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jueves, 18 de abril de 2013


EÓLICAS SOLO EN SU JUSTA MEDIDA

 

Una de las gruesas falsedades muy repetidas en los últimos tiempos, es presentar a la energía eólica como “la gran solución”, además de “barata”, “totalmente limpia” y “sin complicaciones”. Todo eso es burdamente falso, tal como se explicará seguidamente.

La madre de esas mentiras es decir que “el viento es gratis”, omitiendo que la energía eólica no solo no es gratis, sino que es muy cara y problemática.

Partamos de la realidad que las necesidades energéticas de Argentina, Sudamérica y el mundo, son tan enormes y tan fuertemente crecientes, que no puede dudarse que será necesario apelar a todas las alternativas. Pero tal como dijeron los filósofos socráticos, y lo repitió El General tres veces presidente constitucional, “todo en su medida y armoniosamente”.

Algunos sectores de opinión, con argumentaciones fuertemente emotivas pero en nada técnicamente fundamentadas, se dedican a afirmar y repetir que con la energía eólica se puede abastecer a todo un sistema eléctrico nacional, por caso el SADI (Sistema Argentino de Interconexión). Esa afirmación, además de burdamente falsa, esconde poderosos y nada transparentes intereses económicos, además de turbias presiones geopolíticas negativas.

No es cierto que la eólica sea “la gran solución”, ni “barata”, ni “limpia” ni “sin complicaciones”, por los siguientes motivos.

·       No es técnicamente apta para operar como energía de base de ningún sistema eléctrico, pues a su aleatoriedad (los vientos no se controlan ni se “almacenan”) se le agregan las inmanejables variabilidades de la velocidad e intensidad del viento, lo que provoca permanentes oscilaciones en el proceso de generación eléctrica. Esas oscilaciones a su vez causan fuertes variaciones en la tensión, el voltaje y las armónicas del fluido eléctrico.

·       No todos los lugares geográficos están dotados de vientos permanentes. Por caso, el NEA (Nord Este Argentino) claramente carece de una capacidad eólica mínimamente interesante a los fines de la explotación energética a gran escala. Pensar abastecer desde La Patagonia al consumo del Norte Grande (NEA más NOA), es desconocer las elevadas pérdidas (normales) de energía en las líneas, en semejantes distancias. Por ello, las necesidades eléctricas del Norte Grande –cuantiosas y fuertemente crecientes- requieren fuentes de generación emplazadas en la propia región. La eólica simplemente no alcanza, más allá que su función es complementaria.

·       Los costos reales de las eólicas son muy elevados. Su falta de competitividad económica obliga a implementar generosos sistemas de subvenciones. Por caso, España está padeciendo las consecuencias de una irracional política de incentivos a ultranza de las eólicas y solares. Inciden en sus costos por KWh varios factores:

1) muy baja productividad; en promedio es necesario triplicar la Potencia Instalada para igualar –teóricamente- la generación producida por una central convencional (termoeléctrica, hidroeléctrica o nuclear);

2) necesidad de mantener como respaldo técnico una central convencional funcionando en paralelo, o contar con un denso mallado eléctrico que cumpla la misma función (todo eso es muy costoso);

3) costos de fabricación e instalación considerables;

4) complejidades y riesgos en procesos de mantenimiento y reparaciones (trabajos a gran altura, sumado a la dispersión física de las instalaciones, lo cual provoca problemas logísticos);

5) vida útil reducida (a lo sumo dos décadas), a lo que se agregan las complejidades del desmantelamiento y desguace, complicado y costoso.

·        Este hecho demuestra que no es cierto que sea una energía barata. Por el contrario, NO es competitiva, de allí los fuertes subsidios para hacerla operativa.

·       La supuesta “total ausencia de contaminación” es otra falacia impuesta por el ecologismo fundamentalista, y fogoneada por los fabricantes y otros beneficiarios de la (irracional) política de instalar eólicas “al como sea”. Fabricar, transportar, instalar, y al final de la vida útil desmontar y desguazar “los ventiladores” tiene evidentes costos ambientales (¿acaso no se gasta energía y muchos insumos para cada uno de esos procesos?). La operación tampoco es totalmente limpia, pues requiere repuestos, lubricantes y otros componentes, además de los costos ambientales derivados de la logística, complicada por la dispersión geográfica y por tener que operar en grandes alturas (riesgos laborales por realizarse trabajos equivalentes a operar en edificios de 20 a 30 pisos). Por otra parte, las eólicas son conocidas “degolladoras de aves” (las rutas migratorias coinciden con las áreas ventosas más aptas para generar energía), sus ruidos son molestos, y ubicadas en zonas relativamente pobladas, deben tener un área de seguridad de 1,5 a 2 Kilómetros a la redonda, por eventuales desprendimientos de piezas, y en zonas frías, por despedir trozos de hielo a gran velocidad y distancia. ¿Neutras ambientalmente…? En Gales la gente se opone a nuevas instalaciones de “ventiladores” y en Horspath (Oxfordshire) hubo una pueblada para impedir que se instalen eólicas. ¡Nada de eso dicen los promotores a ultranza de estas falazmente “limpias” fuentes de generación! ¿Por qué…?

·       Queda en claro que es una tecnología que implica afrontar un montón de complicaciones, lo cual significa costos (económicos y ambientales), limitaciones técnicas y operativas. Las eólicas solo pueden conectarse a los sistemas eléctricos, con el respaldo de una central convencional (para estabilizar el flujo de energía), o alternativamente con un denso mallado eléctrico. Si es con una central de respaldo, la misma deberá estar operativa, o sea que si es a gas o petróleo, deberá estar funcionando, quemando hidrocarburos, lo cual es caro y contaminante, siendo costos adjudicables a las eólicas. Si el respaldo fuese una hidroeléctrica, con seguridad se estará desperdiciando parte del caudal de agua, para generar como respaldo técnico de las dudosamente “eficientes” eólicas. Y en las vastedades patagónicas, pensar en un mallado eléctrico, solo como respaldo de “los ventiladores”, es no tener ni idea de los costos ni de las dificultades técnicas.

 

La propia Asociación Argentina de Energía Eólica, en la persona de su presidente Erico Espinadel, considera que a lo sumo la eólica puede tener una inserción de hasta un 10 % en la matriz eléctrica argentina. O sea, solo es un complemento; de ningún modo “la gran solución” como nos quieren “vender”.

En otro artículo se analizarán las motivaciones y las vinculaciones entre los intereses de las termoeléctricas, entrecruzados con las promociones a ultranza de las eólicas, y allí se podrán entender las curiosas “aceptaciones” de los ultra ecologistas, respecto a la generación termoeléctrica, así como las motivaciones de los guiños cómplices de los térmicos y petroleros respecto a las eólicas.

 
C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

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