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jueves, 10 de diciembre de 2015

GRECIA, ALLÁ VAMOS Grecia es el más claro ejemplo europeo de destrucción sistemática de un país, arrasado no por una guerra o una cruel guerra civil, sino por los efectos de la aplicación del rígido esquema político-económico neoliberal, que encorsetó al pequeño país en una realidad catastrófica, que se muestra como un terrible remolino que la arrastra a las profundidades de un mañana sin futuro, a la previsible desaparición total del Estado –pobre y deshilachado heredero de aquella primera e imperfecta primera democracia del mundo (democracia con esclavos, en aquel mundo violento y contradictorio de la era precristiana)-, y heredero de la gloriosa herencia de haber sido el sólido bastión del pilar de nuestra cultura actual (básicamente greco-latina y judeo-cristiana), ante los embates del poderoso imperio de aquel momento histórico. Poco y nada queda ya de aquellas viejas glorias y de aquella herencia cultural que en su momento fue faro de irradiación del conocimiento que buscó transformarnos en seres pensantes, racionales, y no meramente emotivos o pero aun, solo violentos y dominados por bajas pasiones. Por diversos motivos, desde su renacimiento o independencia, a comienzos del siglo XIX, Grecia no logró transformarse en una economía poderosa, industrial y tecnológica, permaneciendo como una economía primaria, agrícola; a lo cual se adicionaron actividades terciarias, como el turismo y la creación de un par de importantes empresas navieras de transporte; en cuyo marco limitado nunca dejó de ser una economía pequeña, marginal y con escasa proyección. Carente de producciones primarias en grandes escalas y/o estratégicas, como grandes volúmenes de cereales, carnes o hidrocarburos, Grecia no tiene las bases productivas primarias sobre las que eventualmente podría financiar procesos de desarrollo diversificado. Evidentemente, la notable belleza paisajística y la particular bondad de su clima, que permitieron acoger el desarrollo de la filosofía y diversas ciencias, en épocas en que lideraba el conocimiento mundial más de dos milenios atrás; fue sin embargo insuficiente para que en el siglo XX la pequeña Grecia se consolide y fortalezca económica, social y políticamente. Con los profundos cambios geopolíticos sucedidos desde la última década del siglo XX, la Unión Europea se expandió, y el espejismo de los supuestos grandes beneficios de contar con una moneda sólida y estable e integrarse al gran mercado comunitario, sedujo a muchas naciones de Europa Oriental, de Los Balcanes y del Mediterráneo, entre ellas Grecia. Pero la Unión Europea es una unión muy imperfecta, en la cual el peso propio de cada Estado integrante sigue marcando profundas diferencias y define la importancia de cada uno a la hora de las decisiones. Pese a que en conjunto es la primer economía mundial, la Unión Europea carece de la solidez y unidad política de Estados Unidos, de Rusia o de China, e incluso sigue siendo una Babel de lenguas y un mosaico cultural que no se asimila a si mismo, además de mostrar enormes diferencias de desarrollo y de niveles de vida; y viejos odios larvados no del todo cicatrizados. Para ser admitido en la UE, cada nuevo Estado debe mostrar entre otros atributos, solidez y orden en sus Cuentas Nacionales. Hoy es público y notorio, que esos datos fueron falseados por consultoras internacionales, para poder “cerrar” el ingreso griego a la UE…¡lo cual se transformó en un “presente griego”!..., conflictivo para la UE y para el pequeño país aspirante y aprobado al ingreso “al club” de la abundancia que supone ser Europa, valga la ironía. Pero la frágil economía griega, muy condicionada por la troika europea (FMI, Banco Central Europeo y la Comisión Europea), colapsó ante los duros requisitos de “eficiencia y austeridad”, agravado todo el contexto por la severa crisis a escala continental, provocada por la adopción de las mismas “recetas” neoliberales que nos habían impuesto por la fuerza al Tercer Mundo (Íbero América y El Caribe, África y parte de Asia) en los años ’90. A eso se agregó la extrema dureza de negociación de los socios principales de la UE, que precisamente llevan la voz cantante en la Unión Europea. Carente de alternativas viables, ante la imposibilidad de devaluar para agregar algo de competitividad a su anémica economía, y con la debilidad política resultante de un Estado débil y en quiebra; el intento de reacción prometido por el actual gobierno griego fue rápidamente ahogado, y hoy muestra un panorama desolador; con endeudamiento creciente y sin solución a la vista (como Argentina en los años ’90), con desocupación creciente, salarios a la baja, miseria y desesperanza como aparentes únicas alternativas posibles; y con un gobierno que luego de intentar soluciones políticas a las tenazas del endeudamiento masivo y creciente, evidentemente capituló en toda la línea y hoy se muestra más como una marioneta de la troika que como un gobierno de un país digno y soberano…conceptos esos que parecerían hoy desconocidos o de imposible aplicación en la pequeña y destrozada Grecia, a la cual solo le estaría quedando el recurso de terminar de rematar los últimos resabios de soberanía, como por caso la venta de algunos activos estratégicos (aeropuertos y otras infraestructuras), y las ventas de paradisíacas islas a millonarios extranjeros. Si bien el caso de Argentina parecería diferente, al contar con una amplia base industrial y con institutos tecnológicos notablemente desarrollados en algunos casos puntuales, y en otros en rápido crecimiento; y no solo con un territorio mucho más grande y con mayores potencialidades, con algunas producciones estratégicas y capaces de generar divisas actualmente (alimentos producidos en gran escala, biocombustibles y otros), o de alcanzar volúmenes muy significativos en plazos históricos cortos (hidrocarburos no convencionales), además de un notable potencial minero parcialmente en explotación, y de estar integrado a organismos regionales aun menos desarrollados pero mucho más igualitarios que la UE (Mercosur, Unasur, Celac), y por haber concretado importantes acuerdos estratégicos con China y Rusia, que no solo brindan enormes oportunidades sino que juegan de contrapesos respecto a las influencias y presiones de las potencias tradicionales (EEUU, UE, Japón y sus socios menores); pero en realidad la situación que se vislumbra para Argentina es mucho más seria y sombría de lo que parecería según un análisis superficial. El remozado neoliberalismo que está a punto de retomar el poder formal (pues el poder económico-cultural-político nunca lo resignó, siendo heredero de los unitarios-liberales del siglo XIX), no solo dio numerosos indicios, sino también afirmaciones muy claras, en el sentido que piensa revertir mediante una dura metodología de shock socio económico, todos los notables avances reseñados en el párrafo anterior, sino otros muchos más, como la notable mejora en los ingresos reales y una fuerte redistribución positiva de los ingresos, los positivos indicadores de salud, el vasto plan de obras públicas, etc. Ese duro plan de involución forzosa, casi calcado al aplicado en el cuarto de siglo neoliberal (1976-2001), y en particular en los durísimos años ’90, de resultar “exitoso”, desarticulará todos los avances conseguidos, e incluso nos pondrá con previsible certeza, de nuevo al borde la disolución nacional, como ya estuvimos en 2001-2002, cuando el objetivo de los poderes financieros transnacionales, era repetir en Argentina el “modelo yugoeslavo”, de disolución en media docena o poco más de insignificantes republiquetas, todo ello previo el estallido de una feroz guerra civil, tal como acaeció en el ex país balcánico. Ni siquiera las ventajas comparativas que tenemos respecto a la martirizada Grecia, del enorme potencial exportable de alimentos, hidrocarburos y minería, difícilmente puedan ser utilizadas. Las producciones en gran escala de alimentos (soja, trigo, maíz, carne, etc.), están bajo el control casi omnímodo del feudalismo campero de tipo decimonónico, a punto de monopolizar el enorme manejo de esas masas de divisas al quitarse las retenciones que obran como factor federal de redistribución de riquezas y fuente de financiación de obras públicas en toda nuestra extensa geografía continental; y las exportaciones están masivamente en manos de un oligopolio mayoritariamente extranjero. Tal como sucedieron entre 1862 y 1943, y luego casi ininterrumpidamente desde 1955, esos cuantiosos volúmenes de divisas se fugarán al extranjero, o se esterilizarán mayoritariamente en financiar importaciones suntuarias con nulo efecto multiplicador positivo en nuestra economía. El gran yacimiento no convencional de Vaca Muerta y otros que ya se descubrieron, volverán a ponerse en manos extranjeras (Energía será manejada por un personero de la británica Shell, y las privatizaciones directas o encubiertas asoman como un escenario casi ineludible), y con todo ello, volveremos a quedarnos sin los activos estratégicos (los nuevos yacimientos de hidrocarburos), sin el petróleo, sin el gas, y sin las divisas que producirán sus exportaciones…calcado de lo acaecido en los ’90, incluso con los mismos actores principales y de reparto (nunca tan bien utilizada, en su doble sentido, ese último concepto). La gran minería, necesaria por cierto, no está acompañada por la industrialización de sus producciones, por lo que es reducido el beneficio general que deja para el país, y con la “apertura” a aplicarse, posiblemente casi todas las divisas de la misma, terminen en el extranjero. Los varios acuerdos de “libre comercio” que casi con seguridad se rubricarán rápidamente, nos inundarán de productos importados, destrozando a la Industria Argentina, provocando con ello desocupación masiva, involución económica y saldos comerciales negativos, además de funcionar esos tratados como correas de transmisión con la cual la UE y otros, nos endosarán sus crisis económicas. Con todo ello, salvo milagro, en poco tiempo estaremos en tan crítica situación de subordinación política, retroceso y crisis económica muy profunda, y caos social terrible, tal como está sumida la pobre actual nación helénica, desprovista de toda la dignidad y soberanía de la Antigua Grecia. Es la conocida metodología de pretextar una severa crisis económica, para aplicar medidas draconianas de ajuste y de involución socio – económica, como lo hicieron en 1930, en 1955, en 1962, en 1976 y el subsiguiente cuarto de siglo neoliberal. En su momento lo explicó muy bien Jauretche, y a nivel internacional, la canadiense Naomí Klein, en su libro “La Doctrina del Shock”. MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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