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domingo, 4 de diciembre de 2016

DEMOLIENDO LA INDUSTRIA HASTA LOS CIMIENTOS
- Apertura indiscriminada de las importaciones, a contrapelo del proteccionismo creciente vigente en el mundo.
- Achicamiento brutal del mercado interno por la acentuada reducción del poder adquisitivo del salario, a consecuencia de la recrudecida inflación y de la fuerte transferencia negativa de los ingresos (concentración descomunal de la riqueza en muy pocas manos).
- Elevación sideral de los costos financieros, que desalienta a las inversiones, sobre todo del pequeño y mediano empresario.
- Recrudecida inflación que trastoca toda planificación no ya de crecimiento, sino de al menos sobrevivir en actividades productivas “no privilegiadas”. Entiéndase por “privilegiadas” a la oligarquía campera, la gran minería, las finanzas, importadores y especuladores varios.
- Desfasaje en la cotización del dólar, por el doble efecto de la alta inflación y del artificial mantenimiento de la cotización de la divisa (igual que “la tablita cambiaria” de Martínez De Hoz y la “convertibilidad” de Cavallo, ambos instrumentos de la desindustrialización), que impide exportar por sobrevaluación de costos internos, que falazmente culpan a “los altos salarios”.
- Facilidades insólitas para entrar en la desenfrenada timba financiera oficial, recreada por el BCRA conducido por el mismo que fue uno de los que hicieron semejante nefasta operatoria en los años ’90 (Sturzenegger).
- Amplísimas facilidades para fugar capitales, a partir de la “liberación” (libertinaje más bien) para adquirir y transferir al exterior enormes cantidades de dólares, sea mediante depósitos en el exterior o en empresas fantasmas en paraísos fiscales (todos estos temas que son “la especialidad” del actual presidente y buena parte -sino todos- de su círculo áulico de colaboradores cercanos en el gobierno).
- Oídos sordos para escuchar los reclamos de las patronales empresarias industriales y las indignadas protestas y justificadas broncas de los obreros, calificados y no calificados, que están siendo echados de sus trabajos en industrias y entes tecnológicos, día a día.
- Peor que lo anterior, burlas explícitas de ministros como Prat Gay, Triaca y otros, ante los generalizados reclamos que provoca la masiva desindustrialización.
Para entender que todo eso se está perpetrando no por impericia o descuido, sino como parte de una maniobra general para achicar la economía argentina a niveles de horror económico – social, para destruir de una vez todo atisbo de industrialización y desarrollo tecnológico propio, y para destrozar todo principio de soberanía nacional, debe recordarse lo siguiente.
- La oligarquía campera de Argentina (concentrada básicamente en la muy rica Pampa Húmeda, pero con ramificaciones en todo el país, y principalmente en provincias ultra conservadoras, de estructuras socio – políticas feudales,  como Corrientes, Salta y posiblemente algunas más), desde siempre fue cerradamente antiindustrialista, adhiriendo como justificativo “académico” a las mentiras institucionalizadas del liberalismo dieciochesco y decimonónico, a las que se prenden como tablas salvadoras de sus privilegios de clase dominante excluyente y egoísta. Las muletillas más usadas son, entre otras: “la mano invisible de los mercados” –para justificar las tropelías de las corporaciones, sin el necesario contrapeso de un Estado fuerte y activo-, “la conveniencia de dedicarnos solo a aquello en lo que tenemos ‘ventajas naturales’ “ –como excusa para impedir todo intento de desarrollo integral e industrialización-, y otras patrañas por el estilo. En esas “mentiras al cuento” ningún economista serio cree hoy en día, pero son citadas como “verdades" reveladas por los mercenarios del subdesarrollo crónico que apelan a esas falsedades como factores de confusión al servicio del establisment retrógrado y ultra conservador.
- Esas destrucciones del Estado como actor activo y de todo desarrollo integral de la Economía Argentina, ha sido el accionar repetitivo y sistemático de todos los gobiernos oligárquicos, que fungieron como simples mandaderos de los poderes de la potencia de turno (antes Gran Bretaña, después EEUU, hoy la “troika” de EEUU más Canadá (América del Norte), la Unión Europea, y Japón; sin olvidar a los grandes poderes financieros transnacionales, actores activos de la globalización a ultranza. Todos ellos están en contra del desarrollo de Argentina como nueva potencia emergente, y de la consolidación del gran Bloque Regional que debe ser la UNASUR, e incluso la CELAC. Nos quieren dóciles y desunidos, como colonia económica proveedora fácil de materia prima, que no discuta espacios de poder. Para eso están decididos a pulverizar todo vestigio de industria y tecnología nacional argentina.
- Otras ramificaciones en las que mutó o se amplió la vieja oligarquía, que se vinculó al mega sector financiero vernáculo, a los importadores y otros intermediarios, a especuladores diversos y otros que lucran con el subdesarrollo crónico y la miseria general de nuestro país.
- El propio actual presidente argentino, se refirió en tono despectivo a la soberanía nacional, concepto que dijo “no entender”. Su vicepresidenta, fue tajante al expresar “Argentina no debe tener industrias, vamos a una economía especializada primaria y de servicios”. El ministro Prat Gay “alertó por el patriotismo y el nacionalismo económico”, y los sincericidios descarados siguen. Cualquier cosa los mueve, menos el sincero patriotismo.
- En el tablero geopolítico mundial, las potencias atlantistas y sus ramificaciones (básicamente EEUU, Gran Bretaña, Francia, Alemania y Japón), claramente están siendo superadas por los nuevos poderes emergentes situados en Asia o con epicentros en Oriente; básicamente China, Rusia, India y los países del sur de Asia. Para contrarrestar, así sea en parte, esa clara modificación de los factores del Poder Mundial, Íbero América es un campo de batalla, claramente escenario de diversas formas de “guerras blandas”.
- En esa batalla que se libra sin cuartel en el día a día de los enfrentamientos culturales y de difusión de ideas, lo que se definirá es si volveremos a ser colonias dóciles y desunidas, manejadas por gerentes corporativos y representantes dilectos de las oligarquías apátridas locales; o si por el contrario, nos establecemos como gran Bloque Regional, con poder propio, con autodeterminación y con Políticas de Estado tendientes a la grandeza del Bloque en conjunto y de cada Estado que lo forma, a la dignidad soberana, y al bienestar de los pueblos de nuestra región.
Argentina y Brasil son piezas claves en el entorno regional para consolidar nuestra Segunda Independencia. Patria y Patria Grande, o vulgares colonias carentes de toda dignidad. Por ahí pasa el meridiano de las complejas luchas políticas actuales, que incluso se vuelcan a las calles, y que que día a día cobran más intensidad.
MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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