KEYNES DESMIENTE GRUESAS FALSEDADES DE LIBERTARIOS
A un siglo o poco menos de los debates que provocaron las notables ideas de Keynes, la contundencia de sus resultados -esenciales para la rápida recuperación socio económica de EEUU y del mundo-, y la solidez de sus fundamentaciones, no exentas de algunas pinceladas de ironías, siguen siendo esenciales para desmitificar las falsedades del muy nocivo liberalismo económico, perimida doctrina de la cual derivaron el nefasto neoliberalismo y el pastiche pseudo doctrinal libertario, que no es más que neoliberalismo recargado.
Lamentablemente, nunca faltan personajes que operan a favor de los elitistas intereses concentrados, frecuentemente al servicio de impresentables factores de poder extranjeros, los que se benefician impunemente, a costa de la miseria generalizada provocada por el liberalismo económico y doctrinas afines o derivadas, como el neoliberalismo, el libertarismo y similares.
Tal evidenciaría ser el caso de individuos que, pese a los desastrosos resultados anteriores, volvieron a ser investidos de poder, para implementar medidas probadamente negativas, como las desastrosas acciones económicas en perpetración.
La maraña de falsedades y distorsiones interpretativas de la realidad económica, muestra contradicciones groseras en los propios mensajes libertarios, sean propalados por el locuaz y fácilmente irritable presidente, o sus colaboradores y voceros.
Así pasó de decir, entre otras afirmaciones rotundas y contradictorias entre si, que “en 30 años seremos como Alemania”, a afirmar después que “los resultados del actual plan económico se verán en 100 años”. ¡Ambas dichas desde el “universo ficticio” en el que evidencia morar el muy locuaz presidente, tan afecto a viajes no oficiales con fondos estatales, como nada predispuesto a corregir el desastroso rumbo socio económico nacional, que su “realidad virtual” nunca parece dejarle ver!
Eso de pretextar supuestas “soluciones” en el muy largo plazo, nunca constatables, ya lo hicieron en las primeras décadas del siglo XX los voceros del liberalismo, queriendo con eso refutar a Keynes; quien con ironía evidente les contestó “en el largo plazo estaremos todos muertos”…o sea, nadie de los debatientes contra Keynes estuvo vivo para rebatir las gruesas falsedades de los personeros del doctrinario y falaz liberalismo económico.
La crisis económica mundial eclosionó a fines de 1929, con detonante en el centro del poder financiero de EEUU, y rápidamente afectó a la economía global, verificándose abruptamente que la doctrina económica liberal, imperante desde fines del siglo XVIII, carecía (y sigue careciendo) en absoluto, de las mínimas capacidades para enfrentar y solucionar un cuadro de crisis generalizada de niveles dantescos, que sumía en la pobreza, la desocupación y la desesperanza absoluta, a millones de personas, extendiendo rápidamente la miseria generalizada.
Conceptos sin sustento técnico ni histórico alguno, que eran supuestas “indiscutibles leyes económicas”, mostraron su la inoperancia total, típicas de mentiras burdas que quedaron en descubierto; entre otras la falacia según la cual “la mano invisible de los mercados todo lo soluciona”, y la vinculada falsedad que afirma la supuesta “eficiencia privada”, opuesta a la también supuesta “ineficiencia estatal”.
Lo concreto fue que, a los economistas de la ortodoxia liberal, “se les quemaron los libros”, demostrando ser totalmente impotentes no solo para superar con las escasas o nulas herramientas del liberalismo, la crisis socio económica general, a escala planetaria, sino también para evitar el agravamiento y creciente extensión de esa descomunal crisis.
Ante la terca posición de los economistas liberales, que como única solución recomendaban “esperar el tiempo necesario” (¿cuánto?), “ `para que los mercados lo solucionen todo’ ”; lo cual implicaba que esa espera sin límites definidos llevaba al largo plazo; a lo que Keynes ironizó con contundencia, diciendo que “en el largo plazo todos estaremos muertos”.
Pero Keynes fue mucho más allá, pues afirmó la necesidad de la intervención directa del Estado, para aportar soluciones urgentes (como paliar el hambre y la falta de techo para la empobrecida gente), a la vez que instó a inyectar dinero en la economía nacional, mediante las obras públicas y los apoyos concretos a todas las actividades productivas.
Y las concretas medidas propuestas por Keynes, fueron asumidas e implementadas con decisión por el presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt, en un sólido conjunto de grandes iniciativas, conocidas como el New Deal, o sea el “nuevo contrato” del Estado.
El Estado asumió un enorme conjunto de grandes obras públicas, las que demandaron mucha mano de obra y grandes cantidades de insumos y maquinarias, lo que incentivó las respectivas producciones nacionales; y a la vez, se implementaron las medidas de ayudas sociales (el hambre, la falta de techo y abrigo, y las enfermedades, no admiten demoras); con todo lo cual, en un plazo relativamente corto, se activó la economía, saliendo de la depresión. ¡Todo lo contrario, a la consabidas y vetustas “recetas” del liberalismo dieciochesco, absurdamente mantenido cuan supuestas “leyes económicas indiscutibles”!
Y pensar que hoy, casi un siglo después, en Argentina, los economistas ortodoxos continúan adhiriendo y recomendando las mismas “recetas” economicidas (asesinas de la economía nacional).
Esos hechos concretos y contundentes, no solo pusieron en evidencia las groseras falsedades en las que se sostiene el liberalismo económico, sino que fueron concretamente las piedras angulares en las que se sostuvo la recuperación económica mundial, con la que se superó la muy grave crisis económica que eclosionó en 1929/30 .
Y básicamente fueron los basamentos del Plan Marshall, con el cual EEUU logró la rápida recuperación de las maltrechas economías de los ex beligerantes de la Segunda Guerra Mundial, que pasaron a ser el bloque “occidental”, que se enfrentaría al bloque comunista durante la prolongada “Guerra Fría” (1947-1991).
Tanto el New Deal como el Plan Marshall, fueron claramente exitosos; y en los hechos, por más que prediquen liberalismo extremo, todas las potencias económicamente exitosas, aplicaron y mantienen claras políticas proteccionistas y con fuertes intervenciones estatales; exactamente lo opuesto al nocivo y desastroso accionar socio económico libertario.
La diferencia básica es que todos los países y bloques económicos que priorizan el desarrollo, son claramente proteccionistas con fuertes Estados Nacionales; mientras que en Argentina, el plan libertario evidencia tener dos niveles de objetivos: de mínima, involucionarnos al “país estancia”, remedo de nación oficiando de enclave neocolonial, como éramos en el entorno del 1900; pero de máxima, claramente, buscan la disolución nacional.
La mayor parte de las dirigencias políticas, gremiales, empresarias, y sectores intelectuales, parecen no haber tomado conciencia de la extrema gravedad de nuestra realidad.
Para completar el preocupante cuadro de situación, la mayor parte de los uniformados evidencia adolecer de gruesas confusiones doctrinales, operando como deplorables patrioteros de bandera, practicantes de un pseudo patriotismo hueco, que sigue viendo supuestos “zurdos” hasta en la sopa, y centran sus irracionales odios o “prevenciones” contra el peronismo y todo lo Nacional y Popular; mientras no ven los daños intencionales en perpetración por parte de todo el arco antinacional.
Como se atribuye al gran patriota Scalabrini Ortiz, cabe decir: “me duele la Patria”.
Como dijera el gran prócer Manuel Belgrano: “Ay, Patria mía”.
MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Analista de Temas Económicos y Geopolíticos
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