domingo, 26 de abril de 2026

         UN PAR DE CASOS TESTIGOS DEL INDUSTRICIDIO                                     PREMEDITADO Y ALEVOSO
    Dentro del amplio abanico de empresas cerradas, como consecuencia del industricidio premeditado y alevoso (perpetrado por libertarios y neoliberales), apoyados internamente por entes empresariales de claras complicidades para con el destructivo accionar industricida (como la SRA y la UIA), se destacan por sus lamentables cierres totales, dos empresas muy conocidas, del que fuera importante Sector Industrial Automotriz y de Autopartes de Argentina, Ceses totales que son lamentables y muy concretos casos de destrucción económica, que con toda aviesa intencionalidad, se abate sobre la Economía Argentina.
    Este análisis consideró esos casos testigos, por la enorme importancia económica y estratégica que significa poseer una sólida industria automotriz, la cual posee relevante efecto multiplicador, y alcanzó a ser muy importante fuente laboral de buenos niveles remunerativos para muchos compatriotas.
    Aquella Argentina falsamente considerada “potencia mundial” de los años del Centenario (alrededor de 1910), era en realidad una economía totalmente subdesarrollada, sin industrias, crónicamente endeudada básicamente con el Reino Unido, con una minoría hiper rica y con las grandes mayorías populares libradas a la miseria y el abandono total, con los principales sectores de su primarizada economía, manejados por empresas y entes extranjeros.
    Esa pobre y subyugada realidad, no cambió mucho en las cuatro décadas transcurridas hasta que estalló la Segunda Guerra Mundial. Acá estábamos en los últimos estertores de la muy nefasta década infame (1930-1943), cargada de acciones de gobierno y negociados alevosos e impresentables (cualquier parecido con la actualidad no parece casual); y seguíamos siendo carecientes crónicos de la muy necesaria y estratégica estructura industrial y tecnológica, mientras que todo el mundo desarrollado y buena parte del subdesarrollado, se involucraba en un conflicto atroz.
    Previsiblemente para mentes de estadistas, pero imprevisible para oligarcas carecientes de visión propia nacional, siempre subordinados al Reino Unido (hoy a EEUU y sus “socios”), la entrada al conflicto de EEUU en 1941, provocó que la prioridad de sus producciones, estuviera asignada a las demandas y urgencias bélicas. Ya desde un par de años antes, otras potencias industriales (Reino Unido, Alemania, Francia, y alguno que otro país europeo) dejaron de proveernos de diversos bienes manufacturados, por estar involucrados en el conflicto, y necesitar de todas sus producciones para asignarlas a las necesidades de la defensa.
    Entre todos esos insumos importados, imprescindibles pero que no los producíamos, estaban los neumáticos.
Si bien el parque automotriz en uso en Argentina, era muy reducido comparando con el actual, las necesidades de recambio de neumáticos podían considerarse no tan significativas, pero el tema pasó a ser muy grave en el sector de vehículos de carga, de usos intensivos y por ello muy necesitado de reposiciones. ¡Y pronto se agotaron las existencias, sin existir proveedores externos alternativos a los tradicionales!
    En las grandes ciudades, en particular en Buenos Aires y Gran Buenos Aires, la gente seguía necesitando desplazarse, y los pequeños colectivos urbanos eran imprescindibles, no pudiendo reemplazarse por los tranvías, trolebuses y subterráneos. ¡Y hubo que improvisar! Los colectivos, de no más de 15 asientos, por entonces casi todos “made in USA” con carrocerías nacionales, debieron circular como sea…¡en llantas! Para no romper tan rápido las llantas metálicas, circulaban sobre las vías de tranvías. Hay fotos de eso…
    La solución era producir acá, los necesarios neumáticos, tanto para vehículos livianos como para los de carga y las maquinarias varias (tractores y otras).
    Entonces, “desobedeciendo” los supuestos mandatos del “libre cambio”, del “Estado ausente” y otras aberraciones entronizadas como supuestas “verdades indiscutibles” y “leyes económicas”, impuestas por el entramado cultural liberal al servicio de la dependencia total, en 1940 se creó FATE (Fábrica Argentina de Telas Engomadas”, empresa que creció pasando a ser referencia muy importante en la producción local de neumáticos.
    Como tantas otras empresas, FATE creció y se fortaleció en el marco proteccionista y promotor de industrias, del gobierno peronista (1946-1955), el cual también había comenzado la producción nacional de automotores, con lo que se amplió el parque automotor, y con ello, los potenciales compradores de autopartes, entre ellas neumáticos.
    FATE superó el gobierno ultra liberal de “la fusiladora” (1955-1958), y de los gobiernos de “democracia proscriptiva” y otros dos golpes de Estado, hasta el tercer gobierno de Perón, en 1973, en el cual las políticas de fomento industrial crearon el marco propicio para crecer e incluso exportar. Antes, hubo períodos de industrialización, durante el breve desarrollismo de Frondizi (1958-1962), y en la Revolución Argentina (1966-1973), en la misma con la impronta nacional e industrialista del economista Aldo Ferrer.
    FATE tuvo un notable período de diversificación tecnológica, cuando creó la División Electrónica en 1969, en la cual produjo calculadores de diseño y tecnología propia, de la marca Cifra, y posteriormente fabricó computadoras, compitiendo exitosamente en el mercado interno, en el cual también producía la empresa de capital italiano Olivetti.
    FATE División Electrónica no pudo sobrevivir a la avalancha importadora, con la cual el personero de la SRA Martínez De Hoz, con el soporte de las bayonetas de Videla y el siniestro “proceso”, comenzó el industricidio neoliberal, el mismo que hoy, en forma brutal, aplica el gobierno libertario. Cerró en 1982.
    Con distinto nombre social, FATE fundó ALUAR, productora de aluminio, la cual hasta hoy perdura.
Al igual que todo el sector industrial, FATE vio crecer su mercado consumidor, con el notable desarrollo industrial del período 2003 – 2015, en el cual se alcanzó el récord de producción automotriz, cercano al millón de unidades por año.
    Lamentablemente, ese ícono de la industria argentina, sucumbió en 2026. Razonando con Sentido Nacional, esperemos que pueda resurgir de las cenizas, o ser suplantada por otra empresa similar, de capitales nacionales.
    Mercedes Benz es el otro caso analizado, cuyo cierre es igualmente doloroso y negativo para la Economía Argentina.
    La primera inversión en el extranjero, fue concretada poco antes de 1955 por Mercedes Benz en Argentina (su nombre internacional era Daimler Benz A.G. siendo su marca icónica más conocida), siendo creada en el marco de la fuerte promoción industrial general, y en particular, a los impulsos dados para crear la industria automotriz argentina, en la primera mitad de los años ’50, en el segundo mandato presidencial de Perón.
    La empresa germana ensambló en Argentina, los icónicos MB 170, pequeños y muy robustos autos, de diseño de preguerra, con motor Diesel, que rápidamente se convirtieron en el tipo de taxi preponderante en Argentina, particularmente en Buenos Aires, a lo que se agregó en menores cantidades, el MB 180, de diseño más actualizado y tamaño mediano.
    Llenaron una sentida necesidad, pues el parque automotor era muy viejo; pero Argentina necesitaba imperiosamente incorporar camiones y chasis para colectivos, pues los en uso eran ya muy anticuados y escasos en número.
    En 1955 estaba en marcha el proyecto para producir -no solo “ensamblar”-, camiones y chasis para ómnibus, en Argentina, la que iba a ser también la primera inversión para producir vehículos de carga en el extranjero, por parte de Mercedes Benz.
    Pero…”pasaron cosas”, frase acuñada después por cierto político de claro perfil cipayesco, por no decir considerado de mafioso accionar.
    Cuando las maquinarias para montar la planta productora de camiones de Mercedes Benz Argentina, estaban a bordo con destino a nuestro país, estalló la muy sangrienta e infame ”revolución fusiladora”, la cual se dedicó con ahínco digno de mejor causa, a destruir todo lo concretado por el peronismo; y abundaron las “operaciones” de denigración de la empresa germana, y su supuesta filiación peronista. En pleno viaje, las maquinarias fueron desviadas a Brasil, donde fueron recibidas con los brazos abiertos…Al año o poco más, estábamos importando camiones y ómnibus de Brasil…¡que iban a ser de industria Argentina! La oligarquía vacuna, seguramente muy contenta, y los milicos gorilas, exultantes por haber abortado otra iniciativa del peronismo.
    En el contexto de fuertes impulsos para desarrollar la industria automotriz, del gobierno de Frondizi, Mercedes Benz se radicó en González Catán (Buenos Aires), comenzando a producir en 1959 el camión L312 y su versión de chasis para ómnibus, vehículos que gozaron de gran aceptación.
    Se radicaron cuatro empresas para producir camiones y chasis livianos y medianos. En particular, en el mercado de chasis para colectivos urbanos y de media distancia, la preponderancia de marca germana fue notable, abasteciéndolo en el orden del 90 %.
    En el marco de la “Revolución Argentina” (1966 – 1973), el único período militar de la segunda mitad del siglo, que no fue crudamente liberal (léase antinacional), se planificó y puso en marcha el Plan Europa, para reequipamiento de las FFAA, con apoyatura tecnológica europea y énfasis en la producción nacional.
    En ese contexto, se procedió a reemplazar los ya muy viejos vehículos “guerreros” comprados a EEUU como rezagos de guerra, produciéndose acá vehículos de uso militar tipo todo terreno, y la mayor parte de esas producciones salieron de la planta de González Catán, en particular camiones livianos Unimog, y medianos MB 1113. Esos robustos vehículos, fueron producidos por centenares (los vi en la visita que hice a esa fábrica, en 1974), y transcurridas más de cinco décadas, continúan prestando servicios en las unidades militares.
    También se llegó a producir una pequeña camioneta, derivada del auto MB 220, que debía preceder a la fabricación local de ese prestigioso modelo, lo que no se concretó.
    Con acentuados altibajos, según gobernaran neoliberales (anti industriales) o períodos de orientación nacional (industrialistas), se llegaron a producir camiones semi pesados y pesados, además de un versátil furgón liviano.
    En 2026, como otra víctima de la motosierra destructiva y fuertemente industricida, Mercedes Benz Argentina dejó de producir en nuestro país.
    Esperemos que esta destructiva acción industricida, sea prontamente anulada y revertida, para que volvamos a encauzarnos en la positiva y muy necesaria senda del desarrollo socio económico, anulando las claras intenciones de sectores retrógrados y apátridas, los que, de mínima, buscan recrear aquel entorno semi feudal que operaba como subordinado dócil a los mandatos extranjeros, que éramos en las épocas del Centenario; pero de máxima, claramente, buscan la disolución nacional.
                        MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
                Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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