jueves, 10 de octubre de 2019

TERRAPLANISTAS DE LA ECONOMÍA
Liberales, neoliberales, y libertarios, por sus apegos a dogmas indemostrables, su fundamentalismo que raya con el desprecio y la agresividad ante cualquier amago de razonamiento lógico que ponga en duda o peor destruya inapelablemente sus fantasiosos y perniciosos mitos; pueden ser considerados los terraplanistas de la Economía.
Los delirantes autodefinidos como terraplanistas, afirman que la tierra es plana, y ponen sus dogmas por sobre cualquier comprobación empírica o científica.
EL LIBERALISMO es, básicamente, una doctrina antinacional, y como tales se comportan por regla general sus promotores e implementadores. Es tan “internacionalista” y por ende apátrida, como el marxismo exacerbado.
LOS NEOLIBERALES practican un liberalismo recargado, con una serie de “nuevas pautas” que no son más que la profundización dogmática de las expuestas por Adam Smith y sus continuadores. Buscan debilitar a los Estados, siendo una herramienta de los poderes financieros que impulsan la globalización a ultranza.
LOS LIBERTARIOS, en sus tres variantes, de hecho propugnan una suerte de anarquismo económico, una ley de la selva legalmente aceptada, siendo una fuerte vuelta de tuerca del neoliberalismo,
Los liberales toman como “leyes” económicas supuestamente inapelables, las ideas expuestas por Adam Smith a fines del siglo XVIII, las que incluso fueron “profundizadas” por sus continuadores, como David Ricardo y otros.
Afirmaciones dogmáticas, que repiten sin nunca demostrarlas como:
 “La competencia perfecta” (que como tal prácticamente nunca se da en la vida real).
 “La libertad de los mercados” (que nunca son “libres”; pues lo manejan los oligopolios y oligopsonios, o los regula y/o maneja el Estado.
 “La autorregulación de los propios mercados”, lo cual la historia económica demuestra que es falso, pues produjeron recurrentes crisis económicas y se mostraron impotentes para salir de las mismas, necesitando en todos los casos la fuerte intervención estatal para superarlas.
 “La eficiencia privada y la ineficiencia estatal”, otro mito nada inocente, pues muchas actividades solo pudieron desarrollarse mediante la activa participación estatal, siendo la investigación espacial una de ellas, y el desarrollo de la tecnología nuclear en Argentina otra, de las tantas que existen.
 “Las ventajas del libre comercio”, que no por casualidad pregonan pero se cuidan de no practicar las grandes potencias.
 “La mano invisible de los mercados”, que de tan invisible no existe, pues nunca solucionó las grandes crisis económicas ni las situaciones de miseria generalizada e inequidad social intolerable.
 Y el listado sigue.
Ya en el siglo XIX, Friedrich List destrozó los falaces argumentos de los liberales, y su pensamiento fue la piedra angular de los desarrollos plenos de EEUU y de Alemania, saliendo del corset de los dogmas liberales, los que como definió, fueron simplemente un traje a medida para que Gran Bretaña siguiera siendo la única potencia industrial y tecnológica mundial. Pero el pensamiento de List fue ocultado prolijamente, por ser “políticamente incorrecto”.
Keynes en el período de entreguerras del siglo XX, elaboró sus análisis, los que aplicados permitieron al mundo salir de la gran crisis de 1929, la misma para la cual los liberales no tenían sino “recetas” probadamente nefastas, como más ajustes fiscales y más miseria. O sea, tratar al organismo económico envenenado con tanta especulación y libertinaje económico, con más veneno liberal.
El keynesianismo demostró las mentiras del liberalismo, por eso no sorprenden los ataques que los voceros y personeros de los intereses que utilizan al liberalismo como cobertura doctrinaria para sus desmanes, ataquen con tanta virulencia como falta de fundamentos reales, al pensamiento de J. M. Keynes.
Otros autores, como el argentino Marcelo Gullo Amodeo, con su doctrina de la Insubordinación Fundante; y el coreano Ha-Joon Chang, con su libro “Quitar la Escalera”, están entre los principales críticos del falaz dogmatismo del liberalismo y sus continuadores neoliberales y libertarios.
El keynesianismo fue la piedra angular de “los gloriosos 30”, tres décadas continuas de desarrollo económico y sensibles mejoras sociales en las naciones desarrolladas, desde mediados de los ’40 hasta mediados de los ’70; con cuyo impulso heterodoxo también se desarrollaron parcialmente otros países, entre ellos Argentina, Brasil y México.
El descalabro macroeconómico que produjo la primera gran crisis mundial del petróleo, fue la excusa casi perfecta para aplicar el “nuevo” neoliberalismo, doctrina que fue acuñada como un “revival” liberal, varias décadas atrás por los economistas ultra ortodoxos de la Escuela Austríaca, a los que se sumaron después los Monetaristas de la Escuela de Chicago; esta última la responsable de la (de)formación profesional del equipo que secundó a Martínez De Hoz, el instalador del neoliberalismo salvaje e industricida, para lo cual contó con las bayonetas de las FFAA de Argentina transformadas en tropas de ocupación en el propio territorio, bajo el comando de Videla, sus secuaces y sus continuadores, responsables directos del genocidio económico implementado previo asesinato o tortura o exilio de los que osaron oponerse, como el Coronel Bernardo Alberte, el gremialista Oscar Smith (ambos asesinados), el Dr. Julio C. González y sus colaboradores (presos políticos y uno de ellos muerto tras interrogatorio feroz), y el listado sigue.
Los graves daños socio - económicos perpetrados por los neoliberales proceseros, se profundizaron en el marco de la partidocracia cleptocrática, que abarcó al menos doce años desde 1989 a 2001, cuando estalló la gigantesca crisis terminal que amenazó con desguazar a Argentina, previos intentos de dolarizar la economía y de instalar la resignación de canjear deuda mal habida por parte del territorio nacional; todo en un marco de severa colonización cultural, al punto tal de distorsionar completamente el pensamiento mayoritario de las FFAA y FFSS, que pasaron a creerse “patriotas y liberales”, un oxímoron tan absurdo como sería considerarse “muy honesto y mafioso”.
Esos severos daños se profundizaron muy acentuadamente, en el marco del agresivo neoliberalismo salvaje en perpetración por el gobierno macrista, en un accionar claramente intencional, que evidencia como objetivo de mínima, llevarnos al país feudal del mitrismo del siglo XIX, de economía primaria y con el grueso de la población huérfano de todo derecho humano y social; pero de
máxima, claramente, busca la disolución nacional, obrando como personeros de los poderes financieros especuladores transnacionales.
Notable el grado de colonización cultural y manipuleo de cerebros, para que aun pese a los evidentes desastrosos (e intencionales) resultados del neoliberalismo, unos cuantos clasemedieros de diversas extracciones, y la mayoría de los uniformados, sigan apoyando al apátrida y genocida económico macrismo. Claro que hay sectores en los que prima la desinformación y la aceptación de “frases hechas” que incluyen odio en grandes proporciones. En especial al “populismo”, concepto demonizado en otro de los casos de severas distorsiones conceptuales instaladas sin inocencia por el establishment.
Muchos de esos odiadores irracionales del “populismo” les deben a gobiernos de orientación Nacional y Popular, la Universidad de acceso gratuito, el aguinaldo, las vacaciones pagas, mejoras sensibles en los haberes y en las jubilaciones, las creaciones de la mayoría de las Universidades Nacionales distribuidas en todo el territorio nacional, el fomento a la industria y a la tecnología, mejoras en la salud pública, acciones concretas de defensa de la soberanía nacional, la vivienda propia en muchos casos, y el listado sigue. Pero no lo ven ni lo quieren razonar. Es más fácil, más cómodo, y acorde a lo imperante en determinados núcleos de pertenencia, ser un odiador serial, carente de fundamentos reales.
Pero como el liberalismo se reinventa, y adopta otros ropajes para captar incautos, clasistas y/ racistas declarados (como son los oligarcas argentinos), gente poco formada e informada, y presuntos “aspirantes a triunfadores” que creen en la meritocracia (sin entender que los “méritos” en buena parte son privilegios de clase y en algunos casos falta de escrúpulos para trepar sobre las cabezas de muchos); ahora promocionan como “nueva doctrina” al “libertarismo” o doctrina libertaria, por supuesto no mostrando que es una versión ultra recargada del pernicioso neoliberalismo.
Y notable es constatar que varios de sus adeptos, son personas de clases medias, en muchos casos empleados estatales (que perderían sus empleos bajo un régimen libertario), o empleados privados que gozan de los beneficios sociales (aguinaldo, vacaciones pagas, estabilidad laboral, etc.) establecidos por el peronismo, que esos mismos denigran irracionalmente como populistas. Otros libertarios son cuentapropistas que dependen de los ingresos de los asalariados, o sea que son perjudicados indirectos de los gobiernos elitistas y neoliberales, ¡pero ellos se consideran al mismo nivel que los grandes empresarios! Muchos de esos clasemedieros hoy militantes libertarios, viven en casas construidas y financiadas por el Estado, una de las acciones denigradas por los teóricos libertarios. ¡Pero ni se dan cuenta!
Todos esos libertarios se atienden en obras sociales o en hospitales públicos, y no son conscientes que todo eso sería desguazado si los libertarios llegaran al poder.
Y los libertarios que son de clases altas, no son conscientes que la anarquía social que provocaría la aplicación del “libertarismo” si llegaran al poder, también los afectaría, pues se alteraría profundamente la paz social y la seguridad pública. ¡Pero el exacerbado egoísmo de no querer pagar algunos impuestos, sumado a una gran dosis de soberbia y clasismo, les impide ver algo tan elemental!
Queda en claro, que los liberales, los neoliberales y los libertarios, pueden ser considerados, con sobradas causas, los terraplanistas de la economía, dada la irracionalidad extrema de sus planteos y doctrinas económicas carentes de reales sustentos, basados solo en dogmatismos falaces e indemostrables, mientras que los ejemplos históricos y actuales de sus aplicaciones, muestran la extrema nocividad de sus doctrinas.
Tema aparte, es el de los doctrinarios del marxismo, trotskismo y similares, que incluso llegan a poner sus ideas en un plano pseudo religioso, de un credo pagano que –según ellos- reemplazan a la Fe espiritual (“no se lee la Biblia ni el Corán, pero sí se lee cada vez más El Capital”, afirman muy sueltos de cuerpo, mezclando una doctrina política con los basamentos de la Fe religiosa).
Por supuesto no tienen en cuenta, que para su fragorosa obra, Marx tomó al liberalismo (doctrina falaz) como base de sus análisis; ni tampoco suelen considerar que el barbado escritor, consideró simples bandoleros a nuestros patriotas libertadores San Martín y Bolívar, evidenciando una nefasta visión eurocéntrica. Tampoco mencionan el vergonzoso apoyo del Partido Comunista de Argentina, a los intervencionistas planteos del embajador norteamericano Spruille Braden, alzado contra Perón en 1945. De esas cosas no hablan los marxistas… pero este ya es otro tema.
MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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