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sábado, 30 de mayo de 2015

TLC UE - MERCOSUR / UN NUEVO ESTATUTO LEGAL DEL COLONIAJE Arrecian las presiones de los “poderes establecidos” (el establishment), para instalar consenso favorable, o al menos anular resistencias, para imponernos un Tratado de Libre Comercio (TLC); cuya finalidad es de hecho subordinar económicamente al Mercosur –y luego a la Unasur- a los dictados de la hoy problematizada pero aun muy poderosa Unión Europea. Maestros de los subterfugios, tergiversaciones y engaños a escala masiva; esos poderes transnacionales tienen objetivos definidos y permanentes, más allá de los plazos, que para ellos terminan siendo simples anécdotas. Desde nuestras condicionadas independencias de comienzos del siglo XIX (que con crudeza el Dr. Julio Carlos González llama “independencias crómáticas y musicales”, pero no efectivas y totales; o sea con himnos y banderas propias, pero con los centros de decisión reales ubicados fuera de nuestras fronteras), desde aquellos albores de nuestras independencias políticas condicionadas, Íbero América operó como un furgón de cola de Europa Occidental y muy prontamente, también de EEUU. El liberalismo económico fue la poderosísima y sutil arma que nos ató a una maraña de mecanismos de dependencia, que en varios períodos de nuestra historia fue dependencia total, como en la década infame (la del ’30 del siglo XX), en la cual el por entonces vicepresidente argentino, “Julito Roca”, proclamó a viva voz su “orgullo” que Argentina fuera –por aquellos vergonzosos años- “la joya más preciada de la corona de su majestad”; y lo hizo a la firma del Pacto Roca Runciman, el mismo que con su profundo patriotismo y punzantes ironías, Jauretche definiera como “el Estatuto Legal del Coloniaje”. Por supuesto, los venales entreguistas de la partidocracia liberal de los años ’30, fueron los directos herederos de Rivadavia y sus acólitos (entre ellos los siniestros Salvador María Del Carril y Florencio Varela, fusiladores intelectuales de Dorrego y promotores de la ultra liberal Constitución Nacional de 1853); del mitrismo unitario y sanguinario (aquel que degollaba soldados vencidos y asesinaba a caudillos federales); de los “intelectuales” europeizados y varios “afrancesados” de la “generación del ’80” del siglo XIX (la que ideó el país – granja, como apéndice dócil del imperio británico); luego redivivos con la retrógrada y vengativa “revolución fusiladora” de 1955 y sus prolongaciones en el tiempo; para posteriormente perpetrar el muy infame y antinacional “proceso” en 1976, que instaló sin oposición posible el más descarnado y antinacional neoliberalismo salvaje, que destrozó impiadosa e intencionalmente la economía argentina y afectó profundamente el tejido social y cultural argentino, buscando retrotraernos a aquella supuesta “Argentina próspera” del Centenario, la misma con patronos rurales gordos y ahítos de riquezas descomunales, con la contrapartida de la peonada de pata ’l suelo tratada como simples cosas, con los gringos inmigrantes transformados en nuevos siervos de la gleba atados a arrendamientos abusivos en la Pampa Húmeda, y con vastos sectores pobres y medios condenados a subsistir malamente; todo ello en un vergonzoso marco geopolítico de sumisión explícita entonces a Gran Bretaña en particular y Europa Occidental en general. Claro está que el “proceso” videlista se “modernizó”, subordinándose ya en primer lugar no a la vieja Europa, sino al “Gran País del Norte”, del cual estúpidamente las dirigencias cívico militares de esos aciagos años se supusieron “aliados”, no queriendo entender que solo fungían de simples peones descartables, en el complejo marco de la geopolítica mundial. Con distintos ropajes y variados actores de reparto, nunca cesaron las presiones “librecambistas”, siempre con operadores internos prestos a colaborar con los intereses extranjeros; sea ello por vulgares espíritus de mercenarios (como determinados periodistas y/o economistas al tanto por cuanto), por ser asociados menores de los intereses antinacionales (como la oligarquía vacuna y mega terrateniente), por ser políticos todo terreno de bajo vuelo (incluye a conservadores recalcitrantes, marxistas y “progresistas” varios y oportunistas de diversos pelajes, entre otros), o por fungir de simples colonizados mentales (como pasa con algunos catedráticos, con los patrioteros de bandera con las mentes fritadas por los cursos de la Escuela de las Américas, y otros confusos varios). Uno de los momentos históricos más dramáticos se vivió en 2005, cuando George Bush (h), contando con los dóciles concursos de varios presidentes cipayos o de muy bajo vuelo, del conjunto de países hermanos que hoy forman la Celac –Íbero América y El Caribe-, pretendió forzar la imposición del ALCA (Tratado de Libre Comercio de las Américas), en la Cumbre de Mar Del Plata, en 2005. Aquel abortado tratado, claramente fue diseñado para subordinarnos total y definitivamente, al poderío industrial y tecnológico de EEUU, como un mercado cautivo y dócil, que permitiera al gran imperio en clara decadencia económica, colocar buena parte de sus excedentes industriales, obtener materias primas baratas y sin nuestros lógicos condicionamientos, y como objetivo coyuntural con visos de permanencia, transformarnos en receptores dóciles de la severísima crisis económica que ya varios analistas vislumbraban (estalló a fines de 2007), con lo cual querían hacernos pagar los platos rotos de los desaguisados y negociados financieros en gran escala, del poderoso establishment financiero norteamericano. La firme oposición de los entonces presidentes de Argentina, Brasil y Venezuela, más algunas otras colaboraciones más o menos significativas o tibias, impidieron que se perpetre esa “versión siglo XXI” de aquel Estatuto Legal del Coloniaje de los años ’30, pero que en 2005 se planeaba consumar a escala continental. Con otro formato, EEUU buscó someternos a los íbero americanos y caribeños, ideando la Alianza del Pacífico, presentada como “modelo económico” y asumido por Chile, Perú, Colombia y México, pero en los hechos subordinado a EEUU, recordándose que México integra como socio menor el NAFTA, que aglutina a EEUU, Canadá y el país azteca. De hecho las presiones continúan, bajo los diversos formatos de las guerras blandas, sobre todos nuestros países. Primero doblegaron a Paraguay, con el golpe palaciego que expulsó a Lugo, volviendo a instalar un gobierno de corte liberal, que acorde a sus antecedentes, no desarrolla al país pese a su notable crecimiento económico, y permite masivas instalaciones de “fuerzas de paz” de EEUU; mientras a Venezuela la atacan con tácticas de guerras blandas y de las “revoluciones de colores” como las hechas en países árabes y en Ucrania, y la debilitan con la baja acentuada del petróleo, en una maniobra clara de ataque económico a Rusia, Irán y Venezuela, tres “díscolos” a los mandatos del G 7, OTAN, Banca transnacional “occidental”; a Brasil le fomentan oposiciones destituyentes a Dilma Rousseff, logrando imponer un ministro de economía de la ortodoxia liberal; a Argentina la agreden por medio de los fondos buitres, diversas presiones externas, y el accionar interno de personeros del liberalismo y actores varios asociados por conveniencias menores, en clásicas acciones de guerras blandas, tendientes a imponer nuevamente un gobierno “dócil” y alineado al eje Washington-Londres-París-Berlín; mientras que Uruguay vuelve a estar al mando de un pseudo progresista ultra liberal, el mismo que intentó una “alianza” militar con EEUU para atacar a Argentina, por el absurdo conflicto de las pasteras fogoneado por Greenpeace y otros ultraecologistas y exacerbado por varias torpezas propias de factores de decisión de Argentina. Siendo de menores pesos relativos en el tablero geopolítico, en el momento no parecen mayores las presiones sobre Bolivia, Ecuador y Nicaragua, que completan el conjunto de países hoy no “alineados automáticamente” con EEUU y la Unión Europea (UE). En ese complejo contexto, presionaron sobre Brasil y Uruguay, para avanzar sobre el ya gastado pero siempre muy peligroso tratado de libre comercio (TLC) entre el Mercosur y la UE; el cual de confirmarse tendrá varios efectos muy perniciosos. En lo geopolítico, debilitará e incluso podrá transformar en letra muerta, los muy importantes organismos regionales como son el propio Mercosur, la Unasur y la Celac. En ese mismo ámbito, busca debilitar los amplios y crecientes acuerdos múltiples (que no son de “libre comercio”) de varios países de nuestra región, con Rusia y China. Resulta muy evidente que EEUU y la UE están muy molestos por las pérdidas de influencias y deterioros de imágenes que están sufriendo en Íbero América por sus propias torpes presiones diversas; que contrastan con las posturas mucho más colaborativas y de tipo “win-win” (ganar – ganar, ambas partes), evidenciadas por aquellas dos mega potencias del BRICS (China y Rusia). En lo económico, el TLC con la UE, -si se firma- será la correa de transmisión por la cual nos transferirán la actual severa crisis económica y las futuras que sin duda se le presentarán, pues no deja de ser el aparentemente monolítico bloque europeo, un mosaico de economías muy diferentes y dudosamente tendientes a la equidad y desarrollo ordenado y justo, y una babel de idiomas y culturas diferentes, aún muy cruzadas por ancestrales odios recíprocos y desconfianzas mutuas. Y en lo económico, posiblemente Argentina sería el país más afectado, pues atacará severamente nuestro aun no consolidado proceso de industrialización y desarrollo tecnológico. Brasil en cambio, está mucho más avanzado y con capacidades de soportar la previsible inundación de bienes y servicios europeos que será consecuencia del “libre comercio” (herramienta de sometimiento). Además, Brasil cuenta con un empresariado más fuerte y más concientizado respecto a cuales son sus Intereses Nacionales, respecto al voluble y por lo general dudosamente concientizado empresario medio argentino. Por su parte, como Paraguay y Uruguay no demuestran gran empeño en industrializar y desarrollar con tecnologías propias sus economías, en el corto plazo no serán afectados, pero en el largo plazo quedarán condenados a mantener economías primarias y subdesarrolladas. Todos en conjunto, de firmarse el TLC, perderemos la notable fortaleza de la integración en un gran bloque regional. Y como claramente definió el Dr. Miguel Ángel Barrios, este es el siglo de los Grandes Bloques Regionales…los países pequeños aislados están condenados a ser simples marionetas en el tablero geopolítico mundial, incluso eso es válido para un país de economía mediana, como Argentina. ¡Graves peligros por cierto, que buena parte de la dirigencia de nuestros países parecería no advertir! C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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