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lunes, 24 de abril de 2017

LA TRIPLE Y DESORBITADA NUEVA DEUDA EXTERNA ARGENTINA
Camino directo y a toda marcha, hacia el caos generalizado y muy posiblemente hacia la destrucción de la soberanía argentina sobre nuestro propio territorio, o sea hacia la balcanización; ese es el claro rumbo tomado por el actual gobierno de “noventismo recargado” o neoliberalismo extremo.
Ese es el objetivo real (podrá discutirse si intencionalmente o por profunda impericia con o sin grandes dosis de mala fe), del apogeo exacerbado del neoliberalismo salvaje instalado nuevamente en Argentina.
Sin duda, un monto de deuda externa sideral, impagable y que opere como una hipoteca que imposibilite toda futura acción de gobierno constructiva y con claro sentido de los Intereses Nacionales, es la espada de Damocles que pende amenazante sobre las cabezas de los argentinos patriotas, del sector del pueblo que no tomó conciencia de la extrema gravedad de la situación, y que amenaza con destruir todo atisbo de soberanía y de dignidad nacional.
La monstruosa deuda externa es la piedra angular del nuevo Plan Morgenthau, que acelerada e impiadosamente está ejecutándose con sádica frialdad por parte del actual gobierno de CEOs neoliberales; los que en cada acción dejan traslucir un desapego visceral no solo de la patria sino también respecto al pueblo, al hombre común, al individuo de a pie, marginado de todo y listo para ser duramente reprimido, si es que llegara a cometer “la osadía” de rebelarse contra el terrible cuadro de situación que se agrava día a día.
Si bien se levantan voces en contra de la espiral creciente de la deuda externa “convencional” que se agigante semana tras semana, pocos o ningún analista, ni legislador ni pensador con sentido de Lo Nacional, parecen haber advertido que las tenazas de la deuda externa operan al unísono desde tres frentes, o desde tres variables, al mismo tiempo, conformando un siniestro cuadro de situación, que si no se detiene pronto, nos llevará a un caos generalizado mucho peor que la crisis terminal de 2001/2002, de la cual salimos prácticamente de milagro.
De por si, la deuda externa “convencional” (préstamos externos al Estado Argentino, a las provincias y municipios y a Empresas del Estado) y el frenético ritmo del endeudamiento, tienen evidentes ribetes patológicos, con características
de impagable a constatarse en breve tiempo. En un año de desastrosa gestión, el macrismo endeudó más al país que “el proceso” (1) en siete años; y el “combo” de medidas en plena implementación y acentuación es de una perversión fáctica que solo tiene sentido si lo que se busca es destrozar todo atisbo de desarrollo, de industria, de tecnología propia, de justicia social y de soberanía nacional; o sea, en castizo simple, se nos encorseta en un modelo de pusilánime colonia económica a ser manejada a su antojo por las potencias atlantistas o por quien fuera, de ahí tantas “alabanzas” por parte de los gobiernos de la triada formada por Norteamérica (EEUU y Canadá), la UE (2) y Japón.
El mencionado “combo” de destrucción asegurada, añade al endeudamiento sin límites ni lógica, la destrucción generalizada de la economía nacional (excepto las oligarquías campera de la Pampa Húmeda, la minería extranjera y la Banca especuladora). La destrucción de la economía argentina torna impagable cualquier tipo de deuda externa, al arrancar de cuajo ramas industriales enteras, ahogando a la vez toda actividad tecnológica propia (la cual genera riquezas y es gran propulsora del desarrollo, y claramente por eso se la combate con tanta ferocidad), y fomentando la destrucción de todas las economías provinciales excluidas del círculo privilegiado de la Pampa Húmeda. Pero aun en ese núcleo agro – ganadero, están destrozando actividades que estaban muy bien desarrolladas, como la lechería, las producciones porcinas y avícolas, y las ramas industriales asociadas a las mismas.
El “combo” señalado, se compone además de la deuda externa y sus impagables intereses usurarios, los condicionamientos del FMI (siempre inductores de subdesarrollo crónico), la sobrevaluación de nuestra moneda, el encarecimiento del crédito, la implementación desenfrenada de la especulación financiera, la apertura indiscriminada y salvaje del mercado interno, la brutal caída del poder adquisitivo del 80/85 % de nuestra población, y un largo rosario de otras medidas inductoras de profunda recesión y destrucción socio económica.
De por si, la deuda externa “convencional” es ya un salvavidas de plomo.
Pero en forma relativamente subrepticia, operan otros dos tipos adicionales de deuda externa, que son como los remaches definitivos del féretro en el que se pretende sepultar toda noción de grandeza nacional de Argentina.
La implementación de la timba financiera, con Sturzenegger y otros economistas reditando sus tropelías perpetradas en los años ’90, no solo está “planchando” toda actividad económica productiva, habida cuenta de los elevadísimos intereses que se pueden conseguir con mera especulación libre de riesgos. También está creando un cuadro de situación financiera explosivo, habida cuenta del desmesurado crecimiento de la masa de los Lebacs (3) y otros instrumentos financieros especulativos con rentas aseguradas en perjuicio del propio Estado Argentino. Hoy el volumen de Lebacs en circulación ya superó con holgura el total del circulante del mercado financiero argentino. Y si bien se tramitan en pesos argentinos, es bien conocido que el grueso de los abultados montos volcados a Lebacs proviene de especuladores que transformaron dólares a pesos, y que una vez que se acerque el fin del pavoroso cuadro especulativo, volverán a dolarizar sus activos financieros, con lo cual acentuarán la demanda de la divisa norteamericana, lo cual provocará un nuevo y muy importante endeudamiento en dólares, para cubrir esos montos, pues claramente el Banco Central carece de fondos propios para eso, o no querrá quedarse sin un mínimo respaldo de divisas. Esto lo vivimos en 2001, y el cuadro se asemeja cada vez más, incluso con un contexto que tiende visiblemente a ser mucho peor.
La tercera causa de deuda externa a niveles muy preocupantes, está formada por los contratos que están firmándose –con respaldo del Estado Nacional-, garantizándose tarifas dolarizadas y con fórmulas polinómicas crecientes, para los especuladores financieros que están aprovechándose de las leoninas ventajas establecidas para los “inversores” (¿especuladores lisos y llanos?) vinculados con el alud de instalaciones de equipos generadores “renovables”, o sea básicamente eólicas y solares. Dentro del cúmulo de ventajas muy acentuadas que se están cerrando contractualmente, con respaldo de leyes y decretos elaborados o por legisladores muy desinformados, o directamente por personeros vinculados a los intereses de las “energías renovables”, no solo existen enormes facilidades y exenciones impositivas, sino también las obligatoriedades establecidas para los compradores de ciertos volúmenes, de adquirir prioritariamente las producciones de eólicas y solares, sin importar sus precios. O sea, los sobreprecios que caracterizan en el mundo a esas muy poco eficientes fuentes de generación eléctrica, deberán ser obligatoriamente soportados por usuarios eléctricos, desde mini empresas a grandes consumidores, con lo cual se castigará previsiblemente a la hoy muy vapuleada economía argentina con costos adicionales, que harán más difícil aun competir e incluso mantenerse en pie.
Y como las tarifas son amañadamente dolarizadas, toda devaluación futura con la cual se quiera otorgar mayor competitividad a la economía nacional, provocará una hecatombe de mayores costos del servicio eléctrico. Y previsiblemente, como la mayoría de los “inversores” (especuladores financieros) vinculados hoy al nuevo y creciente “negocio”, son empresas extranjeras, es totalmente previsible que no bien empiecen a generar, dolarizarán inmediatamente los fondos facturados, para girarlos al exterior rápidamente, como lo permite el muy laxo sistema financiero actual.
Un contexto general sumamente preocupante, del cual aun pocos se han percatado.
En 2001 se pretendió instalar la idea de la “necesidad” de canjear deuda externa por territorios. Hoy Macri dice “no entender de soberanía”, Michetti dice que “es bueno endeudarse” (la deuda condiciona la soberanía), y Sturzenegger dijo conceptualmente en una reunión de “empresarios” afines, respecto al pueblo “se van a olvidar de la soberanía”. Mientras, algunos que se dicen “muy patriotas” siguen apoyando al neoliberalismo macrista, evidenciando ignorar todo esto por completo, y siguen “persiguiendo zurditos” como en los años ’70, demostrando una profunda confusión conceptual.
1 – “proceso” = nombre abreviado del “proceso de reorganización nacional”, gobierno dictatorial oligárquico cívico militar, que gobernó Argentina entre 1976 y 1983, instalando por primera vez el sistema económico conocido como “neoliberalismo salvaje”.
2 – UE = Unión Europea.
3 – Lebacs = Títulos públicos con tasas muy altas y corto plazo, emitidos por el Banco Central de la República Argentina.
MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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