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martes, 15 de abril de 2014

LIBIA, SIRIA Y UCRANIA NO ESTÁN TAN LEJOS
Podemos afirmar que en lo afectivo, esos tres países, de tres continentes lejanos en lo geográfico, están muy cerca de Argentina. Libia, por habernos apoyado activamente en la guerra que mantuvimos en 1982 contra la vieja potencia colonialista y crónicamente agresora, pues espontáneamente nos donó modernos armamentos y nos dio todo el apoyo posible en esas circunstancias (hechos “convenientemente” tapados por el establishment). Siria y Ucrania, por habernos aportado muchísimos inmigrantes, los que se han integrado muy bien a la cultura y al tejido social argentino.
Y con estos dos países existen otros lazos que los vinculan con mi pequeña y hermosa provincia de Misiones: Siria, por haber incorporado fuertemente a su propia cultura el saludable consumo de la yerba mate, producto típicamente misionero del cual es uno de nuestros principales compradores; y Ucrania por haber aportado un alto porcentaje de la inmigración que pobló a esta provincia.
En efecto. Si bien la inmigración europea (fuertemente promovida en los dos pasados siglos, para poblar Argentina) estuvo conformada mayoritariamente por italianos y españoles (se estima que sumaron el 90 % de los inmigrantes europeos en Argentina), por diversos hechos históricos (que acá no hacen al caso detallar), en Misiones las corrientes mayoritarias de inmigrantes provinieron de Polonia, Ucrania y Alemania –en porcentajes difíciles de determinar, pero claramente predominantes en el crisol de razas que es esta provincia-.
Pero si bien los datos precedentes son interesantes, el tema a analizar acá no es afectivo ni predominantemente antropológico. Desde lo geopolítico, los hechos ocurridos y en desarrollo en esos tres países, deben servir de enseñanzas válidas, tanto para Argentina como para todo el contexto del Mercosur, la Unasur y la Celac; o sea para toda Íbero América y El Caribe.
Tal como ningún análisis geopolítico mundial puede hoy omitir, es muy claro que está amenazadoramente vigente el neocolonialismo y su consecuente doctrina de las “intervenciones armadas preventivas” (a criterio y excusas prefabricadas por los propios agresores), puestas en vigencia con la “revolución” neoconservadora -década del ’80 del siglo XX-, y aplicadas descarnada y agresivamente a partir de la disolución de la URSS y el consecuente caos disgregador que afectó a Rusia desde 1990, por una larga década.
Fue el breve período histórico en el cual el establishment neocolonialista, crudamente neoliberal, e impulsor de la globalización a ultranza, soñó con la supuesta eterna vigencia del mundo unipolar –el monopolio absoluto del Poder Mundial-; lo cual se trastocó en el dinámico mundo multipolar de esta segunda década del siglo XXI.
Las invasiones a varios países de África, las dos perpetradas contra Iraq, e incluso la anterior contra Argentina en el Conflicto del Atlántico Sur, además de las unilaterales agresiones contra Panamá y Granada; más el inacabable conflicto intervencionista de Afganistán; la agresión encubierta a Nicaragua; y la fogoneada y activada partición forzosa de la ex Yugoeslavia; muestran las más relevantes de las múltiples intervenciones que en los hechos conformaron el actual vigente cuadro de neocolonialismo del siglo XXI, que como se precisó, comenzó como reedición actualizada del colonialismo decimonónico, en las dos últimas décadas vigesimónicas.
Todo el entorno de la denominada “primavera árabe”, y de las llamadas “revoluciones de colores” (como la de Ucrania) tienen el sello casi inocultable y muy dudosamente discutible, de una sutilmente elaborada aplicación de guerras blandas; que se evidencian como el contexto básico de intervencionismo y/o de prolegómeno de intervención militar directa, aplicado separada o conjuntamente por los integrantes de la troika neocolonialista (EEUU, Gran Bretaña, Francia), con o sin intervención directa del brazo armado conjunto pluriestatal que es la OTAN; con sus vinculaciones del mega poder financiero transnacional, representado por el FMI, el Banco Mundial y otros entes financieros estatales y privados que guían los mismos intereses relacionados con la imposición a ultranza del neoliberalismo.
Resulta más que evidente, que el neoliberalismo salvaje (definición de Viviane Forrester y de Naomí Klein), busca debilitar hasta la inoperabilidad total a los Estados Nacionales, alentando y/o provocando también sus fragmentaciones en mini Estados, casi siempre inviables y por ende fácilmente manejables por parte de los supra poderes transnacionales. En su momento, el neoliberalismo fue impulsado por el G 7, que nucleaba a las por entonces siete principales economías de la llamada Sociedad Postindustrial, y evidentemente, la aplicación a rajatabla de las “recetas” del neoliberalismo, impuestas con mano de hierro por el FMI y el BM, buscaron desarticular a los Estados y a impedir o incluso destruir sus desarrollos tecnológicos e industriales ya alcanzados (como sucedió con Argentina, en el siniestro período 1976-2001).
De uno u otro modo, varios países lograron evitar el cerco político-económico-financiero, con el cual el G 7 y los centros del poder financiero transnacional, intentaron cerrar los caminos conducentes al desarrollo socio-económico autosostenido; con lo cual aquellos buscaban mantener y consolidar el oligopolio tecnológico e industrial, apuntalado todo ello por las estructuras financieras transnacionales, en un proceso de pinzas, que  buscaba el cerrado mantenimiento del Poder Real; el cual en aquel hoy perimido esquema, era manejado por estructuras como la Comisión Trilateral, que aglutinaba a América Del Norte (EEUU más Canadá), Japón y la Unión Europea.
El mundo hoy no deja espacios de maniobra a los pequeños Estados solitarios o aislados, estando en consolidación la Era de los Grandes Bloques Geopolíticos.
En tal sentido, el Mercosur, la Unasur y la Celac, adquieren importancia vital para nuestras naciones y nuestros pueblos, así como para los Bloques Geopolíticos que son potenciales aliados. El dinamismo y las acciones coordinadas concretadas, han resultado contundentemente positivos y promisorios en varios casos en los que actuaron esos organismos regionales, saliéndose del esquema de férreo tutelaje de EEUU y Canadá (miembro de la Comunidad Británica de Naciones), que hasta hace poco ejercieron excluyentemente, por medio de organismos continentales como la OEA (Organización de Estados Americanos) y el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca).
Buscando poner trabas a la unidad Íbero Americana – Caribeña, y desestabilizar a los gobiernos “indóciles” de nuestra región, claramente vienen desarrollándose acciones de guerras blandas; fomentando la desunión, atacando los gobiernos y promoviendo odios y disconformismos estériles, cuando no intentando instigar apatía y derrotismo generalizado en nuestros pueblos. Incluso, con notable habilidad y sutiles técnicas psicológicas, magnifican los errores y buscan provocar un estado de disconformismo generalizado, incluso inventando o distorsionando noticias.
¡Poderoso aparataje de colonización cultural y de ejecución de las guerras blandas, el conformado por los medios de comunicación dominantes; diversas ONGs y Fundaciones (pseudo ecologistas, indigenistas, derecho humanistas, de “estudios económicos y sociales”, etc., mayoritariamente guiadas desde las potencias neocolonialistas); operaciones muy bien orquestadas en las redes sociales electrónicas; estructuras formales del poder aliadas a los sectores más refractarios a toda modificación al statu quo; diversos actores pseudos “progresistas” (mitro-marxistas, anarquistas y similares); etc.!
Todo eso está vigente y operando en nuestros países, para desunirnos y volvernos al redil de dóciles marionetas del poder neocolonialista.
Inclusive, desde fronteras adentro, están los cipayos asumidos y los colonizados mentales crónicos, que de una u otra forma, alientan y desean fervientemente que “el gran país del norte” emprenda “operaciones de restauración de las libertades” (léase neocolonialismo violento), mediante invasiones tradicionales; tal como en Argentina se vio poco tiempo atrás exclamar a viva voz a sectores de la oligarquía portuaria y se vio accionar semi encubiertamente a sectores refractariamente ultra conservadores, como la oligarquía agro-ganadera y los sectores vinculados a negocios de importaciones y las finanzas transnacionales. Por otra parte, están los que quieren cercenar nuestros desarrollos, atándonos a tratados de “libre comercio” que de rubricarse serían las vías de desindustrialización y subordinación político-económicas.
Por toda esa compleja realidad, difícil pero de ningún modo insuperable, resulta muy evidente que los gravísimos dramas soportados por Libia, Siria y Ucrania…lamentablemente no nos son lejanos, y son potencialmente muy cercanos a los íbero americanos y caribeños.
Y en ese contexto, ampliar y modernizar nuestras capacidades de disuasión militar, son una ineludible necesidad; además de ser muy necesario fortalecer las asociaciones con otros grandes actores del complejo ajedrez geopolítico mundial.
C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

ANALISTA DE TEMAS ECONÓMICOS Y GEOPOLÍTICOS

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