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sábado, 16 de marzo de 2013


REFERÉNDUMS, PLEBISCITOS Y OTROS MAMARRACHOS

La frase más acertada para calificar el absurdo referéndum de los kelpers, es considerarlo una autoafirmación de los “ocupas”, de los ocupantes ilegales. Equiparable a una votación de usurpadores de un edificio, que pretendan luego exhibir ese acto reñido de toda legalidad, como base de sus pretensiones de usurpación permanente.

Por otra parte, tal como analicé en mi reciente artículo “El Imperio está molesto”, este referéndum de los isleños británicos, es una prueba palpable demostrativa que el accionar argentino en diversos foros internacionales, con una persistencia y contundencia destacables, está poniendo muy incómoda a la posición colonialista y agresora del vetusto imperio anglosajón europeo.

Más aún molesta al agresivo y vetusto imperio, que el nuevo Papa es argentino. ¡Eso está muy claro, según el siempre agresivo y muy nervioso Cameron!

Es muy claro que el tema de los archipiélagos australes (Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur), es una prioridad para Argentina, pero también para el Mercosur, la UNASUR y la CELAC, por la prolongación de la usurpación colonialista, y por la amenaza que implica a la región y sus proyecciones marítimas y antárticas.

Pero desde otra óptica, queda en descubierto que montar la parodia que es un referéndum monocorde, digitado desde Londres y aceptado por sus súbditos, no oculta la usurpación territorial. Eso también demuestra que esos actos predigitados –llámense referéndums o plebiscitos- pueden ser usados como pantallas de decisiones preacordadas por las cúpulas o sectores del poder.

Y en ese sentido, el absurdo referéndum kelperiano, nos trae a la memoria el rebuscado plebiscito anti represas, montado en Misiones en pleno noventismo (en 1996), aquella década tristemente recordada por ser la de la exacerbación de las muy nefastas políticas neoliberales; las mismas que provocaron miseria, entrega del patrimonio nacional, vergonzosos actos de corrupciones institucionalizadas a escalas mayúsculas, y que casi nos costó la unidad político – territorial de nuestro país, claramente empujado a un proceso infame de balcanización.

En esos años, las deshilachadas estructuras partidarias, conscientes de su creciente deterioro ante la opinión pública, montaron en Misiones el circo politiquero de un plebiscito “en contra de”, en el que no le ganaron a nadie, pues todo el arco político –muy cargado de neoliberalismo activo o de pasivas complicidades con el establishment-, se alineó “para ganar” luego de una maratón de retorcidas opiniones cargadas de errores técnicos, inexactitudes, falsedades de todo calibre; y sobre todo, una absoluta falta de previsión del futuro y de como cubrir la demanda eléctrica sin profundizar la dependencia de los hidrocarburos (petróleo y gas), que ya marcaba un sesgo preocupante en nuestra distorsionada matriz energética.

No pudo sorprender que la claque del ecologismo fundamentalista, tan carente de patriotismo (reemplazado por un difuso “amor a Gea” –La Tierra-), como lleno de dogmatismo fanático, haya apoyado entusiastamente aquel absurdo acto de engaño masivo a la opinión pública que fue el plebiscito.

Y tras bambalinas, también lo apoyaron los múltiples intereses creados, vinculados con la generación termoeléctrica (importadores de usinas convencionales, transportistas de petróleo, asesores especializados, e incluso estructuras interesadas en evitar “usinas que necesitan poco personal”, etc.).

Hoy aparecen otros actores que se suman a la parafernalia anti represas, o viejos actores trasvestidos con nuevos ropajes, como los promotores a ultranza de eólicas, que por sus limitaciones técnicas, necesitan los respaldos de usinas térmicas funcionando en paralelo. ¡Entonces las supuestas “virtudes” ecológicas de las eólicas demuestran su falsedad, y de sus altísimos costos y problemas ambientales, ninguno de sus “promotores” ni se acuerdan ni mencionan!

A casi dos décadas del mamotreto impresentable que fue el plebiscito anti represas de 1996, ninguno de los gestores de entonces pudo probar que ventajas obtuvo nuestra provincia y nuestra nación, con aquel pírrico “triunfo” no solo hueco de sustancia, sino carente de propuesta alguna superadora. Como tampoco ninguno de los que hoy –sin aprender nada de la historia y sin sustento técnico alguno- pretenden mostrar como “un gran logro democrático” ese engendro de la partidocracia mediocre y neoliberal que fue aquel amañado plebiscito, adhiriendo a planteos falsos y descolgados de la realidad, solo sustentables en mentes afiebradas de fundamentalistas de la ecología; y siguen opinando irresponsablemente en un tema complejo que no admite improvisados ni advenedizos, como lo es el energético; con fuertes connotaciones estratégicas, sociales, económicas y geopolíticas.

C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

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