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sábado, 29 de marzo de 2014

EL NÚCLEO DURO DEL DESHILACHADO G 7
La sucesión de intervenciones armadas sin ninguna oposición, perpetradas con creciente recurrencia desde el comienzo de la fugaz Era Unipolar (desde el colapso de la URSS en 1990), y los cambios en la doctrina de “defensa” de EEUU y la OTAN, significaron de hecho la instauración del Neocolonialismo del Siglo XXI, en el cual algunas grandes potencias se arrogaron el “derecho” de intervenir abierta y desembozadamente, a su único y libre albedrío, en cuanta nación consideren –ellos- que esa intromisión resulte “necesaria”.
Los “justificativos” de esas tropelías sistemáticas son diversos (los derechos humanos, la libertad, tenencia –supuesta- de armas de destrucción masiva, etc.), los cuales son masiva y sistemáticamente instalados en la opinión pública mundial, mediante las redes informativas que conforman un puñado de agencias globales (UPI, Reuter, France Press y otras), más diversos diarios, canales de TV, radios; y últimamente mensajes subliminales y claramente sesgados, difundidos en las redes electrónicas sociales.
Con la transformación geopolítica global que significó el brusco advenimiento de la Era Multipolar, cambió la ecuación del Poder Real. EEUU ya no posee el virtual monopolio del poder económico, político, militar, y cultural; con lo que consecuentemente ya no es el actor geopolítico excluyente, si bien continúa siendo el principal.
Ante ese cambiante cuadro de situación, las potencias neocolonialistas globales (EEUU, Francia, Gran Bretaña), están operando en varios escenarios, buscando reemplazar a gobiernos “indóciles” o no alineados, sea mediante maniobras intrusivas de guerras blandas (con sus pléyades de ONGs y Fundaciones “ecologistas”, de “derechos humanos”, “indigenistas”, etc; o con intervenciones indirectas financiando opositores y/o mercenarios contratados al efecto; y como última instancia, los bombardeos directos o las invasiones con tropas propias o de terceros países “aliados” (subordinados); con las coberturas tecnológicas, apoyos logísticos y estratégicos de las potencias neocolonialistas, o de su brazo armado comunitario, la OTAN.
El reacomodamiento geopolítico visible que significó el resurgimiento ruso, la silenciosa pero firme expansión económica y estratégica china, y las capacidades de disuasión ostensibles de otras potencias regionales; ha resultado en acciones tendientes a limitar o cercar estratégicamente a los nuevos actores principales de la geopolítica mundial.
Así como aquella Rusia en curso de disolución de las presidencias de Gorbachov y de Yeltsin, no mostró capacidad de reacción cuando su aliada paneslava Yugoeslavia fue agredida abierta y brutalmente por la OTAN, y así como tampoco intervino cuando Libia fue bombardeada y virtualmente puesta en estado de colapso y disolución; claramente Putin resultó el actor principal al impedir las agresiones directas contra Siria y al accionar rápido y preciso en Crimea; si bien la insurrección en Ucrania  instaló un gobierno alineado con la UE y en proceso de subordinación a las duras pautas político-económicas del FMI, en una compleja realidad con final aún incierto.
Con China y el resto del BRICS expectantes pero no pasivamente ausentes, con los actores principales intervinientes en la crisis ucraniana y la propia Ucrania evitando la confrontación militar –indeseable no solo para los involucrados sino para la paz mundial-, las pulseadas evidenciadas son retóricas de posibles represalias diplomáticas, económicas y similares, con poderosas exhibiciones militares que parecen no pasar de tales, sobre todo del lado de la OTAN.
Tal como se advierte, el entrecruzamiento de actores principales y los entes asociados, tiene del lado “europeísta” (por darle alguna denominación abarcativa), tanto a la propia UE, a EEUU, al G 7, y al brazo armado que es la OTAN. Por supuesto, ese listado puede llevar a confusiones ante análisis superficiales, pues esos entes tienen actores en común, y otros que en algunos casos son aliados pero no integrantes, como sucede con Japón y la OTAN.
La voz cantante de la UE la tienen las tres potencias principales: Alemania, Francia y Gran Bretaña. Pero la principal potencia económica que es Alemania, no comparte la retórica ni las acciones neocoloniales de Francia y Gran Bretaña.
El G 7 lo forman las que eran dos décadas atrás, las siete principales economías del mundo: EEUU, Canadá, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, e Italia. Los voceros principales del G 7 –supuestamente en nombre del conjunto- amenazaron con sanciones económicas a Rusia, por los sucesos de Crimea.
Pero casi al mismo tiempo, dos de tres del G 7, se apresuraron a expresar que no están de acuerdo con las imposiciones de sanciones económicas (Japón y Alemania), y un tercero no demuestra ningún entusiasmo en apoyar las declamadas represalias económicas contra Rusia.
Consecuentemente, queda en claro que el G 7 dejó de ser un bloque monolítico, ni alineado automáticamente con EEUU.
A la vez, se reafirma que el núcleo duro del G 7, de la OTAN y de la alianza UE – EEUU, está compuesto por las tres potencias neocolonialistas del siglo XXI (EEUU, Francia, Gran Bretaña), mientras que el restante socio del G 7, que es Canadá, sistemáticamente se alinea e incluso apoya militarmente al bloque neocolonialista.
Esas mismas potencias son las que o bien financian acciones desestabilizadoras en países de la UNASUR o de la CELAC -como muestran las evidencias respecto a EEUU en el actual caso de Venezuela- (y no es el único), o apoyan a la megapotencia en organismos regionales (Canadá en la OEA alineada con EEUU y Gran Bretaña, buscando injerencias en Venezuela), en la Naciones Unidas, o se apoyan en procesos colonialistas de corte decimonónico (el accionar británico en el Atlántico Sur, con los avales claros de EEUU y Canadá, y los apoyos implícitos de Francia y la UE), constituyendo esto último no solo una constante agresión a Argentina, sino a todos los bloques regionales o continentales (que no integran EEUU ni Canadá), que son Mercosur, UNASUR y CELAC.
El fortalecimiento de estos entes regionales, el desarrollo socio económico, una mayor integración en todos los planos –incluyendo al cultural-, y la creación de un poderoso organismo de autodefensa de la región, son necesidades imperiosas para nuestros países y los bloques regionales que formamos; ante potenciales y muy claras amenazas, por parte de los neocolonialistas y de sus agentes semiencubiertos, o de sus subordinados de los sectores internos carentes de patriotismo o afectados por la colonización cultural.
Queda en claro que sin perjuicio de intentar mantener cordiales relaciones con todo el mundo, estratégicamente nos es muy importante consolidar más estrechas relaciones con otras potencias no integrantes ni asociadas directas de la OTAN ni la UE, tanto en lo político, lo económico; así como en las delicadas cuestiones estratégicas de provisión de tecnologías para producir localmente medios acordes para nuestra autodefensa, o en casos puntuales para adquirir sistemas defensivos de última generación, para poseer adecuada capacidad disuasiva, ante potenciales aventuras neocolonialistas, que son lamentablemente posibilidades muy concretas.
En los últimos temas, las necesidades de Argentina son acentuadas y de extrema importancia. El tema será analizado con mayor amplitud en otros artículos.

C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

Analista de temas económicos y geopolíticos

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