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viernes, 12 de abril de 2013


LOS HEREDEROS DE LA GENOCIDA

Además de indudable es recurrente calificar de genocida a la Tatcher, tanto que de tan repetido suena a tedioso.

Sin duda con toda lógica, a los argentinos, el solo nombre de la arrogante primera ministra del vetusto imperio, nos es profundamente repulsivo. Pero el calificativo de genocida no le cabe “solo” por su directa responsabilidad en la Guerra del Atlántico Sur, en la cual no le hizo asco destruir toda posibilidad de paz, que entre otros intentó gestar el peruano Javier Pérez de Cuellar, por entonces Secretario General de las Naciones Unidas.

Directa responsabilidad le cabe –y de seguro estará rindiendo cuentas- por las bajas de ambos bandos, del orden de cerca de 2.000 en total (649 argentinos, y por lo menos 1.300 británicos, lejos de la rebuscada y mentirosa cifra oficial de 255 muertos reconocidos por los agresores de la “Rubia Albión”), a lo cual cabe sumar los miles de suicidios inducidos por traumas de guerra en ambos sectores, más los muchos mutilados y centenares de heridos; todo eso como resultado trágicos de esa breve pero intensa guerra.

Pero los cargos a la soberbia y sanguinaria dirigente británica van mucho más allá, pues se la recuerda por doblegar con saña impiadosa a los mineros de su reino, para imponer sin ninguna consideración social el más despiadado neoconservadurismo, ideología político-económica forzada a escala planetaria, con la dupla Reagan – Tatcher como mascarones de proa, al servicio del establishment mega corporativo transnacional. Y la recesión que aqueja a Gran Bretaña y a su clara decadencia, es principal y directa responsabilidad de los conservadores, con Churchill y Tatcher como los exponentes principales.

Las consecuencias del accionar de los “neocon” (neoconservadores) son tan múltiples como negativas, pues no solo se dedicaron con brutal ahínco a destruir todo vestigio del paradigma del Estado Benefactor, sino que impusieron con la fuerza bruta del poderío militar abrumador, una nueva etapa en la Geopolítica Mundial, al pasar a la era de las intervenciones militares directas “preventivas”, eufemismo por el cual el por entonces unicato del Poder Mundial se autoconfirió la Potestad Suprema de intervenir en cualquier lugar del mundo, bajo las excusas prefabricadas para cada ocasión, con tal de doblegar voluntades y Estados Nacionales, aún con simples pretextos incluso burdos, para apoderarse de riquezas naturales estratégicas o para ocupar enclaves de renovadas importancias geopolíticas, o para hacer desaparecer a líderes “incómodos” no amoldados a los “mandatos” del neoconservadurismo globalizador.

Mediante la aplicación forzosa del llamado neoliberalismo salvaje que tanto daño nos hizo a los argentinos en el cuarto de siglo neoliberal -1976-2001 (período bien conocido pero aparentemente poco recordado en Argentina), empujaron al desempleo, la pobreza o la miseria total (según los casos), a la desesperanza, a las emigraciones masivas, a la inculcación del egoísmo social más perverso, y a la aniquilación sistemática de los Estados Nacionales; siendo con ello responsables de cuadros de caos social, destrucciones de familias, suicidios por desesperación extrema, y otros deplorables cuadros socio – políticos.

Clara y brutalmente, el establishment mundial y sus asociados locales, buscaron imponer la excluyente hegemonía de la ortodoxia económica (o sea el liberalismo económico en su más cruda versión), lo cual significa la desaparición lisa y llana de los Estados Nacionales, y con ello la imposición de la ley de la selva en lo socio económico, y de simples partidocracias cómplices y obsecuentes con los grandes poderes financieros; en vez de democracias profundamente participativas, con inserción popular y con fuerte sentido de los Valores Nacionales.

Como notables efectos secundarios, en una de esas impensadas volteretas de La Historia, a las tres décadas de obligar a casi todo el mundo a aceptar el “pensamiento único” con todas sus buscadas y totalmente previsibles consecuencias perversamente destructivas, las dos grandes potencias anglosajonas, casi todos los otros países del G 7 y buena parte de Europa pasaron a sufrir los efectos del neoliberalismo, en sus propias economías y por ello en sus propias poblaciones.

El descontrol, el desenfreno especulativo y la virtual suma del poder público económico entregado (o tomado por asalto) por las grandes corporaciones financieras transnacionales, dieron origen a gravísimos cuadros de desbalances estructurales en las economías de las otrora arrogantes potencias del G 7, grupo del cual su poderío económico fue corroyéndose y con ello se resintió claramente el antes omnímodo poder político que detentaban a escala planetaria.

Hoy el cuadro geopolítico mundial es otro, y claramente la ecuación de poder sigue volcándose hacia una multipolaridad, con crecientes importancias y roles más activos por parte de las Potencias Emergentes, una de las cuales es sin duda Argentina.

Pero resulta muy claro que en Argentina y en Íbero América, los “herederos de la Tatcher” siguen con sus tareas de zapa, buscando entorpecer los programas y modelos económicos heterodoxos, los cuales tienen al Estado como un protagonista activo, y su accionar pone como prioritarios no solo una mejoría sensible de los indicadores sociales, sino que –por distintas vías y con metodologías acordes a cada país- claramente buscan definir las Políticas de Estado que configuren las pautas conducentes al Desarrollo Socio Económico, y a redefinir los enfoques geopolíticos, en un proceso complejo que destacados analistas denominaron Nuestra Segunda Independencia.

Esos agentes del neoconservadurismo que busca reinstalar la tiranía de la globalización salvaje, siguen actuando desde distintos frentes, en un abanico de acciones que desde la Geopolítica se define bajo el concepto de Guerras Blandas.

En ese contexto, los ”herederos de la genocida Tatcher” (de los “neocon”), pueden ubicarse en diversos ámbitos.

·       Los “grandes medios de comunicación”, desde siempre operando como apéndices de los intereses extranjeros. Ya Mitre y sus acólitos lo hicieron sistemáticamente desde la segunda mitad del siglo XIX.

·       Los “analistas serios”, según prestigios prefabricados o potenciados por el establishment. No importa al efecto cuanto pudieron haberse equivocado, como tantos “expertos” en política, economía, etc., que cantaron loas al neoliberalismo, al “proceso”, al menemato, etc.

·       Los “académicos de renombre”, ídem al caso anterior.

·       Diversas ONGs “ecologistas”, “indigenistas”, derecho humanistas”, etc., las cuales o son directamente manejadas por las potencias del G 7 (en muchos casos dirigidas por Gran Bretaña), o responden fielmente a sus consignas y directivas. Greenpeace, WWF Vida Silvestre, Mapuche Nation y otras, son ejemplos claros de esas tareas de zapa.

·       Los dogmáticos del marxismo y otras doctrinas disolventes, que en función de las rigideces dogmáticas y el encasillamiento, pasan a jugar en contra de los Intereses Nacionales. El accionar del Partido Comunista Argentino y otros similares, demuestra con amplitud sus confluencias finales permanentes con el establishment, tal como la Historia Argentina lo prueba.

·       Los patrioteros de bandera, y otros adoctrinados, que por lo general ni se dan cuenta de sus acciones antinacionales, tal como han sido usados permanentemente a lo largo del siglo XX.

·       Las Fundaciones y otras instituciones que operan como apéndices de los intereses del neoliberalismo salvaje y sus ramificaciones.

·       El listado no se agota allí.

 

C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

 

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