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lunes, 10 de octubre de 2016

LA RUSIA DE YELTSIN - LA ARGENTINA DE MACRI
Es usual y correcto comparar el gobierno macrista, con precedentes gobiernos neoliberales de Argentina, de los cuales es claro continuador, e incluso se lo compara con otros gobiernos oligárquicos y antinacionales de nuestra región; pero son escasos los trabajos comparativos con otras alejadas regiones del globo.
Para ese tipo de evaluaciones, deben utilizarse criterios de Geopolítica.
De correctos y bien fundamentados análisis geopolíticos, se pueden extraer conclusiones contundentes, respecto a diversos temas de la realidad.
Por caso, pueden establecerse claros paralelismos entre los objetivos últimos evidenciados, y las acciones desarrolladas en el gobierno de Boris Yeltsin en Rusia, respecto del actual gobierno en ejecución (más bien en perpetración) de Mauricio Macri en Argentina.
Después del colapso o implosión de la Unión Soviética, ocurrido durante el gobierno de Gorbachov, Rusia sufrió una muy rápida y compleja transformación, un cambio abrupto sin escalas intermedias, pasando del comunismo del cual fue el ejemplo paradigmático para los teóricos del marxismo; al liberalismo extremo, al neoliberalismo exacerbado y ultra privatista, que por esos años se presentaba como “el único camino posible” por parte de los ideólogos del “libre mercado”, todo lo cual era compatible con el esquema mundial unipolar –una sola mega potencia planetaria-, para lo cual los poderes neocolonialistas debían triturar el poderío ruso, que era el contrapeso del poder de EEUU en la Era Bipolar, que abarcó desde 1945 a 1990.
Incluso algunos intelectuales como Francis Fukuyama, presentaron como inmodificable el cuadro del Poder Mundial Unipolar desde esos años hacia el futuro. La realidad trituró esa “ley” geopolítica de Fukuyama.
Virtualmente, la hoy recompuesta y vieja Rusia, que en su milenio largo de historia pasó por numerosas peripecias y diversas circunstancias difíciles, que incluso en los cerrados años soviéticos mantuvo trazas claras de su proverbial patriotismo (al cual el propio Stalin debió apelar para motivar a sus soldados y todo su pueblo en los duros años de la invasión alemana), esa por entonces ex mega potencia de la “Era Yeltsin” entró en una acelerada espiral ultra privatista extranjerizante, que amenazaba incluso con la consumación de una rápida fragmentación de su extenso territorio, que iba camino a una violenta balcanización; todo ello en las antípodas del patriotismo.
Como es lógica consecuencia cuando se aplican “recetas” neoliberales, para “eficientizar” la economía e “integrarse al mundo”, el colapso que sufrió Rusia fue descomunal, acentuando severos problemas anteriores en los ocho años y medio de (des)gobierno de Yeltsin, que era alabado por los medios que responden al poder de la Banca Transnacional, a las potencias del G 7 y la OTAN. ¡Cuando los enemigos te alaban, o estás muy equivocado o sos un traidor, así de simple! Hoy esos mismos poderes alaban e incluso condecoran a Macri y sus laderos en el poder; las conclusiones son obvias.
En los años de destrucción neoliberal, Rusia se desindustrializó; los salarios reales disminuyeron; el trabajo escaseó y motivó a mucha gente a emigrar –no solo a otros países europeos, sino incluso a otros continentes-; el éxodo incluyó a profesionales y científicos; circularon fundados rumores de venta en el mercado negro, de componentes del valioso y avanzado armamento ruso, mientras las fuerzas armadas rusas pasaban a ser dudosamente operativas en medio del desmadre general. Todo ese contexto fue sumiendo a la gente común en el caos y la depresión; mientras una minoría se enriqueció descomunalmente, formando la élite acaparadora de los nuevos oligarcas, varios de los cuales se radicaron en las grandes plazas financieras mundiales, como la de Londres.
Esos oligarcas apátridas, lograron quedarse con el control de sectores estratégicos, como los hidrocarburos, de los cuales Rusia es uno de los principales productores y exportadores mundiales. Y en ese cuadro de situación, las transnacionales petroleras y gasíferas anglosajonas -las mismas recicladas “Siete Hermanas” que hasta 1972 habían manejado en el mundo casi a su antojo precios, condiciones e influencias de los hidrocarburos-, intentaron apropiarse de las gigantescas empresas de petróleo y gas rusas. Igual que en Argentina, las ONGs “ecologistas”, “derecho-humanistas” y otras, manejadas desde Gran Bretaña, Europa Occidental y EEUU, hacían su trabajo de zapa, disolvente y apátrida.
Pero el gigante euroasiático tenía reservas morales y patrióticas en su población, en sus intelectuales, sus fuerzas armadas y sus dirigentes, para resistir e impedir la transformación en simple marioneta político-económica, que era el rol que “los atlantistas” (las potencias del Atlántico), tenían preasignado a Rusia.
Con el nuevo milenio, el gigante ruso salió de su letargo neoliberal, demostrando una vez más la nocividad y la falacia del “pensamiento único”.
Surgió el claro liderazgo de Vladimir Putin, hoy considerado por muchos el más grande estratega actual. Un consumado ajedrecista de la Geopolítica.
El Estado volvió a tener un rol preponderante, como sucede en todos los países con clara visión de soberanía y criterio de grandeza nacional; sin por ello volver a los esquemas político-económicos soviéticos comunistas, que muchos consideramos perimido.
Con sus caracteres nacionales diferenciados, se implementó un esquema político económico que puede definirse como “Capitalismo de Estado”, en cual en el marco de un Estado fuerte con definidas Políticas de Estado, coexisten empresas privadas incluso extranjeras…pero las áreas estratégicas son privativas estatales.
Y pese a diversas operaciones de guerrillas musulmanas, de exacerbaciones de “movimientos independentistas” en algunas partes del enorme territorio, conflictos fronterizos (como en Georgia), avances claros de la OTAN en un marco neoliberal (como en Ucrania), y las agresiones contra Siria buscando instalar un (des)gobierno pro “occidental”; a las abruptas bajas del precio del petróleo (que en nada parecen casuales, sino un arma de guerra blanda contra la propia Rusia, Irán y Venezuela); pese a todo ello, Rusia emergió exitosamente.
En Argentina, después de haber podido superar con dificultades extremas y derramamientos de sangre, los muy nefastos 25 años de neoliberalismo impuestos en “el proceso” (1976) y caducado en la crisis terminal de 2001/2002; y después de haber superado casi de milagro un cuadro complejísimo que los poderes transnacionales querían conducir a una balcanización al estilo de Yugoeslavia, habíamos resurgido con mucha fuerza, mucho ímpetu, no exento de problemas y contradicciones; luego de un crecimiento y desarrollo excepcionales en nuestra historia, y en un marco de claras mejoras sociales; se dio un caso de utilización extrema de los medios de comunicación como herramientas de las nuevas guerras blandas, que seguramente será considerado paradigmático a escala global.
Lo que antes conseguían por las botas de militares muy confusos o apátridas, bajo los susurros sibilinos de personajes del establishment oligárquico-liberal, esta vez lo consiguieron con los votos, después de años de redoblado “periodismo de guerra”, como admitió un periodista del grupo concentrado de medios de Clarín.
Con el odio como bandera (quien odia no razona), lograron que vastos sectores de las clases medias, e incluso de los sectores menos pudientes, “se pegaran un tiro en el pie”, votando contra sus propios intereses y contra los intereses nacionales, como en escasos 10 meses de gobierno se ve con total claridad. El proceso de cooptación y colonización cultural fue particularmente severo en sectores de uniformados de las FFAA y FFSS (*), los cuales pregonando a voz de cuello el patriotismo declamativo, apoyaron sin ningún reparo (cualquier cosa antes que “estos” decían casi uniformemente, algunos incluso con sorna, antes de las elecciones), y muchos de ellos aun no toman conciencia de las resignaciones vergonzosas de soberanía, que con sus premeditadas burdas acciones, el actual gobierno argentino está resignando en el muy sensible tema de Malvinas, además en el Mar Argentino y la Antártida Argentina, e incluso perpetrando acciones conducentes al despoblamiento de La Patagonia, que opera como un paso previo a la balcanización de nuestro vasto sur, claramente amenazado por los de hecho “muy británicos” mapuches y otros movimientos de fogoneado separatismo del promocionado indigenismo a ultranza, seguramente financiado por el MI 6. Al caos antinacional contribuyen sectores trotskistas y similares, tan llenos de teorías foráneas como faltos del sentido de Lo Nacional.
La desindustrialización forzada por las brutales subas de servicios públicos esenciales, la apertura comercial indiscriminada y socio económicamente genocida, la casi imposible exportación por el retraso cambiario autoinducido, y por el achicamiento del mercado interno, es claramente un perverso objetivo del actual gobierno neoliberal de Argentina.
Pero además, la parálisis casi total de las obras públicas (con caracteres grotescos de pretendidas culpas echadas a China en los casos de Atucha II y de las hidroeléctricas en el Río Santa Cruz, y burdas maniobras con Rusia en la hidroeléctrica Chihuido), acentuó el “parate” total de la economía, forzado con las bajas de salarios reales, y el “festival” de despidos en El Estado, sumado al provocado en el sector privado por el conjunto de políticas de claro corte recesivo.
Completando el múltiple combo de medidas de achicamiento y sometimiento económico de Argentina, deben computarse el imparable endeudamiento a niveles astronómicos; el cierre o freno abrupto de todos los entes y planes de creaciones de tecnología, varios de ellos de gran valor estratégico, como el nuclear, los satélites, los vectores (cohetes), etc.; la vuelta del perverso mecanismo de la “bicicleta financiera” premiando a los especuladores; la subordinación a los poderes transnacionales vía convenios de “libre comercio”; el nudo de intereses creados leoninos en torno a las “energías renovables sesgadas”; y la anulación o achicamiento acentuado de casi todos los programas sociales y sanitarios de cobertura a los sectores más desprotegidos.
Como frutilla del postre, las claras operaciones de desfinanciación de las jubilaciones (quitando patrimonio al ANSES), y de “preparación del terreno” para volver a privatizar Aerolíneas Argentinas e YPF, en este último caso dando extrema injerencia a las petroleras extranjeras (sobre todo a Shell, hoy mandando el Ministerio de Energía), sobre operaciones impresentables de importaciones de gas y petróleo; así como preanunciando la extranjerización de la gran “joya de la abuela” que es el mega yacimiento de petróleo y gas de Vaca Muerta.
Preocupante panorama el argentino, que si no se modifica, pondrá en serio riesgo nuestra integridad territorial, nuestra independencia y nuestra subsistencia como nación, hoy en claro peligro de convertirnos en una burda republiqueta bananera…dicho con todo respeto a los sojuzgados pueblos hermanos de América Central donde se acuñó el despectivo concepto.
(*) FFAA = Fuerzas Armadas. FFSS = Fuerzas de Seguridad.
MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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