viernes, 2 de enero de 2026

 URGE NACIONALIZAR LAS FUERZAS ARMADAS Primera Parte.
FUERZAS DE DEFENSA O TROPAS DE OCUPACIÓN AL SERVICIO DE LA ANTIPATRIA –
    Desde lo albores de la Patria Argentina, al Centenario.
Nacido con la Patria, como una imperiosa e impostergable necesidad para la defensa, el Ejército Argentino tuvo el antecedente de 1806, con el Regimiento de Patricios creado luego de derrotada la primera invasión inglesa; pero formalmente fue creado el 29 de mayo de 1810.
    Poco después se gestó la Armada, nacida también de la necesidad de defender los ríos navegables, las extensas costas marítimas, y el enorme Mar Argentino. La Fuerza Aérea se creó en el siglo XX, primero como parte del Ejército, pasando después a tener entidad propia.
    Por su parte, tres Fuerzas de Seguridad pueden considerarse -valga el concepto- como extensiones de la respectiva Arma a la cual se asemejan por sus funciones y características. Gendarmería (GN), Prefectura (PNM) y Policía Aeronáutica (PSA), respecto al Ejército, la Armada, y la Fuerza Aérea.
    Por su mayor cobertura geográfica, por el número de efectivos, y por su trayectoria histórica, es el Ejército el arma con mayor peso institucional, lo cual se prueba, entre otros hechos, por ser siempre un alto oficial de esa arma, quien condujo a nuestro país, en los sucesivos y recurrentes gobiernos pretorianos, que tomaron por asalto el poder formal.
    A excepción del golpe de Estado de 1943 (claramente nacionalista), y en cierto modo el de 1966, que tuvo acciones de corte Nacional, pero también componentes liberales (o sea apátridas); todos los otros gobiernos pretorianos tuvieron perfiles liberales, ultra conservadores, y anti industriales (acorde a “los mandatos” de la muy reaccionaria oligarquía campera, de la influyente Sociedad Rural y otros entes similares); y en Política Exterior, fungieron como “alineados” con la Potencia Mundial anglosajona “de turno”, hasta fines de la década del ’30 el Reino Unido, después EEUU.
    Las excepciones a esos “alineamientos explícitos y automáticos”, fueron el radicalismo yrigoyenista, el desarrollismo frondizista, y principalmente, los gobiernos de orientación peronista, que crearon e implementaron la Doctrina de la Tercera Posición, la cual fue referente a nivel mundial.
    Entre otros líderes y/o referentes mundiales en Geopolítica, De Gaulle, Tito y otros mandatarios relevantes, adhirieron al concepto de la Tercera Posición; y Alexandr Duguin la menciona para fundamentar su Cuarta Teoría Geopolítica, base ideológica del renacimiento de Rusia y su implementación del exitoso Capitalismo de Estado; lo cual evitó la nada inocente disolución de la gigantesca nación eslava, que fogoneaban los Centros de Poder de “Occidente”.
En los dos siglos largos de vida de Argentina, el Ejército tuvo institucionalmente diversos cambios, muchos de ellos por la fuerza de los hechos y las circunstancias, lo que en el complejo devenir del siglo XIX de nuestra patria es muy complejo detallar en una breve síntesis.
    La rigurosidad y orden sanmartinianos, se complementó con el accionar nada convencional pero muy efectivo de las montoneras al mando de Güemes, el mismo que comandó el abordaje por tropas de caballería de un buque británico encallado en la costa de Buenos Aires.
    Después, en el marco de las luchas de las montoneras, en el actual NOA argentino, Güemes pasaría a ser el único General argentino, herido en combate y después muerto a consecuencia de la herida recibida.
    Tampoco cabe olvidar al patriota Belgrano, abogado e improvisado General, quien enfrentó con decisión a las fuerzas realistas que se hicieron fuertes en el Alto Perú, pero no pudieron avanzar hacia el sur.
    Hubo muy serias divergencias entre los Federales (con criterio de Patria Grande), y los unitarios portuarios y las proto oligarquías provincianas, atosigadas del ideario liberal (funcional a las potencias imperiales de esas épocas), que como colonizados mentales de doctrinas de Europa, solo aspiraban a ser un “paisito” de escasas dimensiones, y buscaron subordinarnos a otra corona europea, despreciando a las provincias y defendiendo mezquinos intereses de los comerciantes porteños y ciertos sectores “ilustrados” (prototípicos antecesores de los “intelectuales” subordinados gustosos de potencias extranjeras); enfrentados a los federales, quienes con criterio de grandeza nacional no exenta de conflictos, se opusieron a las mediocridades de confusos intelectuales carentes de raíces nacionales, y de viles traidores que se subordinaron a intereses imperiales.
    Rivadavia y sus seguidores doctrinarios, persiguieron y obligaron al exilio a San Martín, además de disolver el libertador Regimiento de Granaderos a Caballo, y entre otras muchas infamias, usaron vilmente al “Espada Sin Cabeza” Lavalle (marioneta de apátridas unitarios y de agresores franco – británicos), para fusilar al patriota Dorrego.
    Esos mismos unitarios, con Mitre como referencia, nos usaron para la fratricida guerra genocida contra Paraguay, fogoneada por los imperios de Brasil y del Reino Unido.
    Internamente, los mitristas perpetraron una guerra de exterminio contra los caudillos federales, genocidio brutal alentado entre otros por el falso “gran educador” Sarmiento. Para esas infames tareas, los unitarios usaron como oficiales de las tropas argentinas a los uruguayos Sandes, Irrazábal y Paunero, violentos y brutales, para exterminar a los patriotas federales, implantando el terror como método de sometimiento.
    Entre muchos otros asesinatos alevosos, mataron al ya anciano Chacho Peñaloza, para luego exhibir por varios días su cabeza puesta en una pica como grotesca vengativa acción.
    Con ello, el ejército tempranamente fue cooptado y usado por los unitarios, para imponer por la fuerza la doctrina económica liberal, la cual es herramienta de sometimiento político, económico y cultural, al servicio de las mega potencias extranjeras.
    Cabe decir que el medio siglo largo, desde Caseros (1852) al Yrigoyenismo (1916), el poder político centrado en Buenos Aires tuvo muchas infamias, como la del presidente Quintana, quien siendo senador y asesor del Banco británico había avalado la prepotencia británica que amenazó bombardear Rosario por parte de una cañonera, para avalar el accionar prepotente del accionar imperial británico.
    Párrafo aparte merece el múltiple traidor Urquiza, quien, con tropas y financiación extranjeras, traicionó y derrotó a las fuerzas federales de Rosas (quien había vencido los bloqueos navales impuestos por Francia y Gran Bretaña).
    Después Urquiza traicionaría a los caudillos federales, desoyendo sus pedidos de auxilio ante las acciones vengativas del mitrismo; como también traicionó al aliado histórico Paraguay, apoyando la Guerra de la Triple Infamia.
    La más evidente claudicación de Urquiza ante el poder portuario – liberal, se dio en la Batalla de Pavón, en la cual sus tropas estaban venciendo a las del mediocre General Mitre; pero sin motivo concreto alguno (y suponiéndose alguna “sugerencia” que no pudo eludir), ordenó la retirada, transformando una ya segura victoria, en una injustificada derrota por abandono.
    En ese período de aquella mediocre Argentina que creció (aupada a un contexto mundial favorable a las materias primas), pero que casi ni se desarrolló, hubo muy escasos referentes asimilables a un sano nacionalismo. Los más destacados (o los únicos) que implementaron acciones con criterio de Patria soberana, fueron Carlos Pellegrini y Julio Argentino Roca.
    En particular, Roca, en su segunda presidencia, apoyando el notable accionar de Pablo Riccheri, equipó modernizándolas y transformó las Fuerzas Armadas, y cabe afirmar que impuso criterios de profesionalismo militar congruentes con el Pensamiento Nacional, en las antípodas del crudo liberalismo apátrida del mitrismo y sus sucesores.
    Roca tuvo el enorme gesto de volver a crear el regimiento de Granaderos a Caballo, ratificando con ello su postura Nacional.
    Notable fue la afirmación del historiador Jorge Abelardo Ramos, quien expresó que “sin un Roca, no hubiera existido un Perón”. Eso respecto a las ideas Nacionales de las que se impregnaron las FFAA, y el grado de apertura de los Institutos Militares, que permitieron el ingreso a amplios sectores de la población, superando criterios elitistas propios de las oligarquías excluyentes.
    A Roca no solo le debemos ejercer la soberanía en la Patagonia, el Gran Chaco y Misiones, sino la modernización bajo pautas Nacionales, de las FFAA, lo cual no fue poca cosa.
    En mérito a la brevedad, en artículo separado se analizará el período posterior a Roca, hasta la actualidad.

MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

ANALISTA DE TEMAS ECONÓMICOS Y GEOPOLÍTICOS