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viernes, 20 de noviembre de 2015

¿CLIMA DE NEGOCIOS U OPERAR SIN CONTROLES NI LÍMITES? Recientes declaraciones del remplazante en Argentina del macrista Aranguren en la petrolera holando-británica Shell, fueron amplificadas mediáticamente por uno de los medios especializados electrónicos, que habitualmente operan como cajas de resonancia de las opiniones “políticamente correctas” de las grandes petroleras y gasíferas privadas –básicamente extranjeras anglosajonas-, y de sus socios menores o ramificaciones en otras empresas menores. Ese tipo de trascendidos u opiniones “relevantes” son usualmente herramientas, para instalar ideas que son afines a los sectores del poder concentrado que las difunden por medio de órganos de difusión funcionales a o dependientes de ellos. El mensaje “políticamente correcto” dijo que se necesita: - Optimizar la seguridad jurídica y la estabilidad fiscal. - Garantizar la libre disponibilidad del capital. - Mejorar el ambiente de negocios. - Elevar la productividad. Como ese lenguaje es críptico para muchos, pero eufemísticamente muy entendible para quienes “están en tema” de las claves conceptuales de las grandes corporaciones extranjeras, que no por casualidad promueven el neoliberalismo, es conveniente “traducir” esas expresiones a sus usuales reales significados. “Optimización jurídica y fiscal” obtuvieron las megas corporaciones extranjeras y sus asociados menores de Argentina, en los años ’90, cuando aquel Estado bobo, achicado y deformadamente enanizado, manejado por testaferros y representantes del mismo poder corporativo excluyente de todo Interés Nacional, garantizó mediante una enrevesada maraña jurídica-reglamentarista, que esos operadores “privados” operen a riesgo cero, pues el Estado les aseguraba la rentabilidad sin importar las contingencias (¿¡y el “riesgo empresario” de la “libre empresa”!?). Más claramente, el Estado asumía todas las pérdidas y garantizaba al como sea, la “intangible” ganancia de los “privados”. Digamos de otro modo: las pérdidas para los argentinos, las ganancias aseguradas para los extranjeros y sus testaferros locales. Siempre se nos dice que de otro modo “no vendrán las inversiones extranjeras”, lo cual es otra falsedad, demostrada por Estados que mantuvieron posturas firmes en defensa de sus intereses, incluso aumentando sustancialmente los gravámenes y cánones de explotación. “Garantizar la libre disponibilidad del capital”, es equivalente al “todo vale”, pero a favor de los extranjeros, como se hizo en los noventa, por caso como sucedió con las reservas de petróleo y gas, “ordeñadas” de apuro por Repsol y otras corporaciones extranjeras, para exportarlas a precios viles “haciendo caja” rápidamente, y ni siquiera cobrando esas exportaciones en Argentina. O sea, nos quedamos sin gas ni petróleo, ni con las divisas de esas exportaciones subfacturadas. Ventas en muchos casos amañadas, pues los compradores eran asociados directos o encubiertos de las mismas corporaciones, con domicilios legales en el exterior. “Mejorar el ‘ambiente de negocios’ “. Frase aparentemente neutra, o incluso ambivalente, pero que en los hechos tiene significado concreto, para los promotores del poder corporativo hiper concentrado. Para esos actores del poder económico transnacional, “buen ambiente de negocios” implica carencia total o laxitud extrema de los controles y falta de acciones concretas del Estado, que en tal situación de patológica anomalía institucional, pasa a ser una marioneta dócil, manipulable a discreción por las grandes corporaciones transnacionales, las que incluso llegan a colocar en cargos relevantes del Estado a sus propios testaferros, y a manipular al Poder Judicial, al Legislativo e incluso al Ejecutivo, tal como lo hicieron en diversos períodos de nuestra compleja y azarosa historia. “Elevar la productividad”, implica para ese lenguaje semi críptico, “bajar los costos”. Y como las megas petroleras se autocalifican como muy eficientes en la logística y en los procesos productivos técnicos, eso pasa a entenderse como sinónimo de reducción de salarios y disminuciones o exenciones impositivas y de tasas a la explotación hidrocarburífera. En castizo más simple, pagar lo menos posible en Argentina, para llevar el grueso de las utilidades brutas al exterior. Ya lograron desarticular la OPEP, mediante el gobierno cómplice de Arabia Saudita, que hizo bajar sustancialmente los precios del crudo; ya lograron “bajar costos” en Iraq, Libia, y en Siria, desarticulando los Estados y comprando crudo a precios viles a diversas facciones de los “señores de la guerra” que se empoderaron de los pozos e instalaciones petrolíferas. Ahora quieren apoderarse del gigantesco yacimiento de Vaca Muerta, y de otros reservorios argentinos importantes, como los del Mar Argentino y los patagónicos convencionales. Ese es el significado real de “frases técnicas” como las del que en Argentina representa los intereses de la británica Shell. “Holando-británica”, intentarán corregir algunos. Pero la socia menor de los británicos de Shell no es el Estado de Los Países Bajos, es la Corona de Nederland (literalmente Países Bajos), la cual hace más de tres siglos se subordinó explícitamente a los dictados de la Corona Británica. Y la sede principal de Shell no está en Amsterdam, está en Londres, casi a un paso del Palacio de Buckingham. En Argentina, sus operadores están entre los más activos promotores del regreso al neoliberalismo salvaje, maquillado de modernismo con globitos e impostadas actitudes de gurúes de autoayuda espiritual. MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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