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jueves, 14 de mayo de 2015

IMPEDIDORES SERIALES Son aquellos que, genéricamente, muchos analistas definimos como “la máquina de impedir”. Los mismos personajes y grupos de poder concentrado, que con cambiantes excusas y argumentaciones, sistemática y constantemente han puesto trabas infinitas, a cuantas iniciativas troncales para el desarrollo y la soberanía nacional, existieron. En décadas precedentes, durante los muchos y muy frecuentes períodos en los que gobernaron los liberales –por las presiones del voto cantado, por la fuerza de las bayonetas de FFAA cooptadas por el establishment, por los fraudes electorales institucionalizados, o por lo engaños programáticos (prometer una cosa y ejecutar lo contrario)-, en esos años las excusas frecuentes eran relativamente repetitivas: - Argumentar falta de fondos o problemas presupuestarios. - Descalificar a las obras como “faraónicas, innecesarias, etc.”. - Dejar pasar el tiempo, tapando los problemas mediante manejos de la opinión pública. - Afirmar que nuestro país “no está maduro para esas transformaciones”, o que “son obras o iniciativas solo aptas para países desarrollados”, etc. Con esos y otros argumentos de similares tenores, impidieron sistemáticamente muchas obras de infraestructura; procesos de industrialización; de desarrollo tecnológico; de ampliación de la instrucción pública (por largas décadas acceder al secundario era privilegio de muy pocos, lo cual era funcional a la oligarquía apátrida); del acceso masivo a las Universidades (ídem anterior); de las implementaciones de carreras técnicas y otras necesarias para el desarrollo nacional (incompatible con el país – granja de la alianza de portuarios-británicos); así como los enfoques cerrados y sesgados de otros estudios universitarios (como Economía, centrada excluyentemente en el liberalismo; o Historia, anquilosada en falaces esquemas mitristas liberales, incluyendo luego a los mitro-marxistas –con quienes la oligarquía liberal logro un claro entendimiento implícito-), etc. Pero el mundo cambió, y los poderes plutocráticos y los neoimperiales, buscaron nuevas y más sutiles herramientas, con las cuales desarrollar acciones subliminales y encubiertas de guerras blandas. Esas herramientas son las ONGs y otras figuras afines, como las Fundaciones, las Academias y varias más, todas ellas con discursos dictados desde y para los intereses de los “países centrales” del poder tradicional, o sea las llamadas “potencias occidentales”. Dicho en lenguaje más simple, están involucradas en esos operativos las dos potencias anglosajonas (EEUU – Gran Bretaña), la tercera potencia neocolonialista (Francia), y las vinculadas a organismos y organizaciones transnacionales afines, como la Unión Europea, la OTAN, y el G 7. Particularmente activas son las ONGs pseudo ecologistas, indigenistas, derecho humanistas; así como diversas Fundaciones económicas, políticas, sociales, etc. Ciertas nuevas figuras y mecanismos de acciones, impuestos por las machaconas presiones de los grupos fundamentalistas del ecologismo, el indigenismo y el derecho humanismo extremo, resultan particularmente aptas como elementos de presión y de dilación indefinida de casi cualquier obra o iniciativa que se pretenda concretar. Las audiencias públicas, que pueden ser derivadas a planteos incendiarios y explosivamente contestatarios por simples argumentaciones emotivas, huecas de reales sustentos científicos; suelen ser fácilmente manipuladas por hábiles y entrenados operadores, que se apropian de las mismas en base a presiones de todo tipo, y a argumentaciones discursivas agresivas, dogmáticas, y por ello solo basadas en presunciones cataclísmicas que buscan convencer por medio del terrorismo discursivo, que puede ser tan falto de fundamentos como insidioso en sus objetivos. La figura del principio precautorio, que al exacerbar los supuestos riesgos potenciales (que al efecto no necesitan ser probados) es muy funcional a los impedimentos permanentes. De hecho, cualquier “acusación” o “denuncia” de potenciales o supuestamente probables riesgos, ni siquiera requiere ser comprobada –según la óptica fundamentalista-, y en esa visión tremendista cualquier acusación sin sustento sería más que suficiente para paralizar cualquier obra o iniciativa de progreso. En realidad implica un perverso principio de inversión de la prueba, pues los ecoterroristas no deben probar nada, solamente acusan, y la carga de la prueba –muchas veces casi imposible, cuando se basa en supuestos delirantes e indemostrables-, pasa a ser obligación de quienes apoyan las construcciones, las nuevas fábricas o las necesarias transformaciones, sin las cuales el desarrollo socio económico no es posible. Queda muy en claro, que la política rastrera, de muy bajo vuelo y de pésima estofa, es aliada cercana, por sus funcionalidades recíprocas, con el fundamentalismo ecologista, indigenista, y similares. Siendo que la mera repetición de argumentaciones huecas pero rimbombantes, provenientes del ultra ecologismo, tiene asegurada la inmediata repetición por la amplia mayoría de los medios de difusión (aunque tenga características incoherentes o incluso delirantes), es muy frecuente que diversos políticos y comunicadores sociales de escasa formación, u oportunistas, carentes de propuestas positivas, proactivas, utilicen ese tipo de “denuncias” del tipo “precautorio”, con lo cual logran una doble finalidad: inmediata repercusión masiva en los medios, y por otra parte, tapar (así sea parcialmente), la total carencia de iniciativas constructivas y pro activas, por parte de los dirigentes mediocres y/o carentes de vocación de Grandeza Nacional. Sea por esas egoístas y mediocres motivaciones, o por otras que no se alcanzan a visualizar, las “denuncias” o “preocupaciones” de tipo ecologista de corte fundamentalista (o muy similar a ello), fueron instrumentadas por cierto tipo de dirigencias o referentes de la política argentina. Se citan algunos casos de los más resonantes, que por cierto no aportaron claridad ni propuestas tendientes al desarrollo socio económico, ni alternativas concretas; pero que por el contrario contribuyeron a enturbiar iniciativas de desarrollo, que tanto necesita nuestro país. La candidata presidencial Margarita Stolbizer expresó “preocupación” por supuesta falta de cumplimiento de protocolos ambientales para las construcciones de las hidroeléctricas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic (ex Cóndor Cliff y La Barrancosa). Por supuesto, ni ápice de preocupación por los efectos ambientales de las centrales termoeléctricas adicionales, que sería necesario instalar si se demoraran las hidros mencionadas… El legislador nacional Berhongaray expresó tiempo atrás, similares “preocupaciones” ambientales por los avances en el gran yacimiento de petróleo y gas no convencional de Vaca Muerta. No se supo de similar preocupación ante los costos sociales, económicos y ambientales que serían consecuencia de toda postergación en alcanzar el autoabastecimiento de esos hidrocarburos…¿Por qué esa doble vara…? Petcoff Naidenoff, senador nacional formoseño, montó un gigantesco operativo mediático, que incluyó inauditamente una denuncia contra Argentina en el propio parlamento de Paraguay (una clara acción de traición a la patria), mediante argumentaciones falaces tomadas del ecoterrorismo de corte más cavernario, para impedir la radicación en esa provincia de la fábrica química Dioxitex y de la primera central nuclear CAREM. Es de hacer notar que de concretarse ambas iniciativas, con cero reales riesgos ambientales, transformarán positivamente el perfil productivo de esa provincia, que fuera marginada por largas décadas y sumida en el subdesarrollo crónico, como sucede en el Norte Grande Argentino. El diputado nacional Luis Pastori de Misiones, basó su campaña en dos negatividades: no a la reelección presidencial y no a las represas. Al asistir a unas contundentes disertaciones de cuatro profesionales del Consejo Profesional de Arquitectura e Ingeniería de Misiones –en el salón del Colegio de Abogados-, que echaron por tierra sus incoherentes afirmaciones, según las cuales con eólicas y solares se abastecería a esta provincia (tomadas del ecologismo fundamentalista), el citado guardó total silencio, no pudiendo refutar a los calificados profesionales exponentes. En Corrientes, en un operativo mediático que parecería dirigido por Noel Breard y/o Nito Artaza, algunos operadores menores intentaron desprestigiar a la Hidroeléctrica Yacyretá, e incluso se hicieron eco de amarillistas expresiones periodísticas del Paraguay, las que fomentaban el odio hacia Argentina ¿no es infame traición a la patria, hacer causa común con los que difaman a nuestro país, y buscan enemistarnos con un país hermano? En Chaco, un diputado provincial (también de la UCR, como los precedentemente mencionados), apeló a argumentaciones erróneas y fantasiosas, para justificar un pequeño proyecto de energía solar, burdamente calificado como “mega usina”. También existieron expresiones públicas del mismo erróneamente disparatado tenor, por parte de socialistas, del arco ultra liberal, y de alguno que otro pequeño partido político provincial de Misiones. Desde el oficialismo, el proyecto de ley Guinle, de energías renovables, tiene un cariz potencialmente muy perjudicial para los Intereses Nacionales, al prever desmesurados privilegios para las eólicas y solares, e incluso poder llegar a frenar indefinidamente otros proyectos nucleares e hidroeléctricos, ya aprobados en las previsiones de obras nacionales; y fue apoyado casi sin oposición alguna. No puede omitirse que desde el Canal Encuentro (un buen canal de TV cultural), lamentablemente se le dan grandes espacios a un odiador serial y promotor de la división argentina bajo las excusas del ultra indigenismo, como es Osvaldo Bayer, cuyas nocivas prédicas son muy funcionales al accionar de guerra blanda, desarrollada por Gran Bretaña contra Argentina. Algunos “progresistas” bien intencionados (¿¡!?) pero muy mal informados, abogan para impedir el imprescindible reequipamiento y ampliación de nuestras Fuerzas Armadas; negándose a reconocer los múltiples peligros a nuestra soberanía e integridad territorial, ya de hecho mancillada por el accionar neocolonialista británico en los archipiélagos australes y sus proyecciones en La Antártida. Seguramente, el listado no se agota aquí. ¡Preocupante, sin duda, la sumatoria de las acciones de los “impedidores seriales”! C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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