico del hasta hoy primer bloque económico mundial, medido en función de su PBI, que es la UE.
Tanto la UE como el Mercosur, tienen notables disparidades internas entre sus miembros, considerado en función de la magnitud económica de las respectivas economías nacionales de los países miembros, de sus grados de desarrollo tecnológico, y consecuentemente del peso político real que cada país asume en el bloque regional del que forma parte.
En la UE, la troika del poder político la forman Alemania, Francia y Gran Bretaña, los tres Estados económicamente predominantes; el gigante económico-tecnológico germano, con considerable poder militar convencional; el más que respetable peso económico-tecnológico-militar nuclear y convencional del país galo, y el declinante en lo económico pero financieramente influyente rol británico; este último con sus asociaciones “por fuera” de la UE con el Commonwealth y EEUU, con su considerable brazo militar nuclear y convencional, operando como aliado menor de EEUU.
En el Mercosur, la economía principal, es por lejos la brasileña, y la Argentina es también por mucho, la principal de los hispano - parlantes. Pero lo relevante es considerar que Brasil tiene muy desarrollado y fuertemente consolidado a su sector industrial y tecnológico, en el cual además los capitales brasileños son relevantes en varios sectores de gran importancia. La propia economía brasileña está ubicada entre las diez mayores del mundo y en camino a seguir teniendo mayor importancia relativa. Eso significa que es muy competitiva, y seguramente está en buenas condiciones para resistir el embate del previsible aluvión de importaciones de bienes industriales, que pretenderá desatar la UE sobre el Mercosur, si se firma el polémico TLC.
Las economías de Paraguay y Uruguay son muy pequeñas, y si bien crecieron mucho en lo que va del actual siglo, no se orientaron fuertemente a salir de sus esquemas predominantemente primarios, no industrializados; no demostrando en los hechos una clara decisión de convertir sus procesos de crecimiento, en más abarcativos desarrollos integrales, con incorporaciones considerables de industria y desarrollo tecnológico propio. Por ello, una eventual “invasión” de productos europeos, solo lograría cambiar en parte el origen de los bienes que hoy importan, sin afectar significativamente sus actuales esquemas productivos. Venezuela por su parte, si bien consiguió logros sociales importantes, no pudo aún salir de su economía rentística, casi totalmente dependiente del petróleo y el gas. Sus esfuerzos de industrialización no resultaron hasta hoy significativos, por lo que salvo que imponga una fuerte y rápida diversificación de su matriz productiva, la avalancha de bienes industriales europeos, no variará en mucho su realidad, pero si será el certificado de defunción de sus intentos de industrialización.
En cambio el caso de Argentina es diferente al de sus socios del bloque del Mercosur. Si bien en las exportaciones, el peso de la economía primaria (agricultura, ganadería, y en los últimos años minería) sigue siendo predominante; resulta innegable que se han volcado grandes esfuerzos en reconstituir e incluso diversificar y expandir el desarrollo industrial, se está invirtiendo mucho en desarrollar tecnología, y existen claros y fuertes estímulos orientados a favorecer el desarrollo de industrias con alto valor agregado y elevado nivel tecnológico. Por ello, la apertura indiscriminada de las importaciones, que de seguro sería la nefasta consecuencia del TLC – UE (*), operará como certificado de defunción de nuestra industria e incluso de las principales ramas de desarrollo tecnológico, haciéndonos involucionar –otra vez, y tal vez irremisiblemente- al secundario y dependiente rol de simple productor primario, lo cual será –de concretarse (esperemos que no), un abrupto y definitivo descenso al subdesarrollo crónico, y una amenaza concreta a nuestro futuro como unidad política nacional (riesgo cierto de balcanización).
Inclusive aunque la balanza comercial resultante del TLC – UE, resultare muy favorable a nuestros países, en los hechos significará intercambiar productos de escasísimo valor agregado (nuestras materias primas), por bienes con mucho valor agregado y mucha inversión tecnológica implícita en ellos.
Traducido al lenguaje laboral, venderemos masivas cantidades de materias primas (sobre todo alimentos), que solo incorporan bajos niveles de salarios con escasa mano de obra; y compraremos productos complejos (la mayoría de los cuales hoy fabricamos o podemos fabricar), lo cual equivale a decir que estaremos pagando los elevados salarios de los operarios, profesionales y científicos europeos, cuyos costos estarán incluidos en el aluvión de bienes industriales con los que la UE piensa inundar nuestros mercados.
Por otra parte, el TLC-UE significaría volver a poner en vigencia la correa de transmisión, por la cual desde siempre las potencias desarrolladas nos utilizaron como basurero de descarga de sus crisis económicas, traslandándonos los costos de sus desaguisados económicos, como ahora el caos institucional que es consecuencia del neoliberalismo vigente en toda Europa.
Otro tema que no puede omitirse, si se evalúa el proyectado TLC Mercosur-UE, es que la troika del neocolonialismo del siglo XXI, está configurada por EEUU, Gran Bretaña y Francia. Y por supuesto, sería un infantilismo impropio de  estadistas, omitir que las transacciones económicas y las fuertes presiones políticas con las que usualmente se condicionan aquellas, forma parte de las relaciones internacionales, de las cuales la última pero siempre presente instancia es el poder militar con el cual cada Estado respalda su accionar. Y de hecho, Alemania no adopta una postura neocolonial más abierta, pues su rol de vencido en la Segunda Guerra Mundial no se lo permite, pero es el mega poder financiero-industrial que principalmente subyuga a sus socios menores de la UE.
En ese contexto, cabe dar por sentado también que EEUU podrá triangular sus presiones económicas sobre el Mercosur, vía Europa, y por medio del Mercosur –verdadero núcleo duro de la UNASUR, condicionar a este gigantesco bloque geopolítico en formación; y con ello consecuentemente también a la CELAC. Más aún, careceremos de justificativos válidos para evitar terminar firmando el ALCA, tan repudiado (con toda lógica) en Mar Del Plata en 2005.
Como se puede constatar, con solo analizar con la debida profundidad la situación, las implicancias del aparentemente “inocente” TLC UE-MERCOSUR, previsiblemente tendrá connotaciones crecientes y muy profundas, que condicionarán e incluso volverán a destruir la incipiente y aún frágil unidad que está construyéndose muy rápidamente –medida en términos históricos- de Íbero América y El Caribe. Unidad que no es una simple opción para nuestras naciones y nuestros pueblos, ¡es la única oportunidad para poder forjar nuestro propio destino, evitándose caer en el tristísimo rol de “Estados inviables”, y con ello, ser en los hechos manejados discrecionalmente por muy sutiles pero esclavizantes poderes externos! De esa forma, se repetiría la historia de comienzos del siglo XIX de nuestros pueblos, de independencias formales heroicamente logradas con mucha sangre y coraje; pero poco después sometidos a fortísimas dependencias político-económico-financieras, del poder mundial de turno.
Tampoco cabe omitir la historia y la realidad actual, que demuestra que los Estados miembros de la UE, siempre han sido fuertemente proteccionistas, pese a predicar el libre comercio, y siguen siéndolo, tal como nos perjudican levantando barreras a nuestros biocombustibles, en realidad como represalia por haber tenido “la osadía” (realmente el coraje y patriotismo) de recuperar para Nuestro Estado Nacional, el manejo efectivo y la propiedad de YPF.

C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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