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martes, 7 de marzo de 2017

DEFINICIONES SOCIOLÓGICAS ARGENTINAS Y TEMAS VINCULADOS
Definiciones sociológicas de determinadas tipologías socio culturales de Argentina, según Jauretche. “Tilingo” es el clasemediero que “se cree” o “quiere hacer ver” que es parte de la oligarquía, suele ser un colonizado mental crónico, y vive en función de las apariencias, siempre termina operando contra sus propios intereses y los de la nación. “Guarango” se dice de los nuevos ricos, que no aprendieron las formalidades del buen gusto y los buenos modales, y que suponen que “con la plata todo se disimula”. El “garca”, apócope de oligarca, en épocas de Jauretche (hasta medio siglo atrás), se aplicaba a la pseudo aristocracia agro ganadera, mega terrateniente, principalmente de la Pampa Húmeda. Hoy la oligarquía se diversificó. El “garca” se cree dueño de verdades absolutas, sobre todo en temas políticos y económicos, y aplica para ello el mismo criterio de amo feudal que utiliza en sus establecimientos rurales, en los que su palabra no admite discusión alguna, y por ello le enfurece hasta el odio más profundo, ser cuestionado e incluso dejado sin argumentos, por sectores de las clases medias y bajas que no se subordinan a sus perimidos esquemas mentales, propios de la segunda del siglo XIX en aquella Argentina subordinada a Gran Bretaña.
Son palabras y conceptos hoy casi en desuso para el argentino medio, pero en lo sociológico, tienen plena vigencia.
Modestamente, dentro del pensamiento jauretcheano actual, me permití agregar nuevas tipologías sociológicos: el “procesero macrista” es el militar o civil cooptado ideológicamente por la doctrina de la seguridad nacional –opuesta a la Doctrina de la Defensa Nacional-, que sigue anclado en los años ’70, y que ahora se siente “identificado” con el accionar represivo y antipopular del actual gobierno nacional, de metodologías tan similares en los hechos a las del “proceso”, y además con idénticos planes económicos neoliberales a ultranza. Tiene incorporadas formalidades patrióticas, que chocan de bruces con sus apoyos explícitos a políticas económicas de corte claramente antinacional, como el neoliberalismo rampante. Pero por cerrazón mental extrema, ni se da cuenta de sus tremendas contradicciones ideológicas, y su “razonamiento” solo distingue al “enemigo marxista”, al cual cree ver en cuanta opinión que no cuaje con sus vetustos esquemas mentales. Usualmente, no tiene ni idea de geopolítica, y tampoco suele saber mucho de historia ni de economía. Le suele costar mucho distinguir matices, y por lo general funciona solo bajo el esquema binario simple de amigo-enemigo. Algunos conocidos analistas políticos y geopolíticos no se esfuerzan por esclarecer esas confusiones, pues de hacerlo dejarían de ser bien vistos en determinados círculos en los que interactúan.
El “patriotero de bandera” no se diferencia mucho del precedente, y es ese curioso tipo de colonizado mental, cuya noción de patriotismo no va más allá de la exaltación del himno y la bandera, siendo fácilmente manipulable por los sectores oligárquicos y antinacionales, que apelan a sus severas limitaciones y encasillamientos de pensamiento para utilizarlos como dóciles fuerzas de choque en contra de cualquier expresión a favor de los genuinos Intereses Nacionales y Populares. Ese patriotismo miope, que se agota en los símbolos patrios, es definido por el Dr. Julio Carlos González (ex Secretario Legal y Técnico de Perón y de M. E. M. de Perón, y ex preso político de “proceso”), como “patriotismo cromático y musical”.
Por su parte, desde el supuesto otro extremo del arco ideológico, pero coincidiendo funcionalmente con aquellos que sus ideólogos identifican como “de derechas”, están los “progres fuera de foco”, las distintas y variopintas “progresías”, que con tanta liviandad suelen adherir a posturas antinacionales, las que son edulcoradas u ocultadas bajo fachadas “ecologistas”, “indigenistas”, “derecho humanistas” o tópicos similares, hábilmente instalados por ONGs o Fundaciones transnacionales, principalmente británicas, las que semi soterradamente operan en nuestro país y naciones hermanas de la Patria Grande.
Como una constante casi sin excepciones, mostrando que los sectores antinacionales terminan teniendo coincidencias operativas e incluso de objetivos, aunque “para la tribuna” se puedan diferenciar como de “izquierdas” y “derechas”, resulta sumamente notable que tanto los viejos militantes de “izquierdas” y diversos reaccionarios sumados al neoliberalismo más descarnado, o sea las “derechas” recalcitrantes, confluyen apoyando tan entusiasta como infundadamente, a los planteos ultra montanos del ecologismo cavernario; el mismo que bajo la excusa del “conservacionismo” nos quiere hacer involucionar al siglo XIX, o incluso antes, promoviendo la aceptación no solo mansa, sino la militancia fervorosa, a favor de planteos de subdesarrollo crónico, bajo pátinas falaces de “defensa del medio ambiente”.
Como notable contrasentido, sectores trostkistas y similares, terminan enganchados como fervorosos militantes del ecologismo cavernario, el mismo que tras bambalinas es digitado por grandes poderes transnacionales que buscan imponer la globalización y el subdesarrollo crónico para países que no pudieron alcanzar la categoría de países desarrollados; poderes transnacionales del supuestamente tan odiado “capitalismo”; poderes “detrás del trono” que están muy vinculados por lo general con grandes empresas petroleras / gasíferas transnacionales cuyas casas centrales están en las Potencias Neocolonialistas del siglo XXI, desde las que fogonean el odio visceral a las energías hidroeléctrica y nuclear, por ser mucho más eficientes que la energía termoeléctrica (la que quema hidrocarburos).
O sea que las Potencias Neocolonialistas, básicamente EEUU, Gran Bretaña, Francia y sus asociados menores, como algunos de la Unión Europea y de la Comunidad Británica de Naciones, son las fuentes de las que emanan “las letras” que marcan la tendencia “ecológicamente correctas” para que el subdesarrollo crónico se acepte en nombre del conservacionismo extremo y llevado a nivel de dogmas cuasi religiosos. Esos dogmas, repetidos hasta el cansancio, convencen tanto a sectores de clases medias acomodadas e incluso componentes de estamentos medios/medios y medios/bajos que no saben que hacer con su tiempo o que carecen de mejor causa por la cual luchar; y curiosamente también seducen a fervorosos militantes “anti sistema” de “las izquierdas”… que terminan siendo peones funcionales de los intereses que dicen aborrecer.
De los miembros de la comunidad británica de naciones, operan en este sentido principalmente las potencias intermedias de las “colonizaciones blancas” anglosajonas, que demuestran grandes afinidades culturales y geopolíticas con los postulados de “la Rubia Albión”; o sea Canadá, Australia y Nueva Zelandia, básicamente, y en menor escala tal vez Sudáfrica.
En ese entorno de confusiones prefabricadas, quienes son cooptados a ultranza por las ONGs terminan perdiendo o diluyendo toda noción de sano patriotismo y de búsqueda del desarrollo socio económico como objetivo necesario y permanente sin el cual las mejoras en el nivel general de vida pasan a ser meras quimeras irrealizables.
Y también en ese contexto, los sectores militares que caen en las vacuidades de doctrinas contrarias de hecho al interés nacional, como el liberalismo y el neoliberalismo, al desconocer principios esenciales de geopolítica, estrategia y defensa basados en el mundo real actual y sus proyecciones, terminan aferrados a meros formalismos huecos que los inducen en un mar de severas confusiones, e incluso a ser involuntarias herramientas de los intereses antinacionales. Y se enfatiza esto, pues es muy grave. Un militar o un componente de una fuerza de seguridad, que no tenga ni idea de geopolítica ni de historia nacional real (no el mero discurso edulcorado del academicismo mitrista); es un sinsentido tan grande como un ingeniero civil que no sepa calcular una estructura, o un médico que no conozca de clínica médica.
Implementar soluciones a esas graves confusiones doctrinales, forma parte de la esencia de la gran batalla cultural, la cual si no se resuelve exitosa y totalmente, nos atará irremisiblemente a un triste destino de republiqueta bananera, o peor aun a la total balcanización de nuestro extenso territorio nacional, borrando todo
vestigio de argentinidad.
MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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