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lunes, 20 de junio de 2016

VENDIENDO LA PATRIA POR UN INDULTO
El Antiguo Testamento, con sus milenarias enseñanzas, menciona el caso de quien por un plato de lentejas cedió sus derechos al trono, o sea entregó su reino por nada.
La comparación es prácticamente directa, lineal, respecto a las expresiones y el accionar de algunos o tal vez aparentemente nutridos grupos de retirados de la Fuerzas Armadas y Fuerzas de Seguridad, respecto al cerrado e incomprensiblemente irracional apoyo total, sin cortapisas de ningún tipo, a las medidas de destrucción sistemática socio económica y de entrega geopolítica, que está llevando a cabo claramente el actual gobierno nacional.
Evidentemente lo que más molestó del período 2003-2015, a esos grupos de retirados, fue la política de enjuiciamiento y cárcel, a los acusados de actos aberrantes de lesa humanidad, perpetrados durante el “proceso”, período cívico militar que gobernó con poderes omnímodos a Argentina entre 1976 y 1983; en cuyo marco severamente represivo se pudo instrumentar sin oposición el neoliberalismo, verdadera doctrina de destrucción sistemática de los Estados para subordinarlos al poder financiero transnacional.
Como hecho anecdótico no menor, para ubicar en contexto al infame “proceso”, cabe señalar que una de las primeras, sino la primera víctima, fue el Mayor (R) Bernardo Alberte (Tte. Coronel post mortem), arrojado al vacío desde su departamento, por quien comandaba el piquete asesino, que después fuera premiado con el generalato. El “delito imperdonable” de Alberte habría sido que fue uno de los tres colaboradores directos –todos asesinados o inducidos al paro cardíaco por torturas psicológicas intensas-, del Dr. Julio Carlos González, quien fuera Secretario Legal y Técnico de Perón y de M. E. M. de Perón; este último preso bajo tortura psicológica los siete infames años proceseros.
Para dar el debido contexto histórico, la irracional guerrilla –en parte armada por Gran Bretaña, según dos cargamentos interceptados y otros posibles indicios-, y el aparato represivo estatal – militar, fueron los dos brazos de la misma tenaza que instrumentó el cuadro de virtual guerra civil, que fuera “recomendado” por el historiador canadiense – británico Harry S. Ferns, como única alternativa para destruir los notables avances logrados en el peronismo y volvernos abruptamente al estadio del subdesarrollo crónico. Estadio de postración de Argentina que siempre le fue muy funcional al imperio británico, para manejarnos a discreción.
Las profundas heridas y divisiones del tejido social argentino, comenzadas con ferocidad por “la fusiladora” (golpe de Estado liberal de 1955, inducido e incluso equipado militarmente por Gran Bretaña), nunca cerraron del todo por diversos motivos (entre ellos no haber vuelto totalmente a aquellas FFAA de la Ley Riccheri, que priorizaba la Defensa Nacional); y esa situación de violencia latente se acentuó –lamentablemente- por la acción de ambas tenazas de violencia que configuraron la situación virtual asimilable a una guerra civil, como se explicó.
Más allá de las que pueden entenderse como justas condenas a los niveles superiores del “proceso” y determinados casos aberrantes debidamente comprobados, –con criterio amplio y buscando la superación de odios larvados y resentimientos varios- caben algunas reflexiones.
1. No se puso el mismo énfasis en juzgar y condenar a los culpables de delitos económicos, verdaderos artífices del genocidio económico y de la desarticulación económica argentina, perpetrados entre 1976 y 2001.
Incluso muchos de esos personajes nefastos, vieron diluidos y anulados los pocos juicios que hubo al respecto, por la mera prescripción por transcurso del tiempo. Hoy vemos a varios de los actores principales de vergonzosas operaciones de desfalco y perpetradores de maniobras dolosas y/o delictivas, formando parte en lugares relevantes del actual gobierno neoliberal que “recargado”, vuelve a instrumentar políticas impiadosas de “tierra arrasada” en contra del tejido socio económico nacional. ¡Y esas políticas son apoyadas e incluso aplaudidas con fruición, por quienes a voz de cuello proclaman sus huecos sentimientos de supuesto “patriotismo”! (incoherente, pues avalan la destrucción socio económica, que tozudamente, se niega a reconocer, o a lo sumo, que endilgan sin lógica alguna al anterior gobierno, que no fue neoliberal, y sí en cambio fue heterodoxo keynesiano).
2. Resulta evidente que algunos estamentos puntuales pero importantes, del gobierno anterior, estaban imbuidos de un visceral anti militarismo a ultranza, idea que no solo es irracional -pues no puede existir ninguna nación soberana sin el brazo armado que la respalde-, sino que es de incoherencia total, pues las Fuerzas Armadas están indisolublemente ligadas al Ser Nacional, desde los albores de nuestra patria. Incluso la cartera de Defensa fue en varios de esos doce años un área cuya cobertura fue complicada, tanto por los funcionarios designados no siempre acordes al cargo, como por las estructuras mentales ancladas en los años del “proceso” que evidenciaron parte de los cuadros de las FFAA y FFSS, cuyos planes de estudio no se habrían cambiado en la profundidad debida, continuándose con pautas liberales, historia nacional distorsionada e incompleta de corte académico - mitrista, y escasas nociones de geopolítica aplicada a Argentina.
3. Existen referencias de buenas fuentes, que algunas acciones de tinte semi persecutoria, o de bajas prematuras o de no ascensos en años recientes, se habrían suscitado por simple “portación de apellido”, por parentesco con militares vinculados a hechos represivos considerados aberrantes.
4. Tan grave o peor aun es que muchos veteranos de guerra con destacadas acciones en combate, fueron procesados –posiblemente, no me consta con singular dureza, en causas de derechos humanos, cuyas instrumentaciones se atribuyen a presiones encubiertas del “poder blando” británico, desde siempre operando en acciones de zapa en nuestro país.
5. No se ve ninguna expresión de sincero arrepentimiento o deseo de superar errores y aberraciones cometidas durante aquellos “años de plomo”, que arrancaron en 1955 y siguieron al menos hasta 1983 o hasta 1999 (brutal ataque a La Tablada del MTP-ERP) de ninguna de las partes involucradas. Tampoco parece haberse medido con la misma vara de severidad, a guerrilleros que perpetraron hechos aberrantes.
6. Mentes obtusas, o personajes malintencionados, o gentes desinformadas, insisten en justificar al “proceso” para “combatir la guerrilla”, obviando que el exitoso Operativo Tucumán se realizó dentro del marco
constitucional, e insisten en “no darse cuenta” que el golpe de 1976 tuvo por finalidad real instaurar el neoliberalismo apátrida y económicamente genocida.
Todo ese contexto significa un nudo muy complejo de desatar, lo cual es imprescindible para sanar heridas y buscar un futuro de grandeza.
Pero aun conociendo los odios, rencores y convicciones (acertadas o erróneas) que involucran los casos de militares presos, de los indultos requeridos, del desigual o diferente tratamiento de casos de violencia guerrillera (que resultó nefasta al país y funcional al establishment que manejó tras bambalinas al “proceso”), resulta totalmente inadmisible que ningún argentino de bien, y menos aun los que juraron defender la patria hasta perder la vida, apoyen activamente, o se escuden en un complaciente y cómplice asentimiento tácito, ante el muy claro y severísimo cuadro de destrucción sistemática de la economía argentina; de su regresión a perimidos esquemas dieciochescos con tintes feudales; a la exclusión social masiva y a la pobreza y miseria extrema provocadas con intención y alevosía; a la subordinación a los poderes financieros transnacionales; a la destrucción acelerada de los organismos de desarrollo tecnológico y al abortamiento de planes en ejecución; al freno abrupto a las obras públicas bajo excusas falaces, a la subordinación explícita a las potencias tradicionales, en particular las anglosajonas; al vaciamiento del sistema previsional; a las claras acciones para reprivatizar las empresas estratégicas (YPF, AA y otras); a las políticas de despoblamiento de La Patagonia bajo excusas mendaces (freno a hidroeléctricas en Santa Cruz, ataques a Río Turbio, etc.); entrega de soberanía en diversos frentes, entre ellos la adhesión en marcha al Tratado de “Libre Comercio” del Pacífico; y el listado sigue.
¡Es inadmisible que los indultos a militares presos por reales o supuestos delitos de lesa humanidad, justifiquen a cambio apoyar acciones que claramente configuran ataques a los Intereses Nacionales! Y peor aun que se quiera avalar eso en un estentóreamente declamado pero hueco “patriotismo” de opereta.
MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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