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miércoles, 12 de febrero de 2014

EL ESTRATÉGICO TEMA DE LOS PRECIOS DE LOS COMBUSTIBLES
Uno de los objetivos del golpe de mercado armado recientemente en Argentina, es llevar los precios de los combustibles a valores internacionales.
Ese fue claramente el justificativo que el responsable de la filial local de Shell expuso, al ser consultado por los motivos de sus recientes acciones groseramente desestabilizadoras, propinantes y abanderados visibles de las presiones fuertemente devaluatorias, instrumentadas por medio del Banco con el cual opera la petrolera anglo holandesa, el HSBC, “casualmente” también de capitales británicos, por medio de la burda maniobra de compra de dólares a una cotización muy superior a la vigente en ese día.
Por supuesto que a nadie medianamente informado escapa el hecho que el objetivo principal fue –y sigue siendo- lograr la defenestración del actual gobierno, constante objetivo del establishment neoliberal y ultra conservador en lo político.
Aunque ese sector de la clase media poco informada y muy susceptible de ser influenciada por las campañas mediáticas, no lo sepa o no lo recuerde, esa misma metodología –adaptada a las condiciones de cada época histórica- fue la aplicada para expulsar del gobierno a Yrigoyen (1930), a Perón (1955), a Frondizi (1962), a Illia (1966), al peronismo (1976) y a Alfonsín (1989).
Haciendo un poco de historia, el golpe de Estado contra Yrigoyen (primer gran caudillo popular y nacional del siglo XX), según diversos analistas bien documentados, “tuvo claro olor a petróleo”, pues el primer objetivo fue “enanizar” a la estatal YPF (primera petrolera estatal del mundo, sumamente eficiente en esos años), pues las constantes presiones de Shell y Esso apuntaban a cobrar valores internacionales al combustible vendido en el mercado interno, pese a que los costos de extracción en Argentina eran sensiblemente más económicos que la media internacional. La persecución contra los Generales Ingenieros que tan eficiente y patrióticamente habían dirigido a YPF en sus primeros ocho años, fue simplemente feroz. Mosconi debió exiliarse, y murió años después en digna pobreza; mientras que Baldrich debió soportar las penurias de la injusta cárcel. Los combustibles se encarecieron, alineándose con cotizaciones internacionales. Después sobrevendría la década infame, de la mano de Justo y sus continuadores, con los habituales doctores de apellidos ilustres, que combinaban sus cargos en empresas extranjeras (básicamente británicas), con la función pública, con las complicidades de la “prensa seria” (liberal a ultranza) y los partidos de la componenda política adocenada (conservadores, radicales “galeritas” –alvearistas-, socialistas, etc.).
En 1955, el golpe financiado, armado (municiones y combustibles para los barcos sublevados, y posiblemente logística para otras armas) y luego festejado por Gran Bretaña, además de pretender retrotraer Argentina a su triste rol de país- estancia, y desarmar todas las muchas conquistas sociales, tuvo por finalidad hacer caer el contrato petrolero con La California, que hubiese posibilitado el autoabastecimiento petrolero, comandado por YPF. Abortado el contrato, las importaciones de petróleo siguieron erosionando la Balanza de Pagos…
Entre 1958 y 1962, aún bajo enormes presiones frutos de su debilidad política y del altanero rol de las cúpulas militares herederas de la “revolución fusiladora” del ’55, el gobierno de Frondizi no solo emprendió una fuerte y muy decidida industrialización y construcción de grandes obras de infraestructura, sino que por primera vez se alcanzó el autoabastecimiento petrolero, mediante contratos de concesión con empresas foráneas, pero que reservaban totalmente el manejo y operación del crudo a la estatal YPF.
El golpe de Estado de 1962, nuevamente frenó el proceso de transformaciones, y luego de las condicionadas elecciones de 1963, los contratos petroleros fueron anulados…sin que en los hechos se concretaran acciones de reemplazo a esos contratos, con lo que se debió volver a importar crudo.
Otro golpe de Estado se produjo en 1966, que los historiadores revisionistas vinculan con las presiones de los laboratorios productores de medicamentos, ante la declarada intención del gobierno de Illia de ordenar al sector, para abaratar los precios de los remedios. Fue un golpe de Estado atípico, pues curiosamente demostró después tener componentes de orientación nacional, como lo demuestran los fuertes impulsos al Plan Nuclear, los decididos apoyos a la industrialización y el notable Plan Europa de reequipamiento de las Fuerzas Armadas, con muchos componentes fabricados localmente. Pero los componentes liberales que guiaron aspectos económicos, favorecieron la extranjerización de la economía argentina. El autoabastecimiento de petróleo siguió siendo materia pendiente.
El golpe de Estado de 1976, además de ser la reedición corregida y ampliada de la década infame (la de 1930-1943), destruyó sistemáticamente la economía argentina y empobreció a la población, además de obligar a las Empresas del Estado a asumir irracionales deudas, de las cuales las divisas de los préstamos eran automáticamente transferidas al Tesoro Nacional, para enjugar los crecientes déficits. Perversa política que adrede hizo pasar como “ineficientes” a las empresas estatales, pues sus balances daban resultados negativos, a consecuencia de los brutales endeudamientos. Por supuesto, eran conducidas por agentes del liberalismo extremo, es decir funcionarios interesados en presentarlas como ineficientes, para facilitar sus posteriores ventas o desguaces, lo cual fue consumado años después, en el apogeo del neoliberalismo durante los terribles años de la década del ’90.
El golpe de mercado contra Alfonsín, en 1989, tuvo por finalidad apurar la asunción de Menem al poder, ya imbuido de su rol de “buen alumno” del neoliberalismo a ultranza, manejado por el Consenso de Washington. Las nefastas consecuencias de ello son muy bien conocidas, aunque algunos se empeñen en “olvidarse”.
Al “privatizarse” (extranjerizarse) YPF, además de saquear nuestras reservas de petróleo y gas sin ningún freno ni control, las referencias de precios fueron los internacionales.
Más caro para los consumidores argentinos, ya muy castigados en esos años, y menos competitividad para la industria nacional.
Recuperado el control de YPF y parcialmente (51%) la propiedad, faltando aún reconstituir Gas del Estado (y refundar Agua y Energía Eléctrica), será bastante dificultoso imponer precios acordes a los costos nacionales a los combustibles, por los entrecruzamientos de intereses de los contratos de explotación de yacimientos, y por las regalías que perciben las provincias petroleras.
Lograrlo sin apelar a subsidios, será un punto importante para favorecer la mayor competitividad de la economía argentina. Es un tema estratégico, tal como lo prueba la historia argentina.


C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

ANALISTA DE TEMAS ECONÓMICOS Y GEOPOLÍTICOS

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